Fraude divino

lunes, 24 de julio de 2006
México, D F, 24 de julio (apro)- Y ahora que la palabra fraude se ha vuelto a poner de moda en México, el mundo musical ha registrado alguno que otro plagio en la terminología propia del derecho de autor: robar fragmentos o la totalidad de una obra artística ajena, para beneficio propio Quizás el más sonado juicio por plagio de una canción en épocas recientes sucedió cuando Ronald Mack acusó de hurtar parte de la melodía y algunos acordes de "He?s So Fine", jit de Las Chiffons (de Nueva York) en 1963, al exbeatle George Harrison, para la composición "Mi Dulce Señor", contenida en su álbum triple All Things Must Pass, 1970 El ahora finado Harrison perdería tan largo litigio y tuvo que pagar fuerte indemnización a la parte demandante, si bien nunca aceptó haber actuado de mala fe ni cometer fraude premeditado, a diferencia de otros timadores de los que pululan en el arte y, sobre todo, en el arte mágico de esfumar sufragios legítimos En su defensa, Harrison señaló a un periodista, en 1979: "Lo que aconteció con el caso en las cortes fue que el juez dijo que ?Mi Dulce Señor? era similar a ?He?s So Fine?; que yo no era culpable de haber robado la canción, pero que había infringido un delito de derechos de autor Deseaba que el tipo que metió la demanda y yo nos pusiéramos de acuerdo para que el acusador obtuviese algún tipo de compensación Sin embargo, el hombre no quiso llegar a tal arreglo; insistió en llevar el asunto otra vez a la corte "Ahora que él ha muerto y Allen Klein (último manager de Los Beatles) compró los derechos de ?He?s So Fine?, Klein tiene derecho a proseguir con la demanda legal Es como un chiste Tras solucionar jurídicamente todas las desavenencias de Los Beatles, Klein debió sentirse desamparado, sin nadie a quien demandar Así, el juicio continúa Yo incluso intenté regalar ?Mi Dulce Señor? para tratar de arreglar el caso; simplemente darles la pieza Nunca obtuve ganancias por ella mientras he esperado por la sentencia y, para mí, la bondad de la canción ha excedido, por mucho, cualquier perrada que sigan cometiendo los leguleyos del derecho de autor Se trata nada más de una cuestión de avaricia ¡Les obsequio la canción, no me importa?!" Su colega John Lennon jamás le concedió la razón Comentando poco antes de ser asesinado en 1980 que Harrison, como músico, debió suponer que "Mi Dulce Señor" era casi idéntica a "He?s So Fine" y, cruel, Lennon lo tildó de ingenuo, pues "tal vez creyó que Dios lo salvaría de la demanda y del veredicto en contra" Nunca se reconciliaron y ninguno de los otros Beatles abogó por Harrison, quien en aquellos días de 1979 reveló: "Me inspiré para escribir ?Mi Dulce Señor? en la versión de Los Cantantes de Edwin Hawkins a ?Oh Happy Day??" Oh, día feliz, día afortunado Cuando Jesús limpió mis pecados? "Lo pensé dos veces antes de sacar ?Mi Dulce Señor?, pues me estaba comprometiendo públicamente con lo divino y mucha gente se iba a molestar debido a que le tienen miedo a las palabras ?Dios? y ?Señor? Por algún extraño motivo le produce ira a cierta gente El rollo era que tendría que justificar mi actitud, pero al mismo tiempo yo pensaba: ?nadie dice estas palabras, ojalá alguien las pronunciara?? Ya sabemos, todos cantan Be-Bop-Baby?, cosas que sirven para bailar No obstante, me vi cándido y pensaba poder expresar nuestros sentimientos a los demás, sin reprimirlos ni disfrazarlos ¿Por qué iba a engañarme a mí mismo? Llegué a creer que si sentías algo lo suficientemente fuerte uno debe de manifestarlo "De manera conciente, no me di cuenta del parecido entre ?Mi Dulce Señor? y ?He?s So Fine? cuando escribí la canción Era una onda improvisada y no tan fija, aunque una vez que mi versión comenzó a difundirse bastante por radio, la gente empezó a comentar eso, y hasta entonces pensé: ?¿por qué no caí yo en la cuenta?? ¡Tan fácil que hubiera sido cambiar una cosa aquí o allá, sin traicionar el espíritu del disco!" Y ciertamente aquella grabación de "Mi Dulce Señor" resultó un exitazo disquero, producido magistralmente por Harrison: "En la industria fonográfica se dan ?buenas canciones? y ?buenos discos? Creo que el sonido total del mío resultó igual de importante que la letra o la melodía Me refiero en verdad a la atmósfera Quise mostrar que ?Aleluya? y ?Hare Krishna? son exactamente lo mismo Hice las voces cantando primero ?Aleluya? y luego cambié a ?Hare Krishna?, para que la gente se hallara entonando el rezo ?Maha Mantra? largo rato, ¡sin darse cuenta de qué estaba ocurriendo! Ya llevaba mucho tiempo cantando ?Hare Krishna? y ésta canción fue una idea simple de cómo lograr un por occidental equivalente al ?Mantra?, el cual repasa una y otra vez nombres benditos" Sin alimentar remordimientos, se sostuvo: "No me siento culpable o mal por ello De hecho, mi canción salvó la vida de muchos adictos a la heroína Yo sé que el motivo subyacente, de fondo, para escribir la canción, así como sus consecuencias superan, por mucho, cualquier persecución legal" Harrison compuso otra pieza en 1976 bajo el sencillo título de "Esta canción", en el álbum 33 & 1/3, como parodia: Esta canción no trae triquiñuela alguna; no es blanca ni negra y se dice, no infringe ningún derecho de autor? Esta tonada no trae ninguna melodía brillante y como me salió, mi experiencia dicta que está bien? Esta figura melódica no pretende ganar medallas de oro, siendo ni ondera ni fresa, rara o bien hecha, podría terminar como un peso que yo cargue? La dejaremos vivir, está en mi, porque esta canción sería muy buena excusa para probar que sin ti, no existiría ningún motivo para? ¡esta canción! La compuso después de acudir a los tribunales neoyorquinos por el asunto "He?s So Fine" vs "Mi Dulce Señor", afirmó Harrison: "Fue producto de una pesadilla que duró una semana en la corte de justicia, trabándose la discusión en las dos primeras partes de mi pieza Las denominaron ?motivo A? y ?B?" El motivo "A" cubría las tres notas iniciales del canto "Mi Dulce Señor" y el "B", la parte que sigue, cuando entra la batería con el coro del cantante en: "Yo realmente quiero verte, yo realmente quiero verte, Señor?" "Esa era, en efecto, la cuestión central del delito de derecho de autor, ya que la repetición de ambos motivos no sería permitida consecuentemente, evitando futuros quebrantos de la ley En el estrado se desplegaron tremendos pizarrones con las tres notas gigantes del ?A? y las cuatro o cinco del ?B? Los juristas se la pasaron tres días discutiendo acerca de eso, al grado que llegué a creer que tal vez esas notas eran propiedad de los mismos abogados" Fue así que Harrison compuso "Esta canción", por un lado, "como un alivio al estilo de comedia ligera" y, también, "como manera para exorcizar" la paranoia que lo invadió "cuando quería escribir otra nueva canción", en el pensamiento de "por qué los tribunales no están retacados de juicios parecidos; el 90% de la música popular es reminiscencia de alguna u otra cosa" El rock?n?roll es un género de tres secuencias con tonos donde no hay demasiadas variaciones de la melodía, por lo que es fácil encontrar parecidos Vienen a la memoria dos ejemplos, jamás llevados legalmente, pero los plantamos aquí a nuestro lector para que dictamine su propio veredicto en cuanto, a si existe o no plagio musical Servirá para el primero conseguir varios discos Adquiera el de la tradicional melodía "Cuando los santos se marchan" en interpretación, digamos, del trompetista Louis Armstrong, Satchmo, así como uno de los más viejitos de Los Beatles, con Paul McCartney cantando "La vi allá" Oiga usted varias veces el empiezo, compare las melodías iniciales de ambas composiciones y decida si la tonada de los primeros compases suena similar Ahora, compre "Al compás del reloj" con Bill Halley y sus Cometas, y el de "Chiquitibum 2006", con las Chick Pack Contrástelos y hallará usted también cierta identidad melódica en ambas piezas "Al compás del reloj", luego de la introducción, cuando Bill Halley hace varias paradas y arranca el rocanrol en pleno, esas tres notas repetidas de su voz corresponden justo al coro "México, México", de la tonada cumbanchera "Chiquitibum 2006" No se trata de fraudes gigantescos deliberados en fragrante robo musical, sino de un pecadillo venial o lo que en la jerga legalista del derecho de autor corresponde a un "plagio inconsciente", un accidente artístico y evocación musical involuntaria Tal vez, una triquiñuela más de las musas sonoras y etéreas, de esas que suelen jugar a la inspiración de los compositores en el momento alucinado de su génesis creadora

Comentarios