Dos abrazos

lunes, 8 de octubre de 2007
México, D F, 8 de octubre (apro)- Temáticamente podríamos resumir la película de Enrique Begné, Dos abrazos, como: "A veces, en momentos de dolor y soledad, el ser humano sólo necesita algo tan sutil y simple como un abrazo" Hasta ahí estamos bien Sin embargo, esa sutilidad y hermosura que puede encontrarse en un "buen" abrazo, es tan sutil (valga la redundancia) que resulta prácticamente imperceptible en ésta cinta La película gira en torno a dos historias: por un lado, tenemos a Paco (Giovanni Florido), un jovencito de extracto humilde, de padres divorciados, cuyo hermano está enfermo de cáncer, y a una cajera frustrada (Maya Zapata), prácticamente bipolar Por el otro, está la historia de un taxista (Jorge Zárate) introvertido y, en apariencia, medio tonto, que se ve involucrado, sin quererlo, en la muerte de uno de sus pasajeros El ruletero conocerá a Laura (Ximena Sariñana), la hija del susodicho, una niña mimada que alberga un fuerte resentimiento hacia su padre Las cuatro "parejas" se unirán en estos momentos de crisis para llenar su vacío existencial, no en una forma sexual, aunque por momentos sentimos cierta tensión, sino más bien de una manera más inocentona e, inclusive, lastimera En Dos abrazos casi no pasa nada y, lo que pasa, carece de sentido La resolución de las historias se siente insulsa y vacía; historias que, por cierto, se medio entrelazan de una manera simplona: si Arriaga es criticado por su barroquismo, que raya en el absurdo, al relacionar sus líneas narrativas, a Begné puede acusársele de lo contrario De lo más rescatable de la cinta es su lenguaje visual: algo cercano al videoclip, muy a la moda Lo malo es que, a falta de tensión dramática, lo visual pierde sentido y, en lugar de parecer una propuesta estética, luce como una tapadera de las graves carencias de la historia Lo mismo ocurre con las actuaciones: todos están muy bien, pero el guión hace que su trabajo se desperdicie

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