Otra respuesta

lunes, 23 de noviembre de 2009 · 01:00
MÉXICO, D F, 18 de noviembre (apro)- Sr Don Bulmaro Penitente Muy señor mío: con sumo interés me enteré del contenido de una carta suya a este mismo buzón en la que expresaba su inquietud por tanto pobre que hay en esa su globalidad en que respira, así como su temor al futuro a causa de ellos y su desencanto por la caridad religiosa y la filantropía privada, tan abundante y publicitada para acabar con las miserias de los mismos
En lo personal, pienso que le asiste toda la razón al pensar y escribir que es como para llorar el ver y comprobar como la denominada civilización Occidental y Cristiana que, como usted señala, es la que desde hace años conforma y rige la globalidad en la que respira, con sus dos mil años de ejercicio o de caridad al prójimo, de revoluciones paradigmáticas como la francesa y la rusa, hecha la primera por la libertad y la igualdad y fraternidad entre todos los hombres, y la segunda para sacar, para poner arriba a los pobres del mundo, no haya podido acabar con la pobreza ni los pobres ¡ni siquiera en los propios países occidentales y cristianos!, no cumpliendo con el refrán que a la letra dice: "El buen juez, por su casa empieza"
Y peor aún, que la caridad religiosa, la libertad, la igualdad, la filantropía, la lucha por poner arriba a los pobres del mundo tantas y tantas veces hayan sido puestos al servicio de los intereses materiales de grupos de poder político, religioso, financiero, industrial o mercantil de esa misma civilización Occidental y Cristiana para sojuzgar y despojar; esto es, para hacer pobres a otros pueblos, a tantas y tantas etnias no pertenecientes a la misma, como ha hecho el viejo colonialismo europeo y estadunidense en el pasado y sigue haciendo el neocolonialismo, puesto en práctica por los mismos después de la Segunda Guerra Mundial
Ante esta situación global, a la que el desastre financiero que padecen hoy la ha dejado con el trasero al aire; es decir, que a puesto en evidencia ineptitudes de la iniciativa privada, la que presume de saber hacer más y mejor las cosas; ineptitudes que han aumentado el número de los pobres en el mundo y profundizado y ampliado la brecha que separa a éstos de los ricos, a este su servidor le llena de estupor la insistencia de tantos políticos y del capital privado en su airado rechazo al impuesto directo; esto es, a que se graven directamente los capitales y las rentas de las personas, a que paguen más los que más ganan, a que paguen más los que más tienen, así como la resistencia de los patrones a aumentar los salarios, con la justificación de que ello desincentiva la inversión de capital y perjudica el empleo Estas medidas y otras parecidas, ¿no empobrecerán más al ya de por sí empobrecido poder adquisitivo del salario de tantos y tantos trabajadores? Este su humilde servidor nada más pregunta:
Los pobres siempre tienen hambre, como bien se sabe, o como se dice hoy --¿por pudor?--, ¿por no ofender? ¿o por miedo a nombrar las cosas por su nombre?, padecen de insuficiencia alimentaria Y todos sabemos que el hambre es mala consejera, que puede llevar al que la padece a toda clase de prostituciones, tanto físicas como psicológicas, al delito individual, a la asociación criminal, a las protestas, a la revuelta y a la revolución Por eso, su servidor, que sabe lo que es una revolución por haber participado en una de ellas, la mexicana, cuyas andanzas en la misma fueron recogidas por Francisco L Urquizo en el libro Fui soldado de levita, desea con ardiente sinceridad que los que tienen en sus manos el poder de decisión, sean y reflexionen sobre mis siguientes palabras: "? quiero recordarles a los que mandan y manejan lo que logramos nosotros, que no se vuelvan para atrás, para que no haya necesidad de otra bola como la que hicimos nosotros y que fue tan dura
"Las revoluciones son cosas de cuidado porque las hacen los que nada tienen que perder, los desheredados, los pobres que no pueden perder más que lo único que poseen, que es su propia vida y ésta, para muchos, no vale nada y más bien es un estorbo Lasa revoluciones nunca las hicieron ni las harán las gentes ricas  o acomodadas
"Cuídense de los pobres y de los desesperados; son muchos más que los otros y nada tienen que perder"
En espera de que, por el bien de todos, se cumpla este mi ardiente y sincero deseo, queda de usted s s s
Desiderio González

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