La derecha sin complejos

domingo, 13 de mayo de 2007
Ningún político francés utiliza los medios de comunicación masiva mejor que Nicolas Sarkozy: es íntimo de quienes controlan los grandes grupos de prensa y televisión del país, así como de la mayor parte de las encuestadoras nacionales, y sabe cómo seducir o intimidar a los periodistas y a los jefes de redacción Lleva años de omnipresencia mediática, construyendo su propia imagen con una maestría absoluta Instrumentaliza todo lo que puede enaltecerla Se vuelve implacable cuando se le escapa el control sobre ella, dice elreportaje que aparece este domingo 13 de mayo en Proceso El lunes 7, un día después de que se realizó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, los franceses observaron en sus pantallas de televisión la silueta de Sarkozy en el puente del suntuoso yate Paloma, prestado por su gran amigo Vincent Bolloret, uno de los empresarios más adinerados del país Navegaba en el Mar Mediterráneo entre la isla de Malta, donde había llegado en el jet privado de Bolloret, y Sicilia Esa imagen no escapó al control de Sarkozy Sabía muy bien que centenares de paparazzi estaban al acecho Exhibirse en ese "crucero dorado" fue una acción deliberada Es simbólica de la derecha "sin complejos" que encarna y de su deseo de "rehabilitar" el dinero, tema que sigue siendo conflictivo en la cultura francesa A diferencia de los anglosajones, los franceses gozan sus fortunas con cierta discreción Sólo el mundo de la farándula y los nuevos ricos las exhiben Sarkozy decidió romper con ese pudor Su iniciativa causó conmoción Nadie cuestionó su decisión de descansar después de una campaña presidencial agotadora Pero la imagen del yate, tan ligada al microcosmos de los multimillonarios y del jet set, causó molestia en Francia Hizo recordar que Sarkozy lleva años de intimidad con los líderes empresariales y financieros de este país, quienes fueron los primeros en celebrar su triunfo También contrastó con uno de los principales lemas de su campaña electoral: ser el candidato de los franceses "de abajo" que "se levantan temprano para ir a trabajar, temen el desempleo y tiemblan por su (escaso) poder adquisitivo", publica Proceso en su número 1593

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