Ricardo Castro, genio de México

lunes, 30 de junio de 2008
México, D F, 30 de junio (apro)- La biografía del compositor duranguense decimonónico Ricardo Castro, escrita por Emilio Díaz Cervantes y Dolly R de Díaz, es de vital interés para los melómanos Ricardo Castro, genio de México, fue editado por el Instituto de Cultura del estado de Durango a través del gobierno de ese estado, y contiene 199 páginas divididas en cuatro capítulos sobre el compositor, una bibliografía y un apéndice Los autores del libro desde 1988 han realizado diversos estudios sobre compositores mexicanos tanto del siglo XIX como XX, y esta biografía de Castro no es la primera publicada, pues también lo hicieron con la de Manuel M Ponce Una de las partes relevantes de la publicación es el contenido del repertorio de la obra musical del compositor Ricardo Castro es uno de los compositores mexicanos más importantes de nuestro país, nacido en 1864 en Durango, es autor del Vals capricho, autor de la primera sinfonía Primer Concierto para Piano y Orquesta, Primer Concierto para Cello y Orquesta, Primera Suite para Piano y Primer Poema Sinfónico, además de óperas como Atzimba y La leyenda de Rudell El siguiente es un fragmento del prólogo: "Los inicios de la música instrumental o cantada en México se encuentran sin la menor duda en tiempos de la Colonia; la época virreinal fue prolífica en autores sobresalientes, criollos, mestizos o indígenas, pues las enseñanzas musicales de los frailes españoles cundieron sorpresivamente dejando profundas raíces entre los habitantes de la Nueva España: I Jerusalén, M Sumaya, A de Salazar, entre muchos más, quienes dejaron escuela en la música barroca del México novohispano Más adelante, en el siglo XIX, luego de consumarse la Independencia nacional en 1821, la música local señala un rompimiento total con la tradición colonial Los habitantes del país liberado, buscando su propia identidad, abandonan el añejo barroco-religioso virreinal y abrazan la música melódica-romántica de moda en el Viejo Mundo, auxiliándose para ello, entre otros instrumentos, del violín, la guitarra, el arpa, y el piano; este último introducido al país a finales de la Colonia y que rápidamente se avino tanto a los músicos y maestros, digamos profesionales, como a todos aquellos que deseaban aprender música "Mientras tanto en Europa, Rossini, Bellini, Donizetti, y otros más, imponían el arte supremo de la Ópera Italiana Consecuentemente, los compositores mexicanos de entonces se sumergen en el océano lírico de la música italiana; de ese modo, Cenobio Paniagua, Miguel Meneses, Aniceto Ortega, Tomás León, Julio Ituarte, Melesio Morales, y muchos más, aceptan la escuela melódica moduladora del ?bel canto?, como única opción musical digna de seguirse en la cultural nacional Posteriormente Paniagua y Meneses, primero, y Morales después, escriben óperas sobresalientes que inclusive merecen la gloria de ser interpretadas en Europa, logrando aplauso unánime del público y reconocimiento de los grandes maestros italianos y franceses En esa misma época surgió en México Ángela Peralta; cantante con voz y talento fuera de serie, quien rápidamente alcanzó el máximo reconocimiento que artista alguno pueda lograr en las salas de concierto de Europa El Ruiseñor Mexicano, Ángela de nombre y voz, son algunos epítetos que la señalan en la cúspide artística del ?bel canto? mundial"

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