Sobre la traición y los traidores

jueves, 11 de septiembre de 2008
MÉXICO, DF, 10 de septiembre (apro) - ¡Justicia! ¡Justicia!, porque injusto es que, por más de dos mil años, atolondrados y atolondradores cristianos hayan acumulado sobre mi persona todas las maldiciones y condenas, productos ambas del horror, odio u desprecio que les ha inspirado e inspira el acto que marcó mi vida y mi póstuma infame fama, a tal punto que han hecho del mismo el símbolo, suma y compendio de una de las más abominables, negras y mefíticas de las acciones: la traición No voy a discutir en la presente si merezco o no esos sus sentires y calificación, no; la misma sirve para expresarles que ellas me duelen e indignan, porque en punto de deslealtades, en ser traidores, todos, unos por carta de más y otros por cartas de menos, todos, insisto, son traidores Ya está dicho, "el que esté libre de pecado que tire la primera piedra" Traidores son, digo, esos sus políticos que prometen el oro y el moro cuando están en campaña para obtener votos y, cuando han sido elegidos, practican el "si te he visto, no me acuerdo" Traidores son esos sus políticos que diciendo gobernar para todos, desgobiernan para enriquecerse ellos, para enriquecer a sus mujeres, hijos, cuñados o amigos Traidores son esos sus políticos que persiguiendo sus muy aviesos intereses o de grupos a los que pertenecen, hacen uso falaz de idealismos, de la mentira para justificar injustas guerras, de agresión en las que son mutilados de por vida y asesinados inocentes mujeres, niños y ancianos que poco o nada tenían que ver en esa guerra Traidores son esos sus ministros, magistrados, jueces cuando por interés, por miedo, con sus decisiones crucifican a inocentes y con ellos, al mismo tiempo, exculpan a culpables Traidores son esos sus científicos y técnicos que en vez de usar sus saberes en beneficio de la humanidad, los emplean en la invención y construcción de armas de destrucción masiva, biológicas, llegando al colmo de esa atrocidad que muestra el lúgubre y miserable sentido de lo humano que tienen esos científicos y técnicos: la bomba y el proyectil de neutrones, que destruyen las células vivas, pero que dejan intactos los vehículos, edificios e instalaciones industriales, que pueden ser de nuevo utilizados a las pocas horas de que materialmente hayan sido pulverizados los enemigos Traidores también los llamados científicos sociales: psicólogos, psiquiatras, sociólogos, etcétera, que en vez de usar sus conocimientos para engrandecer, para hacer mejores a los hombres y la sociedad, los usan para imaginar y aplicar refinadas y precisas torturas que tienen por objeto destruir la voluntad, el libre albedrío, el desmantelar la personalidad del ser humano, sin que les importe un pito los derechos y la dignidad del prójimo al que se apliquen Traidores igualmente tantos de los denominados representantes de Cristo en la Tierra ?padres, pastores, popes, etcétera-- que, ante las traiciones hasta aquí expuestas, se limitan a recomendar a sus respectivos fieles el perdón de las ofensas y una resignada sumisión y, ante las injustas desigualdades sociales, reclaman y exigen su viejo remedio: la caridad, la beneficencia, la filantropía que nunca ha sacado a los jodidos de sus situaciones, a los pobres de su pobreza Pero terminar con esta lista, digo que también son traidores esa enorme multitud de vivientes de la que el mundo no recordará nada, porque nada hacen, que si bien no son merecedores de vituperio, tampoco son dignos de alabanza, por lo que no serán recibidos en el Cielo y serán rechazados del Infierno, por no haber sido fieles ni a Dios ni al diablo, como bien dijo ya el Virgilio del Dante Ante ese caudal oscuro y viscoso de las traiciones, pienso que ninguno de los traidores tiene derecho alguno sobre mi persona, a tirarme piedras; no tienen ningún derecho para maldecidme ni para condenarme y son mucho menos merecedores de consideración que su servidor, pues pocos de entre ellos hay que se horroricen de sus traiciones o se deshagan de sus dineros mal habidos y, mucho menos, que por remordimientos, tomen la determinación de ponerse la soga al cuello para dar el último baile con los pies en el vacío He dicho, he escrito Los espero Sin más JUDAS ISCARIOTE

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