Tres libros de Calamus

lunes, 14 de mayo de 2007
México, D F, 14 de mayo (apro)- Un ensayo de Ramón Gamoneda, y poemarios de Francisco Hernández y Rafael Torres Sánchez, conforman la triada de libros bellamente impresos por Calamus Editores, en coedición con el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) Las portadas están ilustradas con pinturas de flores realizadas por Philipp Otto Runge, en tonos magenta, violeta y verde, que lucen magníficamente al reproducirse en papel domtar feitweave natural El primer volumen consta de 2 mil ejemplares, y los restantes de mil cada uno En El cuerpo de los símbolos, de 174 páginas, su primer ensayo, el escritor español (Oviedo, 1931) ganador del Premio Cervantes 2006, reflexiona sobre la experiencia creativa Algunos de los autores en los que se detiene son Nazim Hikmet, Andrés Laguna, fray Bernardino de Sahagún, Arthur Rimbaud, Basilio Fernández, Jorge Guillén, Méndez Ferrín, y José María Navascués "Yo no soy un hombre de ?pensamiento?; quiero decir de pensamiento especializadamente informado y provisto de método; mi única credencial, mejor o peor conseguida, es la de poeta", dice el autor para señalar que los textos reunidos surgieron de artículos y conferencias: "Lo que sigue, por tanto, no son más que relatos derivados de la diversidad de maneras en que este cuerpo (el de los símbolos) y sus varias sustancias se me han manifestado" Por su parte, el veracruzano Hernández (Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 1982), en su intrincada y profunda visión poética, entrega en Mi vida con la perra 67 brevísimos poemas, que abren con éste (para que se vaya entendiendo el título del volumen): Nació conmigo pero no tiene edad Respira desde hace años bajo las piedras Y cuando lo decide, se incorpora Al curso del torrente sanguíneo Durante siglos se le llamó Bilis Negra Ahora se le bautiza con nombres de mujer, Sus mandíbulas son más poderosas Y ha hecho del vértigo su principal santuario Y finalmente Torres Sánchez, nacido en Culiacán, Sinaloa, en 1953, dedicado a la cátedra y a la investigación desde hace dos décadas, hace partícipe al lector de 51 poemas donde entremezcla con insólita eficacia la invención lingüística, el habla coloquial y el verso largo y sonoro para producir, por ejemplo, este fragmento final de "Epifanía": De inmediátale en órale: que la pausa termine, El caudal continúe, te disipes en una sensación Agridulce de quimera insufrible, nunca más Barruntarme frente a tal despiporre, olvidar Felizmente que olvide tu ofertón y asistir A la marcha de los meses en orden, la semana En su siete, primerísimamente los ariles al sol Una buena triada para adentrarse en algún momento vespertino, gracias a los amigos de Calamus, cuando el calor haya bajado un poco

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