El Mariachi, símbolo musical de México

lunes, 21 de enero de 2008
México, D F, 21 de enero (apro)- Tengo en mis manos un fresco, abundante y muy bello libro profusamente ilustrado sobre el son jalisciense, música representativa de México en el mundo, en un ejemplar de estupendo cuidado que se intitula El Mariachi Su autor es el antropólogo Jesús Jáuregui (Toacaltiche, Jalisco, 1949), primera coedicón 2007 entre INAH/CNCA/Editorial Tauro, de 436 páginas Esta publicación significa un suceso gratificante para México Si bien otros géneros musicales del gusto popular han sacado amplios estudios, acaso míticos o pletóricos de ensoñación sin rigor de historiadores acerca del surgimiento del tango-canción por Carlitos Gardel (en México lo hizo hará dos décadas "El Che" Sareli), o se hayan transcrito mil y una obras sobre la ópera italiana y su metamorfosis tras Wagner, en cambio no nos es particularmente familiar el repaso de gruesos trabajos acerca dEl Mariachi Aquí, el enciclopedismo no es terreno común, pues su música debe sentirse, vivirse, alegrarnos, ponernos a llorar y maldecir lo peor una noche de mariachis, ante la ventana de la chica que jamás abrió ante nuestro canto La razón es que "El Mariachi" denomina la voz que identifica un rabiosamente festivo estilo artístico, a la vez que también nos remite al grupo de músicos que lo ejecuta (decía el rocanrolero Javier Bátiz, quien enseñó "a tocar a Carlos Santana en Tijuana", que para ser mariachi no se estudia y "entre más corrientes, mejores", una exageración mentirosa); pero de plano es al fin y al cabo una resonancia cultural que pensamos jamás va a morir No es una forma que nuestro país haya olvidado con el nuevo siglo y los ritmos de moda (si bien sus días de gloria quedaron muy atrás y cosas deleznables como "El Mariachi loco" hablan de su decadencia"), ¿quiénes no estamos acostumbrados al mariachi como un conjunto en vivo, que recrea melodías afines a la idiosincrasia mexicana? Lo consideramos asunto cotidiano Nunca podemos contemplarlo como objeto de museo Es música que resiste la intelectualización o nosotros nos resistimos al psicoanalista, con sus interpretaciones a la resaca de nuestro machismo En la librería de casa, tengo unas cuatro investigaciones acerca de El Mariachi, donde invariablemente se menciona que es una palabra acuñada por las huestes invasoras del ejército francés para designar a los músicos de finales del siglo XIX en Jalisco, quienes amenizaban el baile de las bodas Es la historia que cualquier libro del asunto refiere y parece deleitar la imaginería del mexicano, pues si el danzón provino de la contradanza europea, los vals desde Viena y la polea de Checoslovaquia y Polonia, ¿por qué no habría de tener toques afrancesados el sonoro mariachi de Cocula? Pero, entonces, ¿por qué cantaba Jorge Negrete aquellos versos de Esperón y Cortázar? Son dos estrofas de "Cocula", a ritmo "chuntata" y luego acelera para rico son de Jalisco, donde se reitera como afirmación indiscutible que el origen dEl Mariachi está no allá en el bando de los rifles que trajo Pepe Botello desde la Francia, sino en un sitio del meritito Jalisco: "De Cocula es El Mariachi, de Tecalitlán los sones?" "Estas tierras de Cocula, son del alma dEl Mariachi y vengo yo con mi canción?" Aun así, la leyenda francesa tiene cierta fascinación y ha perdurado como anécdota que brinda cierto realce de magia y encuentro cultural a aquella guerra que ganara el general Zaragoza para México, un 5 de febrero en la Batalla de Puebla De igual modo, sabemos que si en sus comienzos como ejecutantes de historias de la Independencia y corridos revolucionarios, el grupo de mariachi constaba de vihuela, arpa y violines, tambora, guitarras y tololoche o el contrabajo, sería durante las grabaciones de Pedro Infante cuando se incorporaron las trompetas, que hoy soplan en los definidos conjuntos de mariachi desde la década de los años 40 Hay otro hecho importante, generado por la transformación del estilo son jalisciense y campirano en el híbrido de bolero-ranchero, gracias a Javier Solís (curiosamente, aquella grabación era un tango: "Sombras nada más", pero él interpretó a dos voces como bolero-ranchero) Poco atractivo era para los folkloristas escudriñar el fondo de verdad que tiene la historia donde se identifica El Mariachi con el marriage o boda en francés En realidad, a casi nadie le interesaba desmentir nada y no sucedería gran cosa aun si Miguel Galindo (1883-1942) fue el primero en reseñar el proceso de gestación para El Mariachi moderno en un documento y propuso una conformación colectiva, sin ofrecer fechas ni lugares precisos Sin embargo, la teoría apuntaba a las orquestas o grupos campesinos de música ranchera o de corridos, cuyos integrantes eran llamados fandangos o mariachis y desplegaban su presencia sonora en buena parte de la costa del Pacífico No sería sino hasta 1935 cuando el musicólogo Dávila Garibi formulara un lugar y un tiempo determinado al sitio donde nació El Mariachi Para él, en su investigación del origen de la palabra mariachi y los conjuntos modernos nombrados así por todo México, no cabía duda que era una palabra de lengua indígena coca: "Data de tiempo inmemorial y tuvo su cuna en Cocula, Zacoalco y otras poblaciones jaliscienses, que en lo antiguo formaron parte de la nación coca Los mariachis de Cocula son a lo que parece los más antiguos y los que al presente han alcanzado la mayor celebridad" Por supuesto, un extranjero que visite nuestro país no debe emprender el viaje a las tierras ignotas en busca de un buen mariachi, pues para ello están los mejores que comparten con otros conjuntos norteños, la tambora sinaloense y los jarochos veracruzanos la célebre Plaza de Garibaldi capitalina, donde en el famoso bar "Tenampa" se bebe el tequila jalisciense para lanzar el grito (guaco) al arrancar el "Son de la negra" Precisamente, un compositor como Blas Galindo dará a México la gran obra sinfónica Sones de mariachi, inspirado en ciertas partes por los sones jarochos y el canto azteca a la Virgen de Guadalupe, pero que emociona al entrar el primer moviendo, gracias al influjo de aquella rítmica jalisciense con pinceladas de pregón veracruzano, sabrosa melodía, cuyos únicos versos incitan al bailongo: "Negrita de mis pesares, ojos de papel volando? A todos diles que sí, pero no les digas cuándo, así me dijiste a mí, por eso vivo penando Que dónde estará mi negra que la quiero ver aquí, con su rebozo de seda que le traje de Tepic" El recuento de Jáuregui es fiel a sus múltiples fuentes bibliográficas y periodísticas, pero en todo momento llega a conmovernos al tocar fibras de nuestra sensibilidad por recordar las glorias de nuestra patria hechas canto, y las anécdotas se suceden como fantasía de la gran novela de un pueblo que ríe y canta con la música de El Mariachi; es el estigma, el sello, la marca de prestigio que nos identifica Refiere Jáuregui en la introducción: "Mi descubrimiento de El Mariachi tradicional tuvo lugar en 1975, en Nayarit, durante la temporada de lluvias Había llegado al ejido de Playa de Ramírez, en la margen izquierda del río Santiago, ya muy próximo al mar Iba a aplicar una encuesta sobre el grupo doméstico y la unidad económica de ciertos ejidatarios tabacaleros? "Después de preguntar por el primer personaje en mi lista, me presenté ante un octogenario Bruscamente cambió la conversación hacia un acontecimiento que todos esperaban durante el año: la feria? lo más importante era bailar sones en la tarima con la música de los mariachis: ?¡Viera qué chulada, amigo!?? De tal manera fue subiendo su emoción que me invitó a tomar una cerveza en la cantina? "Era un típico jacal de la zona costanera con techo de palapa y piso de tierra, pero había tarima Llegó ?un mariachillo? Sólo eran tres: violín, guitarra y guitarrón Me extrañó que pidiera el son de ?El triste?, cuya copla se me quedó grabada de por vida: "¡Qué bonitas campanitas se tocaban en Tepic! Ahora repican en mi alma, acordándome de ti" Es el comienzo de una saga inolvidable que Jáuregui desarrolla desde tiempos de la Independencia y la Revolución hasta alcanzar la fama universal con un Mariachi Vargas de Tecalitlán y dar la vuelta al mundo "como gota de agua que vuelve al mar" en 10 capítulos que se leen con gusto, en los que hay fotos, dibujos, esquemas, entrevistas y mil recuerdos que cautivan nuestra travesía Culmina la historia dando paso a la celebración: "En otras tierras, El Mariachi será reconocido como una síntesis particular y bien lograda de rasgos melódicos, rítmicos y vocales del patrimonio de la humanidad, en tanto mantenga de alguna manera el toque de autenticidad étnica que le permitió ser difundido como el mejor exponente de lo que equivale al ser mexicano" Para quienes cada año hacemos la peregrinación a Garibaldi para cantarle a José Alfredo Jiménez este 15 de enero, por tratarse del festejo al Día del Compositor en México, no basta ser charro en el "Tenampa" Así que en cada oportunidad que tenemos de pisar la bonita Guadalajara, en rumbos del Mercado San Juan de Dios o Tonalá y la excursión hacia Zapopan en la muy bella Perla Tapatía, como buenos chilangos sabemos que si no escuchamos en Jalisco un mariachi, la historia siempre tendrá una sorpresa cuando "El charro cantor" resuene en nuestro corazón una copla de "¡Ay, Jalisco, no te rajes!" Jáuregui ha captado la esencia nacional en un gran libro, con la magia de un cántico al arte de El Mariachi de Cocula

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