El ensayo

lunes, 7 de agosto de 2006
Fidel Castro, el líder de la nación que ha enfrentado la hostilidad de diez gobiernos de Estados Unidos, que se sobrepuso al colapso de la Unión Soviética y del bloque socialista de Europa del Este, que durante décadas sembró de movimientos insurgentes a América Latina, que envió su ejército a África y cuya intervención fue decisiva en la caída del apartheid en ese continente, vive ahora el mayor de sus retos: que la revolución cubana sobreviva a su muerte, expone Proceso en su actual edición De manera lenta, casi imperceptible, fue preparando el camino para una sucesión institucional Su apuesta: que su hermano Raúl Castro, ministro de las Fuerzas Armadas y vicepresidente primero del Consejo de Estado, quede en el poder, pero arropado por un fortalecido Partido Comunista que garantice la "irreversibilidad" del socialismo cubano La "crisis intestinal aguda" que sufrió Fidel y su posterior "complicada intervención quirúrgica", que lo obligó a delegar "con carácter provisional" todos sus cargos a su hermano Raúl, no habían provocado en los primeros días la temida crisis de poder ni estallido social alguno en la isla De hecho, algunos analistas consideraron esta delegación "provisional" de poder como una especie de "ensayo" Y es que, al parecer, las instancias estaban preparadas Pero ?según expertos? el futuro de Cuba es incierto La razón: en un sistema donde las decisiones fundamentales están concentradas en Fidel ?quien en sí mismo encarna la revolución--, su ausencia podría provocar un peligroso vacío de poder, publica Proceso en su número 1553