Nos decían hasta ayer

lunes, 22 de diciembre de 2008
MEXICO, D F, 17 de diciembre (apro)- Pues sí, estimados lectores: seguro que la mayoría de ustedes, como servidor, ha crecido, hasta ayer, bombardeado, a través de todos los medios de comunicación en todos los tonos y a todos los niveles, por las ideas y las teorías de los ideólogos del neocapitalismo, formador y regente de la globalidad en la que respiramos De lo que no estoy tan seguro es de que ustedes, como servidor, estuvieran hasta la maceta con las recomendaciones, fórmulas y razones de los mismos: de que si el Estado no debía tener injerencia en la economía; que hay que privatizar todo, pues la iniciativa privada es la neta, pues sabe hacer más cosas y mejor; que, por el bien de todos, primero los ricos, por lo que los dueños de empresas y de capitales, deben ser libres para moverse donde quieran, y deben ser estimulados, incentivados, dicen ellos, con créditos "blandos", exención de impuestos y, sobre todo, "flexibilizar" las leyes laborales, lo que en realidad significa precarizar el trabajo, hacer posible no tener en cuenta los derechos adquiridos por los trabajadores, poder despedirlos, suspender labores, contratarlos por meses, semanas, días e incluso por horas, con lo que les sería muy difícil conseguir nuevos derechos ¡Pues sí!, también me tenían hasta la maceta esos teóricos e ideólogos cuando el neocapitalismo y sus publicistas proclamaban, con arrogancia y suficiencia ?y también con cinismo-- lo que había escrito uno de ellos, George Gilder: "El progreso material es inevitablemente elitista, ya que hace que los ricos sean más ricos y aumenta el número de éstos, exaltando así a los pocos hombres extraordinarios que pueden producir riqueza por encima de las masas democráticas que las consumen" ¡Bonita manera de entender la democracia! ¡En verdad que la pusieron ca?bezona! Y lo más indignante es que como tantos de la gente común dieron crédito a tales mentadas a sus neuronas, ¿pues no los mentados ideólogos del neocapitalismo afirmaban que el libre mercado, competencia y neocapitalismo eran sinónimo de democracia y libertad? ¡Y pensar que servidor fue también uno de esos tantos tontos a pesar de mi inconformidad! Hoy, me lleva el tren al pensar como todos esos teóricos e ideólogos del neocapitalismo, todos ellos cristianos y occidentales confesos --¿y también confusos? o cínicos? ¿Qué calificativo creen que se merecen, mis estimados lectores? Sin empacho ni sonrojo alguno montaron toda una dialéctica de supuestos con la que redujeron y presentaron a los pobres como culpables de su misma pobreza, por lo que ayudar a los pobres por medio del gasto social es como echar agua al mar, una solemne estupidez, ya que con el pretexto de la equidad o cualquier otro sentimentalismo muy bien se puede llegar a la perversión de que los pobres se acostumbren de esa ayuda, con lo que se harán dependientes de la misma, con lo que se harán menos competitivos, por lo que necesitarán más subsidios, con lo que muy bien se pueden convertir de pobres por necesidad en mantenidos conscientes y exigentes o, como alguien ha dicho, de "asistidos sociales" en vagos oficiales" En consecuencia: que "para tener éxito, el pobre necesita sobre todo el acicate de su pobreza", como proclamó el ya citado anteriormente mister George Gilder ¡Ah, que bonita jugada a tres bandas para justificar "recortes" al gasto social de los gobiernos! ¡Y para tranquilizar conciencias culpables! ¿O no es así? ¡Carajo! Sí, no lo niego, deseo con toda el alma que los ideólogos y apologista del neocapitalismo, ante el desastre financiero generado por los USA, campeón de ese neocapitalismo del fundamentalismo del mercado, de las privatizaciones, la libre empresa y la libre competencia, de acuerdo con la desastrosa realidad en que vivimos, reflexionaran y tuvieran el valor de decirnos que s equivocaron y trataran a los capitalistas con el mismo rigor con el que anteriormente trataron a los pobres ¿Qué pido demasiado? Puede que así sea, pero considero que sería la única manera de probarnos que fueron honestos, que fueron sinceros en lo que nos decían hasta ayer, pues si esos ideólogos, apologistas voceros de toda laya del neocapitalismo no lo hacen así, y más si nos siguen abrumándonos con más de lo mismo, se harán sospechosos de ser complacidos sirvientes de ese capitalismo Bien, esto es lo que pienso al respecto Por supuesto, estimados lectores, ustedes tienen la libertad de juzgar si estoy en lo cierto o no Que Dios nos guarde a todos como deseo Juan de las Pitas

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