Declive del PRI, ascenso de narcos

domingo, 24 de septiembre de 2006
La pérdida de la hegemonía del PRI en 2000 trajo consigo no sólo el arribo del PAN y la aparición de otros partidos, sino el fortalecimiento del narcotráfico a lo largo del país, sostiene el especialista Luis Astorga en entrevista con Proceso y advierte: Cuando los protagonistas no logran ponerse de acuerdo en lo sustantivo -en este caso en materia de seguridad y gobernabilidad-, entonces sobreviene el caos, la violencia Desatados, sin que ninguna autoridad policiaca o militar los ponga en orden, los cárteles del narcotráfico han sabido adaptarse a la alternancia del poder El propio gobierno del cambio les abrió el camino para negociar con gobernadores, alcaldes, jefes de la policía, regidores y hasta con agentes municipales, para hacer florecer su próspero negocio La nueva reconfiguración de los cárteles empezó en 1989, con el triunfo del panista Ernesto Ruffo en Baja California, y se amplió a partir del 2 de julio de 2000 El narcotráfico supo adaptarse pronto a esa nueva realidad, diseminando sus células por todas partes, como una amplia cadena de eslabones Lo anterior es sostenido por Luis Astorga Almanza, especialista en el fenómeno del narcotráfico y autor de varios libros como Drogas sin fronteras y Geopolítica de las drogas en México, quien explica que mientras la hegemonía del PRI declinaba, en tanto surgían nuevos partidos políticos y la oposición conseguía más gubernaturas, los cárteles comenzaban a multiplicarse y a actuar con mayor flexibilidad y eficacia En entrevista con Proceso, Astorga dice que ante el caos que enfrenta el poder político y los partidos, el narcotráfico alcanza su mayor ebullición Afirma que ese poder está en crisis, y señala que en buena medida eso se debe a la violencia asociada al narcotráfico que padecen varios estados de la República Es en este ambiente donde se han perpetrado las decapitaciones de sicarios de los cárteles del Golfo y de Sinaloa Doctor en sociología del desarrollo por la Sorbona de París, el investigador explica: El 2 de julio (de 2000), el PRI perdió la Presidencia de la República, se cayó el poder hegemónico que le daba soporte al narcotráfico Antes, ese poder absoluto mantenía el control del crimen organizado, a través de sus cuerpos policiacos Los gobernadores del país, sujetos a ese poder presidencial, obedecían las directrices del centro El presidente de la República mandaba La Dirección Federal de Seguridad (DFS), la policía política, otorgaba certidumbre a los hombres del crimen, pero también les marcaba límites Con su desaparición, se perdió el control Se cayó el poder presidencial y surgió la competencia partidista Ahora una mayor cantidad de partidos gobiernan en el país Todos estos cambios que sufrió el mapa político orillaron al narcotráfico a dividirse en células Cada una comenzó a negociar por su cuenta con el grupo de poder regional, tanto en el municipio donde operaba como en su estado Los gobernadores, como ya no tienen que quedar bien con el presidente, hacen lo que quieren en un escenario en el que nadie parece controlarlos -¿Quiere decir que el narcotráfico ya gobierna en muchas regiones del país o cogobierna con el poder central? -se le pregunta -El narco es parte de la estructura de poder, donde el poder político está por encima de los demás, en términos generales Los hombres del narcotráfico están aprendiendo a jugar con la nueva reconfiguración política y, por lo mismo, también buscan la hegemonía en su propio campo Así como hay una lucha política, hay una pugna por el control del negocio de drogas; ya no hay árbitro Antes era el propio Estado el que fungía como tal, a través de sus múltiples mecanismos de control Cuando los protagonistas no logran ponerse de acuerdo en lo sustantivo -en este caso en materia de seguridad y gobernabilidad-, entonces deviene el caos, la violencia El narco necesita un árbitro y lo está buscando, aunque esa búsqueda no es, como lo estamos viendo, de manera pacífica Espiral de violencia Originario de Culiacán, Sinaloa, Luis Astorga asegura que su enfoque está sustentado en los hechos Y para abonar su tesis de cómo la violencia sin freno que enfrenta el país tiene su origen en el desorden político del actual régimen, menciona algunos antecedentes del sexenio de Carlos Salinas, cuyo gobierno, dice, puso fin al poder del capo Miguel Ángel Félix Gallardo, jefe del cártel del Pacífico, encarcelado en 1989 De acuerdo con Astorga, quien es integrante del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Salinas pudo controlar, mediante mecanismos policiacos y políticos, el caos del narcotráfico, desatado tras la caída de Félix Gallardo; además, supo dar paso a la nueva generación de narcos que emergieron con Juan García Ábrego El poder político de Salinas -explica- pareció cobijar a esa organización criminal que, por cierto, sólo tuvo fuerza y vigor en el período 1988-1994 Sin embargo, Astorga matiza: con Salinas, el PAN alcanzó su primera gubernatura, la de Baja California, encabezada por Ernesto Ruffo Uno de sus hermanos, Claudio Ruffo, protagonizó escándalos por sus presuntos nexos con el cártel de Tijuana, de los hermanos Arellano Félix (Proceso 1482) Con Ernesto Zedillo, agrega, la trayectoria de García Ábrego -cuya presunta relación con Raúl Salinas salió a flote al término de la administración salinista-, llegó a su fin, aunque el último presidente priista tuvo que lidiar con otros grupos, como el cártel de Juárez, el de los Arellano Félix, así como múltiples células que, a la postre, adquirieron poder, entre ellos los hermanos Valencia Cornelio y los Amezcua Contreras Tras la derrota del PRI, el 2 de julio de 2000, el narcotráfico de diseminó por todo el país De manera simultánea al desgajamiento del poder central, comenzaron a caer paulatinamente en manos de la oposición otros estados y municipios Este factor, de acuerdo con Astorga, permitió que grupos ligados al narco fortalecieran su poder regional, pues aprovecharon la oportunidad para introducir sus piezas en las instituciones y negociar con gobernadores, alcaldes, síndicos, regidores, policías y con cuanta autoridad les garantizara protección Así, por ejemplo, la nueva generación del cártel del Golfo, bajo la dirección de Osiel Cárdenas Guillén, alcanzó notoriedad en Tamaulipas durante el gobierno del priista Tomás Yarrington Ruvalcaba (1999-2005), en cuyo gobierno Cárdenas Guillén no sólo colocó los soportes del grupo criminal, sino que se expandió a varios estados del país (Proceso 1397) En ese sexenio, el narco asesinó a más de 500 rivales de todos los cárteles que pretendieron apoderarse de la frontera, particularmente del paso de Nuevo Laredo, en cuya guerra desaparecieron cuatro agentes de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) en 2003, presuntamente cuando se disponían a seguirle los pasos a Osiel Cárdenas y a sus socios ( Proceso 1368) Algunos gobernadores de esa época, como el panista Francisco Barrio (Chihuahua), así como Manlio Fabio Beltrones (Sonora), Jorge Carrillo Olea (Morelos), Víctor Cervera Pacheco (Yucatán), Jorge Salomón Azar (Campeche) y Mario Villanueva Madrid (Quintana Roo), entre otros, fueron inculpados por el testigo protegido Tomás Colsa McGregor -el joyero consentido de los narcos, asesinado hace cuatro años- como personajes presuntamente relacionados con Amado Carrillo Fuentes y con el negocio de las drogas durante sus respectivos periodos gubernamentales Tras la caída del PRI y el surgimiento de un nuevo mapa político, el narco se dividió casi a la par en que empezaron a surgir nuevos partidos, al tiempo que el PRI comenzó a perder presencia en cientos de municipios Esta nueva realidad, sostiene Astorga, permitió al narco salirse de control; ahora, cualquier figura de poder está en condiciones de negociar con grupos delictivos o de ligarse al negocio de las drogas Hace apenas tres años, el entonces gobernador de Chihuahua, Patricio Martínez, se vio inmerso en un asunto relacionado con el cártel que dirigen los hermanos Arreola Márquez El mandatario aparecía en una fotografía difundida por un diario chihuahuense colocando la primera piedra de un rastro frigorífico propiedad de los Arreola, quienes son señalados por el gobierno de Estados Unidos como cabecillas de una red internacional dedicada al tráfico de drogas Así mismo, al procurador Arturo Chito Solís y a varios jefes policiacos, como Vicente González -discípulo de Elías Ramírez-, se les vinculó con la presunta protección del cártel de Juárez (Proceso 1456) No es todo: El año pasado, la Procuraduría General de la República (PGR) colocó los reflectores a políticos del PAN presuntamente ligados con el narcotráfico En 2005, la prensa sinaloense difundió fotografías del sepelio del capo Miguel Ángel Beltrán Lugo, El Ceja Güera -uno de los socios de Joaquín El Chapo Guzmán que fue asesinado a tiros en el interior de La Palma-, al que asistieron dos panistas amigos suyos: Saúl Rubio Ayala y Wilfredo Véliz, candidatos a diputado local y a presidente municipal de Sinaloa de Leyva, respectivamente Tanto en declaraciones a la prensa como en sus testimonios ante la Subprocuraduría General de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), ambos aceptaron ser amigos de la familia de Beltrán Lugo (Proceso 1482) En medio de la guerra por la gubernatura sinaloense, el PAN acusó que al velorio del narcotraficante también habían asistido personajes del PRI y del PRD Sobre la presunta protección a personajes panistas ligados con el narco, el entonces procurador General de la República, Rafael Macedo de la Concha, dijo que en la administración del presidente Fox no hay intocables Y luego, el 29 de octubre de 2004, explicó: En la PGR no nos fijamos de qué partido son las personas sujetas a investigación, sin embargo, el escándalo de Ayala y Véliz se apagó luego de que declararon que sólo habían asistido al sepelio del Ceja Güera para darle el pésame a la familia Pactar con el narcotráfico La tesis de Astorga Almanza coincide con la propuesta que hizo el exdiputado federal priista Jesús Humberto Martínez al presidente Fox a principios de este año: pactar con el narcotráfico El exlegislador federal dijo, sin tapujos, que cuando fungió como regidor en el ayuntamiento de Matamoros -tierra natal del capo Osiel Cárdenas-, él personalmente negoció e hizo pactos con los narcotraficantes para detener la violencia urbana, recrudecida por el choque entre las bandas Según él, la negociación le funcionó, por lo que le sugirió al gobierno federal hacer lo mismo y sustituir el programa México Seguro, con el argumento de que dicho proyecto no estaba dando resultados para detener la violencia desatada por el narco Tal aseveración derivó en que la PGR, a través de la SIEDO, sometiera a investigación al exedil Hasta la Cámara de Diputados le hicieron llegar un citatorio, en calidad de testigo, para que declarara cómo, cuándo y con qué grupos de narcotraficantes había pactado treguas en Matamoros Tras ser sometido prácticamente a una investigación, el entonces diputado se retractó y negó haber hecho tratos con capos de la droga En crisis por la violencia del narcotráfico, los gobernadores de Nuevo León, Michoacán y Guerrero -escenarios de las decapitaciones de personajes ligados al narco, presuntamente cometidas por kaibiles-, Natividad González Parás, Lázaro Cárdenas y Zeferino Torreblanca, respectivamente, coincidieron en que la federación no ha cumplido con su tarea de reforzar la seguridad en los estados; en contraste, el procurador General de la República, Daniel Cabeza de Vaca, afirma que la violencia se debe a la falta de recursos del gobierno En medio de este caos, el presidente Vicente Fox dijo la semana pasada, en una de sus clásicas promesas sexenales, que el 1 de diciembre entregará un país en paz, a lo que el titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), José Luis Soberanes, respondió que tal declaración le parecía una broma de mal gusto Choque de cárteles Para el autor del libro El siglo de las drogas, el choque entre los cárteles de Sinaloa y del Golfo -cuyo campo de batalla son los estados de Guerrero, Michoacán y Nuevo León- tiene que ver con la falta de control y la ausencia de acuerdo político entre las fuerzas que se disputan el poder en México Resulta evidente -dice Astorga- que mientras los grupos políticos no logren acuerdos entre ellos en puntos medulares como la seguridad, el caos prevalecerá entre los grupos del narcotráfico, porque no hay en el gobierno una autoridad que marque los límites Según él, el narco está aprendiendo a jugar con la nueva configuración; mientras que los grupos políticos buscan la hegemonía en su propio campo: el tráfico de drogas -¿Por qué se ha centrado la violencia en Guerrero y Michoacán, por citar dos entidades incendiadas por las ejecuciones y decapitaciones? -se le pregunta -Es por la disputa de la ruta del Pacífico, una de las más importantes, según las autoridades estadunidenses Si observamos, los grupos en disputa son los más poderosos, son los que controlan cruces fronterizos El gobierno de Estados Unidos dice que la mayor parte de la droga que entra a su territorio pasa por Guerrero y Michoacán; es decir, por el Pacífico En tanto, los cárteles del Golfo y de Sinaloa controlan las fronteras Por eso son tan poderosos, porque los que dominan la frontera dominan las reglas del juego Así obligan a otros grupos que no tienen presencia fronteriza a negociar con ellos el cruce de sus cargamentos Si el cártel de Sinaloa desplaza al del Golfo, se convertirá en el más poderoso y dominará toda la frontera Por eso la violencia entre ellos es tan fuerte, por eso los choques tienen las características que vemos: las decapitaciones Esta práctica, de suyo atroz, lleva implícito un mensaje psicológico: yo quiero el poder, quiero dominar Y quien gana la guerra psicológica, gana la batalla -¿Cómo percibe el arranque, el escenario político para el próximo presidente de la República, Felipe Calderón? -Vicente Fox no pudo frenar el narco Peor aún: prolifera en todo el país una especie de changarrización debido al incremento de las microempresas de la droga Felipe Calderón no es ajeno al papel desempeñado por el actual presidente; sin embargo, está obligado a buscar el consenso y gobernar para todos Lo que no veo es voluntad, entre las distintas fuerzas políticas, para lograr acuerdos básicos

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