Violencia y desesperación

viernes, 29 de agosto de 2008
Es legítimo que frente al incremento de la violencia y sus prácticas más atroces, la sociedad se subleve exigiendo al Estado cumplir una de sus funciones prioritarias: la seguridad Lo que sin embargo alarma es que ese clamor esté acompañado de signos de desesperación que buscan en el restablecimiento de la pena de muerte ?el endurecimiento extremo de las penas judiciales? la solución a un problema cuyas razones están en otra parte Implantar la pena de muerte, además de que nos llevaría a hacer lo que hemos reprochado a los estadunidenses, restablecería en nuestro país una práctica bárbara que ni siquiera cuando fue pública disminuyó el crimen Arthur Koestler, en su alegato contra la horca en Inglaterra, mostró con sólidas estadísticas que de 10 condenados a muerte ocho habían asistido al menos a dos ejecuciones públicas antes de cometer sus crímenes Mucho más sana es la propuesta de sanear la policía y exigir a los jueces que apliquen sin cortapisas las leyes que tenemos Ciertamente esta práctica, ajena a la ya larga tradición de corrupción que caracteriza a nuestro país, bastaría, si no para erradicar el crimen o inhibirlo, sí para disminuirlo Aplicarla ?es lo mínimo que una ciudadanía debe exigirle a un Estado? sería ya un gran paso Sin embargo, ese paso, si no se empieza por castigar a quienes dentro del gobierno o de los poderes empresariales cargan ya con crímenes claramente documentados y públicos ?pienso en Ulises Ruiz, en Mario Marín, en Kamel Nacif, en los Fox, en los hijos de "la señora Marta", en Juan Camilo Mouriño, etcétera?, no servirá de nada La impunidad del poder alienta la impunidad del crimen, cuya fuerza se basa también en el poder Mientras la justicia no empiece por la casa, de nada valdrá la desesperación de una ciudadanía que clama en las calles y en los medios su indignación por la violencia que la asecha San Agustín lo dijo hace 17 siglos con la clarividencia de la sabiduría: "Un Estado que no se rige por la justicia se reduce a una banda de ladrones" que termina por incrementar la violencia que quiere combatir El mensaje que el Estado y los poderes que lo custodian lanzan cada día a la ciudadanía es, por desgracia, un mensaje de impunidad y de violencia, no de legalidad y legitimidad Cuando lo que importa es la conquista del poder por cualquier medio ?el cuestionado triunfo de Calderón, las corrupciones en las elecciones del PRD, la ausencia de ética en las contiendas políticas? y ese triunfo se convierte en valor; cuando quien está en el poder y delinque, lejos de ser castigado es protegido; cuando el fin supremo es el dinero que permite participar de un consumo infinito que día tras día se elogia en los medios como la fuente de la alegría y del placer; cuando la competitividad y el éxito, no la solidaridad y la fraternidad, son el motor de la educación y de la vida pública; cuando el darwinismo social ?expresado en los grandes magnates publicitados por revistas como ¡Hola! o Quién, en las estrellas de las cadenas televisivas, en los anuncios comerciales? es el paradigma del bien; cuando los políticos y los grandes empresarios ganan mil veces más que un trabajador que para sobrevivir invierte 12 horas diarias de su vida sin ninguna esperanza de escapar a la enajenación del trabajo; cuando los seres humanos y la naturaleza son reducidos a "recursos humanos" y a "recursos naturales", es decir, a objetos explotables para la producción; cuando el trabajo honrado ?en el caso de que se pueda acceder a él? es sólo un sistema de explotación donde la mayoría de los trabajadores percibe un sueldo que ni siquiera alcanza para reproducir su fuerza de trabajo; cuando la violencia se elogia como la única vía para combatir la violencia; en síntesis, cuando la vida social se delinea sobre el poder y el dinero, no sólo la justicia es imposible, sino que el crimen se vuelve una fuente fácil de ejercerlo y obtenerlo Esos dos valores que el Estado privilegia se han convertido en los ídolos a los cuales hay que sacrificar a las personas y a la nación, sea de manera legal o ilegal Herederos de tres de los peores males: el poder, el dinero y el consumo sin límites, el Estado y el crimen organizado retroalimentan la violencia Uno y otro, al hacer del poder y el dinero el cubo donde gira la rueda social, han abierto las puertas a la injusticia, al crimen y a la desesperación, que ya no clama por la justicia, sino por la venganza, una forma más de esa espiral de violencia en la que día con día nos consumimos Lo que proclama el egoísmo sagrado de las sociedades modernas es la aspiración del ser a emanciparse del amor y de la sabiduría Porque la sabiduría y el amor ?dos principios que no pueden existir sin la pobreza, sin el límite al consumo y a la productividad sin sustancia, sin el reconocimiento del otro como la fuente de la vida, sin la renuncia al yo y a sus deseos? son una vocación indeseable, que trae cargas difíciles de llevar, el país oscila entre dos polos: el del crimen legalmente custodiado y auspiciado por el Estado, y el del crimen abierto a todas sus posibilidades de las organizaciones delictivas Entre los dos, los ciudadanos desesperamos y no hallamos la justicia Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar a los presos de Atenco y de la APPO, y hacer que Ulises Ruiz salga de Oaxaca l

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