"Mi sueño", boleros póstumos de Ibrahim Ferrer

lunes, 2 de abril de 2007
México, D F, 2 de abril (apro)- En menos de una década se apagaron tres de las luminarias de llama mitológica en el son cubano, cuya estela enorme revivió entre inolvidables tonos del álbum Buena Vista Social Club, galardón Grammy 1997 y documental de la cinta del alemán Win Wenders que, bajo el mismo título, impactara al mundo Así, el siglo XX transcurrió al menos con tres ciclos generacionales que la agrupación de soneros cubanos Buena Vista Social Club experimentó cada uno en su propia búsqueda artística durante casi 100 años de transformaciones musicales, cambios que ellos bebieron de la tradición popular en la isla, pulieron magistralmente con amplia variedad de juegos rumberos, danzonetes y el montón de géneros hechos en Cuba, difundiendo la vasta riqueza patrimonial de su tierra Elíxir de juventud, el hechizo del son cubano perdura en aquellos discos finiseculares legados, cual ejemplo supremo de armonías disonantes, canto llano, frutal; la marejada de síncopa en movimiento continuo y el virtuosismo de pausas inesperadas o alteraciones envolventes, sobre todo en el citado plato Buena Vista Social Club de ejemplar profesionalismo en la ejecución, una apasionada elegancia e impecable precisión y la rabiosa alegría caribeña La fresca poesía cantable para el nuevo centenario inició optimista, gracias a aquella red sonora de aire cubano El destello musical de Compay Segundo, Rubén González e Ibrahím Ferrer redujo su fulgor y, de pronto, la espectacular candela que de un chispazo cautivara escenarios continentales de América, Europa, Asia y África aminoró, en 2003, para la muerte robar físicamente a esos tres astros de bohemia trovadoresca, labia percutiva y agitado guapachá quienes dejaron, para consuelo de los mortales atentos a su paseo de dancing y flirteo, la cordial rítmica de emocionado placer erótico en un cañonazo, como El cuarto de Tula Falta a la verdad quien escatime a Cuba ser diosa cumbre para la música del planeta En América Latina, sólo Brasil se compara por haber prodigado con largueza bossa, samba y sambiña, choros y choriño, complicados cocos amazónicos, pletóricos de fiesta que admiran al cumbiero colombiano, a los jarochos desparpajados en torito y fandango, causando asombro aun entre vecinos geográficos acunados en reggae, plena y socca Valorando los giros de danzonetes, sonsonetes y habaneras que aflojarían cuerpos en afanosa danza ¨lasciva e impura¨ --según clasificó con amargura Gustave Flaubert--, hasta terrenos del ¨pecaminoso tango¨ --lo descalificó mojigato el papado--, el son del querer maduro cruzó gitanerías flamencas por el Atlántico y, desde La Habana, atracó vencedor en puertos de Montevideo y Buenos Aires, despegó airoso al norte con rondas fox trot, descargas nocturnas apabullando de santería la piel ritual de la idolatrada Yemeyá yorubá, ardiente jaleo de guarachas subyugantes en la esquina del preludio besucón, a la sombra de un burdel Cuba gritó sus pregones de caña y azúcar al viento, filoso doble sentido para liberar dimensiones orgiásticas de tumbadora, bongó y trompeta; la exhuberancia tropical de contradanzas con septetos y charangas que aromatizó salones afrancesados y cruzaría en vago mestizaje hasta playas de Santiago con luna taciturna y guaguancó al fálico poder protector de Shangó, se perdería en Sierra Maestra con montunos animando al guajiro y para sorna de la jacarandosa mulata El son de la loma espantó dolores esclavistas y, a machetazos de conga, penetró al jazz en exorcismo big band, blues acitrón de ráfagas bep bop aterrizando entre taconeos chachachá al soplo de flautas transversas y flautines Su careta desvió huracanes entre humo tabacalero de la insomne Vieja Habana, donde tornó una máscara decadente con los aburridos cancioneros en la soledad del ambiente a mojitos y droga, esos boleristas del feeling club en lujosos bares para turistas gringos atortugados de engaño y desamor, virilidad letrística que inspiraría bambucos en Bogotá y Yucatán Su majestad, el bolero, era un hijo malnacido desde el fondo de una serenata bar en el Hotel Nacional, sin levantar cameleos, ni arruinar los calladitos negocios sellados por la mafia siciliana y los tiranos, lamento soso que moría definitivamente con el lagrimeo del trovador simulando suicidio, señal que aprovechaban las putas del Tropicana para irrumpir en meneos ante capos y generales El son de todos los tonos, lagarto mordiendo su cola, una serpiente enroscada en sí misma que desdoblaba nueva trova y sabores revolucionarios para adquirir otra identidad en estampidas de guagancó, rock y trote hop de rap y regatón Exagerado como se oye, el son sobrevivió a los vaivenes políticos, y el danzón no ha abdicado al trono de excelsitud musical del pueblo cubano Todo eso destilan las grabaciones de los viejitos Buena Vista Social Club Son himnos y celebración marcada por la clave al son entero, el sóngoro cosongo que cantaba Nicolás Guillén, la culebra Sensemayá en la garganta ronera del estupendo Beny Moré, bárbaro repicar de la memoria colectiva, tema del género literario en abanico novela-bolero Buena Vista Social Club contenía vuelos antiguos y tan recientes, que aquel disco Grammy brotó como don de la naturaleza al guitarrista texano Ry Cooder El cazador de mariposas singulares arribó a La Habana con idea de producir un CD melange afrocubano, Soul Makossa del sax camerunés Django Dibango puesto al día con el sudor metrónomo de la Afro Cuban All Stars La fortuna se puso de su parte y los músicos africanos se congelaron en la sala de espera sin aviones que abordar y angustiados por su compromiso con la disquera inglesa World Circuit, Cooder buscó entre los escombros algo herrumbroso para su suerte de alquimista improvisador de jarabes novedosos y esos desahuciados de la tercera edad que habitaban los ayeres del son cubano, se desbocaron en coplas y música que nadie sabía si era fantasmal o una brujería Juntos formaron el Buena Vista Social Club y reescribieron la historia o, mejor dicho, la retocaron Y les llovió la dolariza Compay Segundo, con las alas del panamá, vibró ronca magia Chan Chán en su tres metálico mejorado y, ¿cómo resistir la conversación aguda de Rubén en notas triples fluyendo multiplicadas entre sus dedos reumáticos para fantasía del teclado? Ibrahím trinaba próximo al latido conmovedor de su "hermana" Omara Portuondo, única mujer del Buena Vista Social Club obsequiándose, ambos, en Dos Gardenias para ti Cooder no produjo ni dobló pistas, se doblegó a esos productores reales del son y halló la lotería en su destino, un álbum lejanamente similar al que grabó al desnudo en Mali con el guitarrero Ali Farka Touré en Talking Timbouktú, disco de sesiones en bruto que conquistó Grammy 1995 Es probable que dejase de hablar y a lo largo de cinco años unicamente reía en los estudios con el temple de aquellos viejitos cubanos La centuria terminó, con música de Cuba en vena idéntica como el danzón arrancara el siglo XX Atestiguó el privilegio del milagro repitiéndose y los gigantes poblaron la tierra otra vuelta con el prodigio extraordinario de Buena Vista Social Club Nunca triunfar dos veces resulta demasiado El trío apuró las glorias del aplauso internacional en reconocimiento delirante por públicos adultos, jóvenes o como ellos, esos tres generosos difuntos hoy, sacando frescura en pleno invierno de su existencia hasta acabarse la veta en 2003 Tras seis años esplendorosos, los fallecimientos de Compay Segundo y Rubén González ocurre casi al mismo tiempo que --por esas cosas del destino-- la despedida de la Reina Rumba Celia Cruz (La Habana, 1925), su paisana quien no cesó su alabanza por el segundo aire de sus contemporáneos, si bien fracasó su anhelada voluntad antes de morir: aquella voz trinar de zenzontle en la madrugada juró cantarle a su linda Cuba de la que huyó en 1960, apenas saliera Fidel Castro Uno de los ensayistas más notables de la isla, Eliseo Alberto (1951) autor de las novelas "La eternidad por fin comienza el lunes" y "Caracol Beach", así como de los guiones de las películas Guantanamera (filmada por Juan Carlos Tabío y Tomás Gutiérrez Alea) y Cartas al padre (asimismo, de G Alea), en la introducción del libro fotográfico del catalán Tomás Casademunt Son de Cuba (Trilce Ediciones, México, 1999), escribió: "En las buenas y en las malas, de pies a cabeza, dentro o afuera, Cuba es quien diablos quiera La música es nuestro ombligo, el cordón umblical que nos emparenta Existe una clarísima continuidad entre la Ma´Teodora, nuestra primera sonera conocida, y Omara Portuondo o Celia Cruz, pasando por Rita Montaner, María Teresa Vera y Merceditas Valdés, cinco indiscutibles reinas del escenario¨ El texto de Alberto Son de Cuba (o el berrinche de la niña Yamilé) introdujo los explicativos para 45 biografías de músicos cubanos que capturó en los escombros de la isla Tomás Casademunt, designando su redacción a otras manos expertas: la colombiana Adriana Orejuela (El cancionero de la salsa); el también catalán Carlos Galilea Nin (Diccionario de jazz, Canta Brasil y colaborador de El País) más, claro; los nativos Helio Orovio, René Espí, y Leonardo Acosta Describen a Rubén González (nacido en Santa Clara, 1919) y a Compay Segundo (Siboney, 1907), así: "Este gran músico cubano (Rubén) ha confirmado que, a pesar de los años, no todo está dicho en materia de teclados y ritmos cubanos, como lo demuestra su magnífico quehacer plasmado oportunamente en el nuevo mundo del disco compacto, mediante dos revelaciones: Introducing Rubén González y Buena Vista Social Club, emerge de un largo período de injusto olvido tras 15 años, con nuevos bríos "A los 14 años de edad, Francisco Repilado Compay Segundo comenzó el aprendizaje del tres y la guitarra en Santiago de Cuba El maestro Enrique Bueno le sugirió en 1928 hacerse miembro de la Banda Municipal de Santiago y, un año más tarde, con motivo de la inauguración del Capitolio Nacional y la Carretera Central, la banda invitada a La Habana obtuvo el primer premio Por aquel tiempo, se propuso crear un instrumento con características afines a la guitarra, pero que sonora más fuerte y tuviera, al igual que el tres en el son, una función más melódica que rítmica "Fabricó la armónica con siete cuerdas, particular simbiosis entre guitarra y tres con timbre fuera de serie Casademunt y su lente retrataron a Herminio García Wilson (autor del montuno Guantanamera y Los celos de Cachita); Antonio Arcaño, de la orquesta Arcaño y sus Maravillas (con Oreste López creadores del mambo); el contrabajista Cachao López y Carlos Patato Valdés, scat y tumbao del jazz latino; Pío Leyva, vocero en Afro Cuban All Stars; Bebo Valdés, piano que dotó un oasis diferente al cantaor El Cigala; las manoplas enormes de Mongo Santamaría; Juan Formell de los Van Van con su Buey cansao; la Sonora Matancera con Celia Cruz y Celina González (Santa Bárbara, que viva Shangó y el campirano Yo soy el punto cubano) Inexplicablemente, no hay Ibrahím Ferrer en tales imágenes blanco y negro, ni siquiera en las páginas de Omara Portuondo (La Habana, 29 de octubre de 1930) Famosa por el bolero Amigas que grabó con Elena y Moraima, de niña la madre de Omara le advirtió que sería monja --¿Porqué no fuiste monja? --preguntó Pedraza Ginori, de revista Cuba --Porque las monjas no pueden cantar son --respondió la diva del filing No obstante, extraña la ausencia de Ibrahím Ferrer, ausencia entre esa pléyade del olimpo musical gráfico cubano, como sus compañeros de Buena Vista Elíades Ochoa o el laúd tremendo de Barbarito Torres, quienes tampoco están Una frase de Gertrudis Gómez de Avellaneda, compilada en las 120 páginas de Son de Cuba abarca el espíritu canoro de la nación de Martí: sólo el que haya estado en la isla de Cuba y oído estas canciones en boca de la gente del pueblo, puede formar idea del dejo inimitable y la gracia singular con que dan alma y atractivo a las ideas más triviales y al lenguaje menos escogido Y la buena nueva Discos Corason, empresa distribuidora en México de CDs World Circuit donde Ray Cooder grabase Buena Vista Social Club y demás discos sólo de la agrupación, alista el CD Mi sueño, últimos boleros de Ferrer para salir en abril A escasos dos años de 2005, recordamos a Ibrahím Ferrer tornar tras intensa gira por Europa un mes a la capital cubana, se sintió muy mal Fue hospitalizado y la gastroentiritis hizo el resto Murió el domingo 7 de agosto Con Omara y amigos de Buena Vista recibió un alto homenaje actuando en el foro Ronnie Scott de Londres, Inglaterra, apoteótico espectáculo con melodías armadas por la inteligencia de Juan de Marcos para su disco Buenos Hermanos partiendo plaza en el Royal Albert Hall La BBC Radio 3 del Támesis lo nominó máximo artista de América y el Caribe con el trofeo Music Awards que recibiría en concierto de Edimburgo, el 9 de marzo del 2004 Sólo la parca detuvo su andar Este lanzamiento de Discos Corason se prevé el 23 de abril Mi Sueño equivale al testamento de Ferrer, un CD póstumo donde lo escuchamos en su mera salsa de repertorio intimista con boleros bien conocidos (Perfidia, Quizás quizás, Quiéreme mucho, Cada noche un amor) y joyas al estilo que consagró (Uno, Dos almas) Esperando Mi sueño, evocamos sus ojos diminutos de ensoñación asiática, perlitas entrecerradas color musgo Gracias, Ibrahím, Emperador del buen sentir cubano Vayan a tu noble canto celeste estos joviales versos de José Zacarías Tallet, tomados de La rumba: ¡Cómo baila la rumba la negra Tomasa! ¡Cómo baila la rumba José Encarnación! Ella mueve una nalga, ella mueve la otra Él se estira, se encoge, dispara la grupa, el vientre dispara, se agacha, camina sobre el uno y el otro talón

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