La visita de la vieja dama

lunes, 5 de noviembre de 2007
México, D F, 5 de noviembre (apro)-A pesar de ser considerado uno de los grandes dramaturgos del siglo XX, el escritor suizo Friedrich Dürrenmant es poco conocido en México, al igual que su impresionante y monumental obra, La visita de la vieja dama, que se presentó en una breve temporada de cuatro funciones en el Teatro Julio Castillo, bajo la dirección de Alberto Lomnitz, en una producción de la Universidad Veracruzana, como parte del Festival Otras Latitudes La visita de la vieja dama es sin duda la obra más conocida de este autor de la posguerra, muy apreciado tanto como dramaturgo como novelista, obsesionado con temas relacionados con la justicia y la imposibilidad de impartirla plenamente, lo cual tiene mucho que ver con su época y la forma en que Europa lidiaba con la necesidad de hacer justicia a las víctimas de la Segunda Guerra Mundial Sus personajes son seres atormentados, con facetas muy grotescas y, al mismo tiempo, muy humanas A la manera de Fuenteovejuna, el verdadero protagonista en La visita de la vieja dama es el pueblo, que debe enfrentarse al dilema de cometer un crimen o no a cambio de dinero La traducción y adaptación de Alberto Lomnitz recorta el texto original, muy en la línea de la dramaturgia alemana de obras extensas y discursivas, cuya duración original es aproximadamente de cuatro horas, y que el director reduce a prácticamente la mitad, con énfasis en la acción dramática más que en el discurso filosófico Destaca el trabajo actoral del Lisa Owen, actriz invitada de la Compañía Titular de Teatro de la Universidad Veracruzana, quien interpreta a una anciana de 75 años, mujer que regala hospitales y casas cuna donde quiera que va, por lo que esperan que le dé algo a su pueblo natal al regresar después de casi 60 años de ausencia Pero cuando llega al pueblo se dan cuenta que se trata de una vieja monstruosa y decrépita, quien le ofrece a la gente darles una suma exorbitante de dinero, mil millones, la mitad para repartir por partes iguales entre todos los habitantes del lugar, con lo cual todos serán ricos de la noche a la mañana, pero a cambio les pone una condición: matar al hombre que la abandonó embarazada en su juventud Es así como esta vieja dama, Clarita, lleva el caos a Güllen, invirtiendo el orden moral, la solidaridad y la piedad, provocando el remordimiento, el sentimiento de culpa y la conciencia egoísta en los güllenses porque, como dijese Óscar Wilde, han podido resistirlo todo, menos la tentación A lo largo de la obra Dürrenmatt carga su pluma de ambigüedad, de cinismo, y de una brutal ironía para dibujar (pues fue dibujante y pintor antes que novelista y dramaturgo) los retratos de esos lastimosos europeos en los rostros de los habitantes de Güllen, el pueblo indeterminado en Europa Central en el que sitúa esta historia Es definitivamente una obra con una actualidad impresionante en términos de las contradicciones éticas que plantea, presentada en un muy digno montaje que deja entrever los resultados del trabajo que durante dos años han realizado Alberto Lomnitz y Boris Schoemann como directores artísticos de la Compañía Titular de Teatro de la Universidad Veracruzana, quienes tienen planes de presentar este trabajo en diferentes lugares de Veracruz y diversos estados de la República en el 2008

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