¿Panacea o problema?

lunes, 28 de abril de 2008
México, D F, 28 de abril (apro)- Atolondrados humanos: me complace y agradezco sinceramente que tengan a esta servidora de ustedes en tal alta estima y me asignen tan alto papel en sus vidas ¡Ahí es nada, conformarlos, darles rumbo y puerto a su existencia! Gracias por ello, sí, pero me parece que la están pifiando, sobre todo en este tiempo de relajo universal, en el que nada tienen por absoluto ni eterno, en el que todo cambia, ¡y cambia tan vertiginosamente! No, desengáñense, pues, hoy como ayer, en modo alguno puedo ser panacea, es decir, remedio universal para todos los males que padecen, para todos los problemas que los agobian tanto en lo individual como en lo social, ¡qué más quisiera una!, pues también tengo mi vanidad Entiéndanme: el que no pueda ser panacea de sus males, solución de sus problemas, no depende de esta su humilde servidora Me van a perdonar la franqueza, pero eso ocurre porque ustedes, los humanos, han hecho de mis facultades y posibilidades, viles sirvientes de sus intereses, de sus caprichos, de sus egoísmos y ambicion4es También ha sucedido en otros casos que por falta de reflexión y cordura, por estolidez, por desidia, ustedes dirán por cual de estas causas, no han podido hacer uso eficiente de mis facultades y servicios para obtener así los mejores beneficios y la mayor utilidad que esta su servidora habría podido rendirles Reflexionen; la falta no está en mí Piensen: ¿Dónde creen que puede estar? Ante esta situación, que se ha repetido frecuentemente en nuestra historia común, permítanme que me ría de sus pretensiones; que me ría y me indigne, ya que a ustedes, atolondrados humanos, debe su servidora el verse disminuida pudiendo ser tanto No exagero, si reflexionan, verán que no miento Por eso me indigna que otra vez me vuelvan a solicitar, que me invoquen para demandarme que resuelva el trágico relajo político, económico y moral en el que se agitan, debaten y naufragan lamentable y lastimosamente tantos de ustedes Me indigna, digo, y también me aterra, insisto, que, una vez más, quieran hacer de esta servidora el eje sobre el que gire un nuevo intento de recuperación, más coherente, de eso que ustedes llaman "el capital humano", es decir, ¡de ustedes mismos, los hombres! Me aterra, sí, porque no ignoro y tengo en cuenta que por sus necesidades, falta de reflexión y cordura, por su inclinación a la vanagloria o sed de lucimiento personal, sus mejores deseos se ven fácilmente torpedeados por debajo de su línea de flotación Porque sé y no olvido que sus impulsos innatos, necesidades, deseos y pasiones son como detonantes naturales que fácilmente pueden activar sus dormidos instintos de agresión, capaces de convertirlos en peores que animales, así como sus instintos de sadismo y masoquismo, capaces de hacerles caer en el trágicamente perverso "síndrome de Estocolmo" Porque conozco y tengo presente que pueden ser, y son, fácil presa de los reflejos condicionados y que no faltan entre ustedes, hombres, quienes los conocen muy bien y mejor los manejan para convertir a otros en cipayos de sus muy particulares deseos e intereses e incluso en cipayos de sí mismos, de sus propias personas, esto es, que por falta de información necesidad, vanagloria o estupidez de su parte, los vivos que si saben como hacerlo, les lleven a atentar incluso contra sus legítimos derechos e intereses Porque he visto y confirmado que en ese hoy que viven pueden darse y se dan, los más nefandos atentados contra los intereses de los individuos y su sociedad, atentados que se explican, justifican y hasta se legalizan con la desvergonzada filosofía del "puede ser inmoral, pero no es ilegal" que fomenta entre la ciudadanía la cínica doctrina del "no me di cuenta, pero no importa ni me importa" Todo esto que conozco y no olvido es lo que me aterra de su pretensión de que esta servidora sea de nuevo guía y maestra de ustedes, hombres, de que sea el molde de un nuevo capital humano Lo siento, pero sospecho que por lo que conozco y tengo en cuenta, no soy la panacea de sus males, remedio de sus problemas, y me aterra, sí, repito, el que no pueda oponerme a su decisión Que Dios sea con ustedes, por su bien y el mío LA EDUCACIÓN

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