¡Temblemos!

lunes, 2 de noviembre de 2009 · 01:00
MÉXICO, D F, 29 de octubre (apro)- Apreciados congéneres: si como afirman los que dicen que saben de esto, o sea los científicos, la materia que conforma el universo es uniforme en estructura, composición y comportamiento en todo el cosmos, por lo que puede decirse que las leyes que la mueven en nuestro planeta son también válidas para el universo en general, lo que quiere decir que no somos únicos, que la inmensidad del mismo está abierto a la vida; que como afirman tantos científicos, es muy posible la realidad de otros muchos mundos habitados
Y si en verdad esos posibles habitantes de otros mundos, por las leyes que rigen universalmente a la materia, pueden parecerse a nosotros, los seres del planeta Tierra; es decir, que pueden ser competitivos, respondiendo así a la teoría darviniana de la selección natural, a la ley de la sobrevivencia del más adecuado al medio, el más fuerte y el mejor dotado para sobrevivir, si todo esto es cierto, entonces es como para que nos pongamos a llorar, a temblar
Sí, leyó bien, apreciado lector Y lo digo porque, si todo es así, tenemos, en primer lugar, que la mayoría de las enseñanzas del libro que tanta importancia ha tenido y tiene en la denominada Civilización Occidental y Cristiana, que es la que rige y ha conformado mayormente la globalidad en la que vivimos actualmente, me refiero a la Biblia, quedan en leyendas, en anécdotas Lo del Paraíso, la creación de los primeros padres, de Adán y Eva; el rescate del Diluvio Universal por Noé tanto del hombre como de todas las especies; la inclinación o preferencia de la divinidad por algunos hombres en detrimento, en perjuicio de otros, así como su alianza especial con los mismos, quedan en esfuerzos de los humanos para explicarse la realidad, para responderse a sus angustiantes preguntas de qué es, de dónde viene y a dónde va a parar o terminar? y también del arrogante narcisismo tan común al hombre
Apreciado lector de la presente, usted dirá si tantas y tantas personas que creemos y fundamentamos, en buena medida, nuestras vidas en las tradiciones judías recogidas en la Biblia podemos sentirnos o no golpeados por estos hechos científicos, que en cierta medida son también una crítica del hombre a su proclive tendencia al antropocentrismo, que a algunos incluso nos hagan sentir que perdemos piso y nos precipitamos en la angustia y la desesperación con eso de la pérdida del sentir que no somos en modo alguno seres de excepción
En segundo lugar tenemos que si son ciertos tantos rumores, las numerosas consejas que circulan entre la gente y que ventilan los medios sobre los avistamientos y aterrizajes de platillos voladores, al igual que de las presumidas estancias de habitantes de otros mundos a nuestro planeta e incuso su misteriosa y callada conviviencia con los terrícolas desde hace ya algunos ayeres, si son ciertas, repito, todas esas suposiciones, ¡ay de nosotros!, pues esos indica que técnicamente están mucho más adelantados que nosotros; ¿y su disimulada convivencia entre los hombres?, pues eso parece señalar que no tienen muy buenas intenciones respecto de los humanos, confirmando lo que tantos y tantos autores de la llamada ciencia-ficción han señalado, por lo que tendremos que enfrentarnos, tarde o temprano, con esos crueles extraterrestres superdotados y cargados con las más negras intenciones hacia los pobladores de este planeta Apreciado lector de la presente; si los hechos son así, dígame si no es para que nos pongamos a temblar
Mas no seamos pusilánimes, no nos pongamos tan trágicos, pues muy bien puede ser, ¿por qué no?, que esos futuros verdugos de nosotros, esos horrorosos monstruos de maldad que quieren nuestro exterminio no sean más que fantasmas, proyecciones, creaciones del innato narcisismo humano, herido, despechado e, incluso, angustiado por los hechos científicos expuestos, que le dicen que no es único, mucho menos excepcional y que tampoco es el preferido de ninguna divinidad, creencias que tanto y tantas veces han servido para justificar, para legalizar prácticas de dominio, de sojuzgamiento, de discriminación, de racismo, de xenofobia y hasta para asesinatos masivos? en fin, a tantas y tantas desviaciones de conducta que se pueden rectificar con un buen tratamiento psicológico? siempre, por supuesto, que haya propósito de enmienda y voluntad para hacerlo
Si así puede ser, no nos queda más que rezar pidiéndole a Dios que así sea, para bien de todos
Apreciados congéneres: ¿creen qué seremos capaces de hacerlo? ¿Qué responden?
Sinceramente de ustedes
Inocencio Buenafe

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