La tregua

lunes, 3 de julio de 2006
México, D F, 3 de julio (apro)- Una puesta en escena no realista, con acciones que ocurren en el ámbito de la memoria, del tiempo suspendido y reactivado en algún momento de la existencia, es la propuesta estética de Germán Castillo para su versión de La tregua, obra basada en la novela homónima de Mario Benedetti Con los elementos esenciales del teatro: texto, luz y actuación, sin mayores parafernalias, el director nos cuenta la historia de Martín Santomé, un hombre de 50 años de edad con una vida común, quien establece una relación amorosa asimétrica en edades con una chica de 24 años, Laura Avellaneda Santomé, oficinista montevideano, viudo y con tres hijos, inicia una breve pero dichosa etapa de su vida, ya que Laura entrega su cariño a este hombre temeroso y escrupuloso que ya no espera nada de su paso por el mundo, y que, sin embargo, es capaz de arraigar sentimientos de amor profundos La intención de Germán Castillo es indagar sobre la materialidad de los recuerdos y los mecanismos de la memoria "El enorme acervo de la memoria a veces emerge a nuestra voluntad y otras en forma independiente por razones que desconocemos Por ahí andan mis preocupaciones en este montaje, en qué espacio se encuentra uno con sus recuerdos "Somos nuestra memoria, misma que trasformamos por razones de conveniencia, como un mecanismo de mejoramiento de la autoestima, para soportarnos a nosotros mismos Lo que me interesa de esto que es algo tan esencial para la vida humana, es la posibilidad de acumular la experiencia pasada en la memoria, la posibilidad de matizar estos recuerdos y cómo nos relacionamos con ellos", comenta el director Pero más allá de estos intereses "experimentales" de Germán Castillo, lo que prevalece en la escena es la intrínseca fuerza expresiva y emotiva del texto original de Benedetti, una historia de amor, cuyos valores, referentes, aspiraciones y frustraciones, manifestados a través de estos personajes, pudieran parecer anacrónicos, pero que guardan una ternura y sencillez que trascienden el tiempo Es, a fin de cuentas, la historia de un hombre y una mujer que, aun cuando se encuentran inmersos en los prejuicios de su época, buscan en el fondo la experiencia fundamental de compartir instantes de su vida con "el otro", en una tregua que se traduce quizá en los momentos más felices de sus existencias La novela de Mario Benedetti ha sido traducida a idiomas como el checo, alemán y francés En México fue adaptada para la radio por Carmen Limón, al igual que en Cuba Ha sido llevada al cine en dos ocasiones, en la versión argentina de Renán de la Torre y, en México, por Alfonso Rosas Priego, además de varias versiones teatrales, entre las más reconocidas, la de la compañía El Galpón La versión de Castillo se sustenta fundamentalmente en el desempeño de los actores, Felio Eliel y Georgina Rábago, quienes realizan un trabajo, en el que, en opinión del director, "se pueden divertir los jóvenes y tal vez sufrir los viejos cursis que se toman el tiempo ido como algo muy grave" Las funciones se realizan lunes y martes en el Teatro Orientación

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