Una historia del combate al sida

miércoles, 16 de agosto de 2006
* Mujeres que viven con el virus San Pedro Sula, Honduras, 15 de agosto (apro-cimac) - Son mujeres fuertes que dejarán huella en la historia del combate al VIH/sida Se trata de personas que viven con VIH, madres que vieron morir a sus hijas e hijos a causa de ese virus Abuelas que cuidan a sus nietos huérfanos del sida o que ya son positivos Activistas de tiempo completo en la defensa de las personas que viven con el VIH, en el reconocimiento del espacio propio de las mujeres, en la urgencia de la prevención, en la demanda por tratamiento gratuito para todas las personas con el virus y contra la discriminación Rosa, Mirna, Aracelia, Wendy, Rosibel, Dolores y María Rosa, todas tiene una historia propia y un lazo que las une fuertemente En Honduras, la relación hombre mujer en VIH/sida es uno a uno, pero son ellas quienes dan la cara públicamente; las que negocian con el gobierno; las que, en foros internacionales, demandan medicamentos baratos y que la voluntad política plasmada en el papel sea realidad para ellas, sus hijas e hijos y todos aquellos que vivan con el VIH Todas tuvieron la misma vía de transmisión; sus parejas sentimentales Vivieron el desconcierto y el dolor de recibir un diagnóstico que les cambió la vida: ser "seropositivas" Rosa sabe del dolor de perder una bebé de cinco meses a causa del sida y de la lucha que hay que dar todos los días para mantener viva a su hija de 11 años de edad, quien también vive con el virus En medio del dolor Rosa tomó aire para seguir adelante, se reveló a la lástima y, junto con su esposo, creó la Fundación Llaves, que tiene ya una década funcionando en Honduras En el camino, se dio cuenta de que las mujeres que viven con VIH no tienen tiempo para sí mismas, tan ocupadas en atender a los demás que no se ven Por eso, Llaves abrió el espacio para que las mujeres hablen de sus miedos, alegrías, estrategias políticas para avanzar y del derecho a vivir sin violencia Encontró a otras mujeres que, como ella, no quieren compasión Dicen: "No somos víctimas; vivimos con una enfermedad, y punto" Wendy Peralta tiene 23 años de edad A los 16 fue madre y a los 19 le diagnosticaron VIH El padre de su hija, su única pareja, jamás aceptó ser el responsable del contagio Hoy dirige dos grupos de apoyo, uno, en Puerto Cortés, donde 270 personas son tratadas con medicamentos y, otro, de reciente creación, con 70 personas positivas Hoy, Wendy vive otra vez el amor Su pareja seronegativo, la respeta y la admira por dar la cara públicamente, reconocer su carga viral positiva y llamar la atención para la prevención del VIH y los derechos de las mujeres Para Araceli Martínez, presidenta de la Red de Mujeres que viven con VIH, afiliada a la coalición internacional, la historia es similar: con tres hijos y después conocer la noticia de ser "seropositiva", encaró una lucha interna, a su compañero, y llegó a la conclusión de no tolerar la violencia emocional y separarse Confiesa que el hecho de recorrer casa por casa compartiendo su historia, la fortalece y enriquece cada día Ha visto a muchas parejas seropositivas, y asegura que a ellos lo que los mata no es el virus ni la enfermedad, sino la depresión "En cambio, las mujeres sacamos fuerzas y salimos adelante", asegura A Dolores y María Rosa les lástima esa situación "Yo me siento fuerte para trabajar", dice Dolores "Lo que quiero es trabajo para salir adelante y no causar lástima" A sus 47 años María Rosa, huérfana de padre y madre, formada en una casa-hogar de San Pedro Sula, y viuda a causa del sida, compró su casa y graduó a sus tres hijos Hace 8 años le dignosticaron VIH En silencio, por miedo a la discriminación, no compartió con nadie su estado de salud Hace cuatro inició en el grupo de apoyo "Juntos por la vida", Dice: "Cuando vine por primera vez dije no soy la única" Hoy es una activista a favor de los derechos de las personas seropositivas Pero ese es un lado de la historia El otro es de las madres que tuvieron que enterrar a sus hijos a causa del sida, y en las abuelas que crían a sus nietos huérfanos por la enfermedad Un caso es el de Ofelia, ama de casa, para quien había que mantener esta enfermedad lejos del hogar Su hijo mayor, Gerardo Gálvez, fue diagnosticado positivo a los 36 años Por ignorancia, Ofelia dispuso que los cubiertos, los platos y el vaso de Gerardo estuvieran separados del resto de la familia, pendiente todo el tiempo de las visitas de su hija al baño para entrar después de él "para lavarlo con ácido"; algo necesario para evitar el contagio, todo "por ignorancia" Gerardo no aguantó Durante 9 meses se dedicó a beber, después regresó a su hogar y decidió iniciar un grupo "Unión, Poder y Cambio" Le explicó a doña Ofelia lo que es el sida, las formas de contagio y las acciones preventivas "Aprendí mucho con él Todo me sirvió para enfrentar la muerte de mi segundo hijo y mi nuera", señala Doña Ofelia es abuela de tres nietos de su segundo hijo Por el amor que tiene a sus hijos y nietos decidió sumarse al grupo de apoyo "Juntos por la Vida", uno de los más antiguos en San Pedro Sula A sus nietos les había ocultado la enfermedad que ocasionó la muerte a sus padres, pero un día, al dar una entrevista por televisión, su nieto más chico la vio Cuando Ofelia regresó a su casa, ya todos lo sabían El pequeño, quien durante 9 años creyó ser la causa de la muerte de su madre, abrazó a su abuela y le dijo: "Ahora sé que no la maté" Aurora es el otro rostro de las abuelas del sida A sus 75 años, es analfabeta y tiene tres nietos Uno de ellos, de 9 años con VIH, sabe que tiene que salir adelante El sida le ha dado una oportunidad más de comprobar su fortaleza Ha sacado adelante durante cinco años a sus nietos, y exige tratamiento permanente para su nieto y todas las personas que viven con el virus, pero sobre todo, dice, dignidad, porque "lo que más nos daña es el desprecio"

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