"La lección", de Ionesco

lunes, 14 de diciembre de 2009

MÉXICO, D.F., 9 de diciembre (apro).- En el centenario del nacimiento de Eugène Ionesco (1909-1994), el Centro Cultural Helénico presenta, en el foro La Gruta, una excelente versión de La lección, obra surgida de la pluma del célebre dramaturgo rumano nacionalizado francés, en una dirección que refrenda las capacidades de Enrique Singer en este rubro, más allá de su faceta de actor.

La presencia de Ionesco en México ha sido muy importante desde los ciclos Poesía en Voz Alta, cuando Octavio Paz fue el primer mexicano en traducir a Ionesco para el estreno de El salón del automóvil, en 1956, bajo la dirección de Héctor Mendoza.

Ahora Enrique Singer revisita a este autor muy socorrido y gustado en nuestro país, quizá entre otras cosas por su sentido de lo macabro --muy acorde a la sensibilidad del público mexicano--, elemento evidente en La lección.

Resulta muy gratificante esta lectura de La lección, ya que Ionesco es uno de esos autores que, una vez pasada la efervescencia, entran en una especie de limbo, y si logran salir de ahí se convierten en clásicos cuando las nuevas generaciones encuentran en su obra valores reconocibles.

Por lo pronto, la versión de La Lección que se presenta en La Gruta nos presenta a un Ionesco fresco, muy vigente a través de uno de sus temas más recurrentes: la incomunicación humana, expresada a través de un profundo humor negro, muy alejado de las convenciones del realismo.

Los personajes de La lección --interpretados por Arturo Ríos (profesor), Mónica Torres (Alumna) y Cecilia Romo (sirvienta)-- son seres producto de una sociedad absurda, en la que se encuentran inmersos sin ser conscientes de ello.

En escena vemos los desatinos de un profesor que profiere un discurso “pedagógico”, “aleccionador”, sin sentido alguno, mismo que va dirigido a una estudiante que pretende prepararse para su doctorado, sin saber que está a punto de sufrir la más terrible e irracional de las violencias.

Singer logra un extraordinario equilibrio actoral entre la experiencia y madurez histriónica de un sobresaliente Arturo Ríos, combinada con la frescura de Cecilia Romo, terciados por una experimentada y expresiva Cecilia Romo que, en conjunto, logran generar la necesaria atmósfera que combina el miedo con el humor y el absurdo, elementos que mueven a la reflexión del público.

En este sentido, la propuesta requiere de un espectador activo, atento, que identifique en estos personajes el ejercicio abusivo del poder a niveles de tortura y sometimiento, donde los argumentos son lo de menos cuando la aniquilación del otro es el fin último.

Las acciones se desarrollan en la casa del maestro, un mundo univoco y siniestro, donde prevalece la complicidad y la justificación de cualquier acto, por más irracional que éste sea, circunstancias que derivan necesariamente en la impunidad.

La escenografía de Auda Caraza y Atenea Chávez, así como la iluminación de Juliana Faesler, arropan este montaje que demuestra la vigencia de un texto escrito hace más de 50 años. Las funciones se realizan los domingos a las 18:00 horas y los lunes a las 20:30. Reinicia el 24 de enero y prologará su temporada hasta el 13 de abril.

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