El Grito ¿de qué?

domingo, 14 de septiembre de 2008
"¡Qué nacionalistas son ustedes!", me dijo una azafata colombiana mientras despegábamos de México un 16 de septiembre La noche anterior había visto la ceremonia del Grito y estaba sorprendida de nuestra capacidad de expresar amor a la patria con cornetas y lluvias de confeti Su comentario no era crítico sino admirativo En vísperas del bicentenario de la Independencia, ¿qué estado de salud guarda nuestro sentido de la identidad? Por principio de cuentas habría que considerar que el nacionalismo hecho en México no es defensivo ni reivindicativo como la mayoría de los movimientos étnicos o culturales que subdividen Europa en tiempos de globalización Se trata de un nacionalismo fiestero Cuando gritamos "¡Viva México!" no pensamos en reconquistar Texas ni expulsar a los argentinos que ocupan puestos en las pasarelas de la moda o la delantera de la selección nacional Nos entregamos a la ceremonia para preservar la muy mexicana costumbre de estar juntos y de preferencia apretujados Aunque las banderas tricolores de tamaño S, M, L o XL vengan de Hong Kong, sirven de eficaz salvoconducto para lanzar cohetes, comer esquites, tomar las plazas Sólo el 15 de septiembre la vida pública se interrumpe por frenesí Ser patriota en esa noche significa aplastar un cascarón de huevo relleno de confeti en la nuca de tu compadre y que él sonría, agradecido por el guamazo fraternal La dimensión del suceso es íntima, del todo ajena a la conducta del Producto Interno Bruto, los precios del petróleo o la actuación del presidente No se festeja el estado de la patria sino nuestro gozo de gritar en nombre de la patria Fragmentos de la crónica que Proceso publica en su edición 1663

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