Y los soldados no dejaban de disparar

domingo, 10 de junio de 2007
"¡No tiren! ¡No disparen! ¡Traigo mujeres y niños!", gritaba angustiado Adán Esparza Parra a los soldados que, de pronto, en la oscuridad de la noche, salieron del bosque y empezaron a lanzar ráfagas contra su camioneta Ford pick up, en la que viajaban él y su familia, narra la edición 1597 de Proceso Los militares no le hicieron caso Seguían disparando sus potentes armas largas, al parecer fusiles M-16 Una bala destrozó el parabrisas y le pegó a Adán en el brazo derecho El joven dejó el volante Salió sangrando del vehículo al empinado camino de terracería Se sostuvo en pie Y en señal de paz levantó su brazo sano para que dejaran de dispararle Frente a él, a muy corta distancia, distinguía las borrosas siluetas de los soldados? y los chispazos de fuego que no cesaban ?¡Ya no tiren! ¡Traigo niños conmigo! ?insistía Otro proyectil le destrozó su brazo izquierdo y lo tumbó al suelo El propio Adán ?en el cuarto de hospital donde hoy convalece? continúa el relato con voz decaída y lenta: "En esa parte del camino no había ningún retén militar Los soldados salieron de repente Detuve la camioneta porque vi moverse la luz de una lámpara de mano que ellos llevaban, como haciéndome señas De inmediato comenzaron a disparar Les grité que traía mujeres y niños", dice en la entrevista que publica Proceso este domingo 10 de junio

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