Camino

lunes, 24 de diciembre de 2007
Enredadores y enredados vivientes: me extraña, contrista e indigna que tantos de ustedes se quejen con desencanto y rencor del tiempo que les ha tocado Me sorprende, entristece y exaspera, sí, que tantos vivos de los de acá, amargos, se lamenten y enfurezcan por la angustiosa inseguridad que sufren; que tantos de los de acullá se duelan y sean presa de la ira por la pobreza en que chapotean par no ahogarse en la misma; que tantos de los de aquí deploren y monten en cólera por la humillante discriminación de la que son objeto; que tantos de los de allá se aflijan y se irriten por la inicua desigualdad a que son sometidos; y que tantos vivientes de más allá se quejen y desesperen por las insoportables injusticias que padecen y tienen que soportar Y digo y sostengo que triste es y mal están que tantos de ustedes, vivientes, hagan lo que he expuesto, ya que los que tal hacen causa son, de manera consciente e inconsciente, de lo que padecen, es decir: verdugos son de sí mismo Si piensan que este mi juicio peca de lo mismo de lo que les acuso: de enredado y enredador, les ruego que sigan leyendo y reflexionen sobre lo que les voy a decir antes de condenarlo Ustedes, los vivientes, seguros están de que viven una globalidad inevitable, contra la que no pueden luchar y al mismo tiempo, ¿Oh paradoja!, la mayora de ustedes están contentos y hasta orgullosos que así sea, pues convencidos están de que la misma es plural, incluyente, tolerante, igualitaria y libre por democrática ¿Qué bueno que eso crean! Nadie ignora que las creencias conforman y dan sentido a la vida, tanto de los individuos como de las naciones ¿Bien! Pero su servidor pregunta: ¿Qué hacen todos y cada uno de ustedes, vivientes, para que esa globalidad ineluctable en lo que respiran sea como creen que es? No olviden que se ha dicho, y dicho bien, que las creencias que no se confirman con hechos, son como cosa muerta, que no llevan, por falta de acción, más que a la situación de vivir deseos sin esperanza de que se cumplan, pues no olviden y tengan en cuenta que los buenos propósitos no son suficientes, ya que de los mismos está empedrado el camino que lleva al infierno Por si lo anterior fuera poco, también está que muchas de sus decisiones sirven para empedrar el camino que los llevará al infierno Ellas, en muchos casos, contra su presunción, su creencia de que el hoy en que viven es bueno y apetecible por plural, incluyente, tolerante, equitativo, respetuoso de todo y de todos, igualitario y libre por democrático, como ya señalé más arriba ¡Eso creen!, ¡y luego van y lo niegan con sus decisiones! ¿Qué no? Veamos Nieguen, si pueden, que no abundan entre ustedes, los vivientes, quienes con astucia, engaños con triquiñuelas de toda especie, suplantaciones, por medio de actos inmorales despojan al prójimo de su primogenitura, de sus pertenencias, de sus legítimos derechos a las mismas, como hizo Jacob con su hermano Esaú Nieguen, si pueden, si en ese su hoy no existen particulares e incluso autoridades judiciales, legislativas y ejecutivas que, por preferencias o conveniencias, favorecen a unos y perjudican a otros, aunque para ello tengan que utilizar suplantaciones y otras clases de tretas para conseguirlo, como hizo Rebeca, para que su hijo preferido, Jacob, prevaleciera sobre su hermano Esaú Nieguen, si pueden, que en ese su hoy no faltan tampoco representantes de la autoridad judicial, legislativa y ejecutiva que por ceguera, es decir, ignorancia e ineptitud de sus funciones, por miedo o por así convenir a sus muy particulares intereses, o del grupo que pertenecen, legalizan y legitiman decisiones injustas, tramposas, como hizo Isaac, padre de Esaú y Jacob Por último, el peor de los casos Nieguen, si pueden, esta verdad evidente; que muchos de ustedes, los vivientes, bien sea por ignorancia o por estupidez, por cobardía u obligados por la necesidad, todos los días venden su primogenitura, sus legítimos derechos humanos y hasta su dignidad por un triste plato de lentejas, como lo hizo Esaú Enredados y enredadores vivientes: tengan la seguridad de que esas sus acciones también van empedrando el camino que les lleva al infierno de la desesperación, tanto en la vida como en la muerte Desesperación tal que, si no rectifican y van al averno, ahí hará que llamen a gritos a una segunda muerte para que les libre de la misma No los engaño, pues he sido testigo de ello DANTE

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