Sinuoso camino

martes, 7 de octubre de 2008
MEXICO, D F, 6 de octubre (apro-cimac)- Aunque el movimiento de 1968 constituyó un impulso para la participación de las mujeres en las organizaciones estudiantiles, sociales y políticas, esta inclusión no ha sido suficiente y prevalecen aún factores tanto institucionales como sujetivos que obstaculizan su presencia en dicho ámbitos Estos obstáculos ofrecen un panorama contradictorio y complejo de procesos, que atraviesan las instituciones (escuelas, sindicatos, movimientos sociales, partidos políticos, espacios gubernamentales, medios de comunicación, etcétera), así como subjetividades colectivas e individuales En las últimas cuatro décadas, dice la doctora Dalia Barrera Bassols, profesora e investigadora de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, fuerzas contradictorias, producto del desarrollo capitalista y de los procesos de modernización que implica, han llevado a las mujeres a participar de manera creciente en los mercados laborales, a la par que se desarrolla un proceso de urbanización acelerada, avances sustanciales en la escolarización y procesos masivos de migración interna e internacional Las demandas de solución de problemáticas surgidas de este acelerado proceso de desarrollo llevan a las mujeres a participar en movimientos sociales diversos (campesino, obrero, estudiantil, urbano popular, indígena), en los partidos y organizaciones políticas y sociales, explica Bassols, en la Memoria del Foro "Democracia paritaria: presencia de las mujeres en la representación política en México", publicada por el Centro de Estudios para el Adelanto de las Mujeres y la Equidad de Género (CEAMEG) Las exigencias políticas no resueltas las conducen a la lucha por la democratización de la vida social y política, formando parte de movimientos ciudadanos, municipalistas, político-electorales, y en las regiones donde se más cerrado el autoritarismo caciquil, y las circunstancias antidemocráticas así lo determinan, en movimientos guerrilleros, señala Bassols Por otra parte, observamos el desarrollo del pensamiento crítico y del movimiento feminista, que en un momento dado confluyen con los grupos de mujeres participando en movimientos sociales y de lucha política, constituyendo una rica experiencia colectiva de debate y construcción de ciudadanía, en medio del proceso de democratización de la vida social y política de nuestro país Sin embargo, entre los factores institucionales que limitan la participación femenina están: una educación formal que no promueve la equidad de género y refuerza el papel de madre-esposa, forjadora de ciudadanos desde el hogar; medios de comunicación que promueven figuras femeninas sin poder ni capacidad de transformación de su realidad familiar, comunitaria y social; seres sin proyecto, y necesidades ni deseos propios Además, los medios presentan un estereotipo femenino que no funciona como ciudadanas, sujetas de derecho ni lideresas Además, en las organizaciones sociales, políticas, sindicales y en los espacios de gobierno, hay oposición y bloqueo de los dirigentes masculinos a las mujeres y sus organismos, así como una oposición también de miembros del movimiento o partido, y se pone en duda la capacidad de mando y dirigencia de las mujeres También se las segrega a tareas que reproducen la división sexual del trabajo en la organización o partido; hay oposición a medidas afirmativas, bloqueo o liderazgos femeninos, e invisibilización de las iniciativas femeninas y de los aportes de las mujeres Los espacios políticos son considerados como masculinos y a las mujeres se las segrega Se niega la adecuación de horarios escolares, laborales y gubernamentales; se estigmatiza, desprestigia y señala negativamente a las mujeres que alcanzan espacios de poder Hay reglas no escritas de subordinación femenina en los espacios y prácticas clientelares y corporativistas de organizaciones, partidos y sindicatos, señala Bassols Entre los factores subjetivos que limitan la participación femenina, están: la educación familiar de las mujeres como seres para otros, sujetas al control masculino en lo familiar y social, sin proyecto, necesidades ni deseos propios, más allá de los derivados de su papel de madres-esposas Además, culpa, estrés, ansiedad por "descuidar" dicho papel y su requerimientos; violencia doméstica incrementada, celos, presión para "elegir" entre la participación y la pareja y/o familia; presión social (chismes, maledicencias y desprestigio); sensación de "masculinización" por tener poder social y político, considerado como típico atributo masculino; separación, divorcio o "decisión" consciente de no tener pareja o vida familiar, por ser incompatible con la participación o el liderazgo También, difícil acceso a la opción de negociación con la pareja y las y los hijos, hacia nuevas formas de división del trabajo doméstico; ruptura con las restricciones a su movilidad, a su acceso al poder y a la toma de decisiones, con esposo, hijas e hijos Autocontención en la aceptación de cargos o puestos de liderazgo, por parte de las propias mujeres, por no querer o poder enfrentar las presiones de la triple jornada y del rechazo a las mujeres con poder Miedo o aversión al poder político, por considerarlo "sucio", ajeno, inalcanzable o amenazante También, dificultad para obtener recurso para impulsar la capacitación, los liderazgos y las candidaturas de mujeres; inscripción en prácticas clientelares de condicionamiento del voto y de liderazgos femeninos caciquiles, antidemocráticos; voto del miedo, por rumores de desestabilización por votar por la oposición, y subordinación a relaciones caciquiles o de "padrinazgo" político al interior del partido para apoyar su candidatura

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