Mares sin ley de William Langewiesche

lunes, 7 de agosto de 2006
México, D F, 7 de agosto (apro)- Mares sin ley, título del periodista, viajero e investigador norteamericano William Langewiesche, nos recuerda aquel de una célebre novela del escritor británico Graham Green, Caminos sin ley y, aunque su tema sea diverso, ambos poseen en común cualidades de narrativa dramática para atrapar a lectores, cuya pasión sea la historia, contada como una aventura de thriller con tintes siniestros Mientras Greene, reportero de la BBC de Londres, ubicó su relato en el Tabasco durante la persecución religiosa del gobierno del Sagitario rojo Tomás Garrido Canabal, el libro de Langewiesche ofrece un estudio emocionante y detallado de la problemática que impera en los mares del mundo, fruto del oficio periodístico de este autor como enviado especial del Atlantic Monthly para cubrir grandes reportajes en el extranjero Acostumbrados a vivir más o menos ordenadamente en tierra firme, los seres humanos olvidamos a menudo que el planeta está constituido fundamentalmente por agua y nos resultaría difícil aceptar lo ingobernables que se han vuelto los mares Desde la antigüedad, navegar fue una empresa temeraria y peligrosa; no sería sino hasta el siglo XVII, con la publicación de Mare liberum por el jurista Hugo Groccio para la Compañía Holandesa de Indias Orientales, que los holandeses hablaron de la libertad internacional en alta mar intentando justificar el apresamiento de un galeón portugués por piratas de Holanda, hacia 1602, en el Estrecho de Malta Producto de dicha libertad fue la aceptación del "pabellón de conveniencia" por Estados Unidos, durante los inicios de la Segunda Guerra Mundial, idea que permitió a los barcos de aquel país cambiar su bandera de procedencia por la de Panamá para entregar armas a Gran Bretaña, sin que se les acusara de intervenir en el conflicto bélico Por ello, actualmente los más de 40 mil buques mercantes que recorren el mundo navegan con escasas o nulas regulaciones Existen pruebas de que Al-Qaeda estaba interesado en asuntos náuticos mucho antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001, si bien la cuestión más grave no es sólo el terrorismo, sino cómo hay naciones y grupos de empresarios que ambicionan lograr enormes ganancias traficando múltiples productos en riesgosos barcos moribundos, sin bandera definida y con tripulación reclutada, bajo pésimas condiciones de contrato, casi en esclavitud Debido a hundimientos de naves petroleras "fantasma" en la década de los años ochenta del pasado siglo, tal situación anárquica quedó plenamente descubierta y ha ido aumentando En Mares sin ley: Caos y delincuencia en los océanos del mundo (246 págs, Random House Mondadori, colección Arena Abierta, Barcelona, 2006), William Langewiesche recrea varios naufragios recientes en los seis capítulos de su libro (traducido por Carlos Mercadal del original The Outlaw Sea, Nueva York, 2004), muchos de los cuales provocaron daños irreparables a la ecología por derrames petroleros y cuyos responsables fueron absueltos por la Organización Marítima Internacional Por ejemplo, el del ferry Estonia, el 28 de septiembre de 1994; el del buque pirata Alondra Rainbow, en noviembre de 1999, o del mercante Kristal, en el invierno de 2001 Langewieschel dedica su análisis "a los marineros en el mar" y finaliza este volumen con la visita a los "deshuesaderos" de barcos en el distrito hindú de Gujarat, al sur de India, tierra sagrada de Gandhi, donde desde 1983 floreció uno de los negocios más prósperos e inhumanos de Asia He aquí un fragmento del capítulo sexto, "En la playa", de Mares sin ley, sobre los deshuazadores en Alang (selección de textos y presentación, Roberto Ponce; trascripción de Guadalupe Cerrillo) ***** Viajé de Bhavnagar a la playa de Alang, situada 50 kilómetros al sur, por una estrecha carretera atestada de microbuses y camiones que transportaban chatarra, envuelta en el humo de los tubos de escape y llena de baches a causa del intenso tráfico rodado La carretera discurría a modo de arteria industrial por extensas llanuras dedicadas a la agricultura de subsistencia, en las que los campesinos intentaban que creciera algo en una tierra agrietada por la sequía Junto a la carretera se veían de vez en cuando cafés al aire libre, donde los camioneros podían detenerse a comer y beber, y alguna que otra pequeña fábrica donde, en botellas de acero, se concentraba el oxígeno que, mezclado con gas butano, alimentaba posteriormente los sopletes con los que se cortaban las planchas de los navíos Pero, por lo demás, el paisaje por lo que discurría la carretera seguía siendo esencialmente agrícola hasta unos pocos kilómetros antes de llegar a Alang Allí, cerca de una pequeña casa situada en el arcén derecho, había una serie de botes salvavidas dispuestos en fila Los botes marcaban el punto donde daba inicio el mercadillo de efectos náuticos de Alang, donde comerciantes especializados, apostados a lo largo de la carretera, clasificaban con esmero y vendían toda suerte de artículos procedentes de los buques desguazados En los puestos podía encontrarse de todo: generadores, motores, transformadores, utensilios de cocina, camas y otros muebles, alambres y tubos, cables, maromas, flotadores, ropa, fluidos industriales y máquinas de toda laya Los comerciantes vivían allí mismo, entre los artículos que vendían, y los compradores llegaban de todos los rincones de la India El mercadillo se extendía a lo largo de varios kilómetros, hasta la puerta principal por la que se entraba en Alang No obstante, dadas las preocupaciones del capitán Pandey por los extranjeros, para un occidental la mejor ruta de acceso a la playa era un pequeño camino lateral que salía de la carretera asfaltada unos kilómetros antes de llegar a la entrada principal y se adentraba de nuevo en una zona rural Por el camino me crucé con un chico que conducía una manada de vacas, con tres mujeres que llevaban agua y con un agricultor provisto de un turbante que labraba la tierra El calor era asfixiante, y el aire olía a estiércol y polvo Por unos instantes casi me fue posible olvidar que me encontraba cerca del mar, pero entonces el sendero giraba y, al final de un campo, un inmenso carguero se alzaba por encima de unos árboles Tras él, menos visible a causa de la neblina, pude ver otro Los buques parecían surgir de la tierra, como si los campesinos hubieran encontrado el modo de cultivarlos Una vez que llegara a la playa, me proponía llegar hasta la parcela 138 Era un pedazo de terreno lleno de actividad y cercado en su extremo superior por una de las típicas vallas de metal Me abrí paso entre los montones de chatarra y, tras pasar junto al humo levantado por un grupo de trabajadores que cortaban el metal, otro que transportaba una pesada plancha de acero mientras entonaba una canción, una maraña de cables y cadenas y un ruidoso cabrestante diesel, alcancé la orilla, donde un ejército de desharrapados estaba desguazando el casco del Sun Ray, un carguero de construcción japonesa de 142 metros de eslora anteriormente registrado en las Maldivas Allí trabajaban cuatrocientos hombres, divididos en tres grupos diferentes: una élite de cortadores y sus ayudantes, que estaban troceando el buque en grandes piezas de varias toneladas; un equipo de hombres menos experimentados apostados en tierra, que se encargaban de bajar dichas piezas hasta la playa y las reducían a secciones de acero de unos trescientos centímetros, y, finalmente, la masa de porteadores sin cualificación condenados al extremo final de la línea de producción, es decir, a transportar sobre sus hombros todas y cada una de las pesadas planchas de acero del barco hasta la parte superior de la playa y a depositarlas en camiones --monstruos mecánicos pintados como los santuarios hindúes-- que se las llevarían lejos de allí Y eso sólo por lo que se refiere al acero: por doquier había infinidad de productos secundarios a la espera de que se los llevaran (barriles llenos de petróleo y fluidos hidráulicos, así como diferentes objetos destinados al mercadillo emplazado junto a la carretera) Se mirara en la dirección que mirase, a lo largo de toda la costa podían verse barcos desguazados envueltos en la humareda del petróleo ardiendo La primera impresión que se tiene al ver Alang es de completa confusión El lugar sólo empieza a cobrar sentido al cabo de una semana, cuando el impacto visual inicial remite y el proceso de desguazar a mano un barco deviene claro por su sencillez y brutalidad El primer paso de dicho proceso consiste en asentar con mayor firmeza el barco en el terreno Sirviéndose de cabrestantes motorizados y una combinación de gruesas cadenas y cables de acero hechos pasar por agujeros practicados en el caso, los trabajadores arrastran el buque playa arriba, de modo que quede fuera del alcance del mar aun en los momentos de marea alta Los cabrestantes son máquinas diesel, cada una del tamaño de un pequeño bulldozer, sujetas con firmeza al suelo en mitad de la playa La presión que soportan los cables durante esta operación es enorme Crujen y rechinan al tener que arrastrar tanto peso, y a veces se rompen peligrosamente Los trabajadores tienen la orden de mantenerse alejados, pero algunos permanecen sentados fuera de las jaulas de protección confiados en que no resultarán dañados si un cable se rompe Es fácil imaginar que a veces la suerte no les acompaña Una vez izado el barco, los trabajadores suben a bordo valiéndose de escaleras y cuerdas y empiezan a vaciar los tanques de combustible: bombean el petróleo en un buen estado en barriles para su posterior venta y vierten el carburante sobrante, desprovisto de valor comercial, en la arena, donde se le prende fuego Una vez vacíos, de los tanques siguen emanando gases volátiles que amenazan con provocar una explosión hasta que se hayan aireado los tanques, un proceso delicado que normalmente requiere abrir agujeros de ventilación en el caso del buque De esta tarea se encargan lo cortadores más experimentados, ya que se cree que han desarrollado un olfato especialmente sensible a los gases peligrosos Aun así, se producen explosiones y desgracias, aunque menos que antes gracias a la lenta mejora de las técnicas utilizadas En el caso de algunos barcos, los tanques pueden extraerse enteros y depositarse sobre la arena de la playa para su posterior disección Cortar las piezas allí resulta más fácil que hacerlo en el interior del barco, y puesto que los trabajadores seguramente harán mejor el trabajo, es más seguro En cualquier caso, el astillero debe demostrar a los funcionarios de Gujarat que los tanques de combustible se han asegurado y neutralizado antes de recibir la autorización oficial para proceder al desguace Una vez que el peligro de explosión está bajo control, los desguazadores dirigen su atención a la superestructura del navío, las secciones de finas paredes que, por regla general, se elevan cinco o seis niveles por encima de la cubierta principal, en las que, a causa del achique de combustible y los paneles de madera, no debe ignorarse como una ciudad fantasma, llena aún de las huellas de sus antiguos moradores Desparramados por doquier hay viejos libros y revistas en varios idiomas, cartas náuticas de mares lejanos, manuales de la compañía armadora, cuadernos de bitácora de diversos años, recortes de prensa, enseñas nacionales, banderas de señales, listas de las frecuencias de radio, panfletos sindicales, cartas personales, ropa, carteles y, en ocasiones, un valioso surtido de licor, estupefacientes o pornografía Los desguazadores recorren todas las estancias como carroñeros hambrientos para sacar rápidamente del buque los mubles y los utensilios de cocina, arrancar los paneles de madera y las placas aislantes de amianto tras los que se ocultan los valiosos conductos y cañerías, desmontar los instrumentos de navegación y demás aparatos electrónicos y, sobre todo, salvar la campana del navío, un objeto muy apreciado por los templos hindúes Valiéndose de cuerdas, los operarios arrían todos estos tesoros por el costado del buque y otro grupo de hombres los llevan playa arriba Es entonces cuando empieza el desguace en sí Resulta sorprendente que no sea necesario demasiados hombres para manejar los sopletes: trabajando simultáneamente en ambos costados del barco, una docena de cortadores competentes, con el apoyo de un grupo más numeroso de ayudantes, pueden demoler toda la superestructura de un buque en cuestión de dos semanas La gravedad ayuda lo suyo Empezando por los alerones del puente de mando, los operarios cortan la superestructura en grandes secciones La operación constituye todo un arte, porque cada barco es diferente Las decisiones sobre dónde cortar las toman el dueño del astillero y el importantísimo supervisor de a bordo Dentro de la secuencia lógica del desaguace (que, con variaciones, discurre de proa a popa y de arriba abajo) la idea general consiste en cortar las secciones más grandes que los cabrestantes de tierra puedan retirar La altura y geometría de la superestructura son factores cruciales porque afectan al modo en que caen las secciones Si el trabajo se ha hecho bien, al efectuarse el último corte en una sección ésta cae del barco y aterriza sobre la marea produciendo un ruido sordo El equipo apostado en tierra se aproxima hasta ella, la ata a un cable y, mediante el cabrestante, la arrastra playa arriba para cortarla en trozos más pequeños Entretanto, los equipos que trabajan a bordo tal vez han cortado una nueva sección En estos estadios iniciales del proceso de desguace el trabajo puede resultar incluso gratificante: si la superestructura del buque es endeble, los equipos de trabajadores pueden hacer que lluevan las secciones de metal Sin embargo, al llegar al casco, donde el acero es más duro y resulta más difícil de cortar, el ritmo de trabajo disminuye En ese punto debe de producirse un momento de duda, incluso entre los obreros más veteranos, acerca de la osadía que entraña ese trabajo Sirviéndose de poco más que gas butano y la fuerza de sus músculos, tendrán que desguazar un monolito inmenso que se eleva majestuoso sobre el gentío de la arena Concluir el trabajo llevará seis meses o incluso un año Habrá hombres que resulten heridos y puede que algunos sufran accidentes mortales Además, casi todos resultarán intoxicados al inhalar el humo y las sustancias tóxicas, sin duda alguna con consecuencias más serias que en caso de encontrarse expuestos a la contaminación de alguna ciudad india Pero los pobres no pueden permitirse una actitud timorata Los trabajadores empiezan por cortar la proa del buque, abriendo así la cavernosa sección frontal de la bodega al exterior y dejando espacio para que nuevos equipos de operarios se sumen a la tarea de desguace La mitad continúa cortando la sección delantera del navío, moviéndose poco a poco hacia la popa, mientras que la otra mitad se dedica directamente a cortar los mamparos internos hasta llegar a la sala de máquinas, cerca de la popa El motor, inservible por regla general tras años de funcionamiento, normalmente no se salva, y en cualquier caso suele ser demasiado grande y pesado para extraerlo de una sola pieza Los trabajadores abren agujeros de ventilación en ambos costados del barco, desatrancan el motor, lo desconectan de los ejes y lo desguazan allí mismo Las piezas del motor son arrastradas hacia proa mediante pequeños cabrestantes emplazados a bordo a tal propósito Para entender por qué es importante retirar el motor lo más pronto posible, es preciso tener en cuenta que el buque continúa flotando en parte durante todo el proceso de desguace y que, con la marea alta, se eleva un poco, cosa que permite tirar de él playa arriba a medida que disminuye su peso Desde las primeras fases del desguace resulta fundamental la correcta orientación de la nave Si el ángulo en que la quilla flota no se ajusta apropiadamente al de la pendiente del fondo marino, el barco puede desplazarse y quedar incorrectamente alineado Al contrario de lo que cabría suponer, la clave no es mantener la proa elevada, sino impedir que la popa de un buque vacío se mantenga demasiado bajo La popa tiende de manera natural a bajar a causa del peso de la superestructura, el motor y la maquinaria instalaba en esa zona Una vez hincado el proceso de desguace, la correcta orientación de la nave solamente puede mantenerse actuando con prudencia a la hora de quitar peso Cortar la superestructura y extraer la pesada hélice de bronce no compensa del todo la posterior extracción de la sección de proa, cuyo peso, al hallarse esta parte en un punto tan alejado del centro de gravedad del buque, tiene un efecto desproporcionado sobre la orientación Esto explica por qué los trabajadores deben entrar por la proa y desguazar el motor Después, el proceso de desguace discurre de modo tan predecible, de proa a proa, que es posible señalar su conclusión precisamente cuando lo único que queda por cortar es el timón del barco Los trabajadores no lo celebran porque, si están de suerte, hay otro barco ya a la espera de ser desguazado

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