El calvario de las mujeres que emigran

jueves, 4 de enero de 2007
Ciudad de Guatemala, 3 de enero (apro-cimac) - Las mujeres son las que más sufren los impactos negativos de la migración: si se van, son más vulnerables que los hombres a los peligros y amenazas que supone el camino y, si se quedan mientras su familiar migra, se hacen cargo de las responsabilidades del núcleo familiar, coinciden en señalar migrantes, expertos y activistas pro migrantes Un reportaje realizado por Cerigua, con el apoyo del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), revela el calvario que enfrentan las centroamericanas, especialmente guatemaltecas, pero también los logros que algunas de ellas han obtenido Para Marisol Barrios, de la aldea La Blanca, Ocós, San Marcos, viajar al norte con el argumento de mejorar la calidad de vida, es un pretexto más de muchas personas, cuya intención es desvincularse de la familia Hace siete años, ella se quedó a cargo de cuatro hijos y cinco hijas, cuando su compañero, Juan Vásquez, decidió viajar a Estados Unidos, obligado por las carencias económicas Pero desde que se fue únicamente ha enviado 8 remesas, de 200 dólares cada una, para las necesidades familiares Barrios se preguntaba por qué Vásquez no la ayudaba más, hasta que descubrió que su compañero encontró a otra pareja en el norte, y se olvidó de su familia en Guatemala Juana Pérez, originaria de Quetzaltenango, enviudó en 1982, cuando el ejército secuestró a su esposo, Tomás Velásquez, en Ixcán, Quiché, por lo que tuvo que migrar hace 10 años al norte, debido a la pobreza familiar Desde que encontró trabajo en Estados Unidos no ha dejado de enviar dinero a su papá, a quien encargó la administración de sus recursos y la compra de un terreno que repartió entre sus hijos e hijas Ahora posee los documentos que le permiten movilizarse y trabajar sin temor en ese territorio "Quiero pasar los últimos años de mi vida sin dolor", dice Ernestina Linares, quien padece una enfermedad de los riñones que requiere de un tratamiento caro Originaria de Guastatoya, El Progreso, cuenta --en la Casa del Migrante, Tecún Umán, San Marcos--, que hace unos meses una vecina le hizo un préstamo, pero que no pudo pagar, por lo que tuvo que irse a Estados Unidos en busca de trabajo para cumplir su deuda La hondureña Karla Acuña, quien pidió también posada en la Casa del Migrante, relata que decidió abandonar su país porque su hijo menor, quien la acompaña en la travesía, había incursionado en las gavillas (pandillas o maras) y teme que lo maten "Prefiero este calvario que retornar a mi tierra, donde no hay oportunidades de empleo, educación y salud Por eso, la juventud se refugia en estos grupos", dice

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