Paralímpicos de Pekín

jueves, 25 de septiembre de 2008
MÉXICO, D F, 24 de septiembre (apro)- Digo y sostengo, en las líneas de la presente a ese buzón Paralímpicos de Pekín, porque los mismos han puesto de manifiesto, una vez más y de manera contundente, de que está hecho y en que nos está convirtiendo el mundo de la globalidad en que hoy respiramos; mundo, a juzgar por los hechos, integrado por discriminaciones, subordinaciones, apariencias, mentiras, de cinismo y desvergüenza Esta no es una opinión personal, no, en modo alguno; es producto de la visión de hechos que a todos nos circundan A las pruebas me remito Repito, dichos juegos de nuevo han puesto en evidencia que así como en el medioevo europeo todo pensamiento y acción eran sirvientes de la religión, del mismo modo, en la globalidad en la que hoy respiramos, todo pensamiento y acción está al servicio, es sirviente del negocio, de la ganancia, del dinero Verdad es que en dicho mundo también se cumple a rajatabla, sí, el que todos somos iguales? pero en teoría, porque en la práctica lo que si se cumple, es el que algunos son más iguales que otros Como no lo ignoran, estimados lectores, esta globalidad de hoy en la que respiramos y nos movemos no se cansa de decirnos y hasta de exigirnos en todos los tonos y en todos los lugares que puede, que debemos ser competitivos si no queremos correr el riesgo de ser obsoletos, de estar de más en este mundo; de que en la competencia está nuestro ser y nuestro premio ¡Qué bien y que bonito! ¿Pero qué sucede en la realidad? Que la práctica de esa ideología muestra, demuestra y confirma que no importa el mayor esfuerzo, el mayor tesón por ser competitivo, que toda su propaganda sobre la igualdad, que toda su prédica y exaltación de la competencia no son más que pura hipocresía, convencional publicidad, ya que en los hechos, las personas no existen ni son evaluadas por la mera razón de serlo, ni tampoco por lo que se esfuercen para ser competitivos, ni por los méritos ganados en competencias, sino en la medida de su rentabilidad, en la medida en que producen o pueden rendir beneficios, en la medida en que son o puedan ser negocio, en la medida que producen o prometen producir dinero Al respecto, vean y reflexionen con lo que acaba de pasar en los Juegos Olímpicos y Paralímpicos celebrados en Pekín Durante meses previos a la apertura de los primeros, los diversos medios de comunicación ?bueno, no todos que hubo excepciones, excepciones que confirman la regla-- abrumaron hasta entontecer a la opinión pública con la publicidad de los mismos Dedicaron horas y más horas a publicitarlos, a cubrirlos, a motivar al público con la repetición hasta el cansancio de la celebración de la obtención de esta o aquella medalla, por magra que haya sido la cosecha de las mismas Luego, cuando se realizan a continuación los Paralímpicos en el mismo Pekín, ¿qué sucede?, pues que es notable el vacío de promoción, de publicidad y miserable el tiempo dedicado a miserable y sórdida la información sobre los mismos en esos mismos medios de comunicación, aunque la cosecha de medallas haya sido mayor, y con menor integrantes, por parte de los atletas discapacitados, que los obtenidas por los atletas de alto rendimiento en plena posesión de sus facultades Y eso no es todo Díganme si no es como para sentir pena ajena el ver y constatar que comentaristas, conductores, periodistas de esos mismos medios --que por cierto últimamente se sienten y proclaman que son campeones de la libertad de expresión-- que por días y días y por horas y horas ocuparan espacios en la prensa escrita, en el medio radiofónico o televisivo promoviendo los Juegos Olímpicos, cubriendo su desarrollo, apenas dedicaron unos raquítico segundos y unos comentarios condescendientes y formalistas a los Paralímpicos y a los triunfos de los atletas discapacitados Y, por último, lo más lamentable y patético es ver, escucha o leer como esos mismos columnistas, conductores, comentaristas, denuncian indignados, señalan culpables y exigen responsabilidades y demandan mayor y mejor atención, que se les motive más a los atletas minusválidos, ya que las becas y premios que se les conceden por medallas obtenidas, son muy interiores a las becas y premios concedidos a los atletas de alto rendimiento en plenitud de facultades ¿No es tener dos varas para la ética, una para medir la ajena y otra la propia? A qué se deberá esa actitud, ¿a la inconsciencia o a qué? Piensen y díganme si esos hechos, que no tienen en cuenta más que la rentabilidad de los individuos y a ella se ajustan, polarizan o no, dividen o no a las personas en seres de primera, segunda y hasta de tercera y cuarta, si esa polarización de las personas en ricos y pobres no fomenta o sí, la discriminación y la subordinación Sin más por el momento, con afecto para todos Pato Chamoy

Comentarios