A la mitad de la decadencia

sábado, 19 de diciembre de 2009

Navegando a la deriva durante los tres años que lleva este sexenio, con un proyecto empantanado, sumido en pugnas y bajas negociaciones, con recursos escasos y mal repartidos, el sistema educativo nacional está en su ocaso.

Mientras en otros países la educación y la ciencia son consideradas vitales para alcanzar mayores tasas de desarrollo y enfrentar las crisis económicas, en México estos componentes no importan mucho, más allá de lo que se dice y se proclama en los discursos políticos. En Estados Unidos, por ejemplo, debaten en estado de alerta el declive educativo y científico, y buscan remontarlo a través de reformas legales, con incrementos importantes en el financiamiento público y privado, y con la promoción de programas sustantivos de mejoramiento de la calidad de la educación (confróntese National Center on Education and the Economy, Tough Choices, Tough Times, Washington, 2008; Discurso de Barack Obama, febrero de 2009).

En esas referencias, las cifras dan cuenta de que la capacidad de innovación y la competitividad de EU están bajando de manera ostensible, sobre todo frente a algunos de sus principales competidores –como Singapur, Corea del Sur, Japón, India, Suecia y Brasil– en áreas tan importantes como los semiconductores, las patentes farmacéuticas con sus aplicaciones (véase de dónde vienen las vacunas para la influenza que estamos comprando a costos millonarios) y las fuentes alternas de energía, pero sobre todo en lo relacionado con la calidad de su “capital intelectual” (Newsweek, 23 de noviembre de 2009).

En respuesta, el gobierno estadunidense está planteando elevar los esquemas salariales, las compensaciones y los niveles de formación universitaria de los profesores, así como mejorar las condiciones de inversión en ciencia y tecnología. En Brasil la preocupación es la misma. En un reciente artículo (Folha de Sao Paulo, del 22 de noviembre último), Fernando Haddad, actual ministro de Educación, señala algunas de las principales enmiendas constitucionales que ha impulsado el gobierno de Lula en este campo: a) la obligatoriedad de ofrecer educación al grupo de edad de cuatro a 17 años; b) la obligatoriedad de aplicar en el sector ciertos montos de recursos públicos como proporción del PIB; c) el establecimiento de un piso salarial para el magisterio que empezará a operar a escala nacional desde el 1 de enero de 2010; d) la elevación de la inversión por alumno, desde la educación infantil hasta la media, incluyendo a jóvenes y adultos; e) la inclusión educativa de todos los hijos de familias pobres hasta completar nueve años, y f) la extensión de los programas de libros didácticos, alimentación, transporte y salud escolar para todos los estudiantes de los niveles básico y medio. Lo mismo está ocurriendo en otros países donde las prioridades son la educación, la ciencia y los conocimientos, procurando incidir de forma integral en la inclusión educativa, la calidad de la investigación y la innovación.

En contraste, en nuestro país se va para atrás con la reducción de los recursos para la educación y la investigación científica, al igual que con la promoción de medidas vergonzosas que sólo conducen a la ignorancia (como las leyes contra el aborto y las expresiones de incultura nostálgica del secretario de Gobernación al referirse al ciclo reproductivo), y sin hacer nada a favor de la equidad, la inclusión y la calidad social del servicio educativo.

Así, las prioridades del actual gobierno se concentran en: favorecer política y financieramente a los gobiernos estatales proclives a su partido; no emitir opinión alguna frente a los embates contra la laicidad que de manera increíble están ocurriendo; insistir en que deben modificarse los mecanismos de otorgamiento de las plazas para reclutar a los maestros de educación básica, sólo como una manera de transmutar el control que se tenía de parte del SNTE en beneficio del mismo SNTE; y proclamar como lo máximo el enfoque de “competencias” y las evaluaciones, cuando en el mundo dejaron de ser moda hace muchos años.

Todo, en un panorama donde el secretario de Educación afirma que su único interés está en dar continuidad a las bibliotecas de aula y propiciar la participación de los padres de familia (¿se ha reunido alguna vez con ellos?), a la vez que promueve su libro sobre la historia del PAN y sigue “bailando con la más fea” (Líderes, octubre de 2009, página 46). Así andaba el titular de la SEP en tanto se discutía el presupuesto para el sector, al grado de que el mismo secretario general del SNTE le reclamó su escaso trabajo en las negociaciones que se dieron en la Cámara de Diputados, y el director de la revista az y presidente de la Fundación para la Cultura del Maestro –instancias vinculadas a la cúpula del SNTE– lo increpó por su falta de liderazgo y de “quehacer político y de coordinación” en lo relacionado con el retraso que se presenta en los acuerdos de la denominada Alianza para la Educación (Reforma, 29 de noviembre).

Así se vive el estancamiento en el sistema educativo, primero sumido en las pugnas, rabietas y desplantes cotidianos entre la anterior secretaria de Educación y la dirigente del SNTE, y ahora en medio del ensimismamiento e irrelevancia del secretario de Educación, con una SEP que no sale de sus conflictos y sin que hagan mella las cifras que dan muestra del mayor empantanamiento que se haya conocido en la historia del sistema educativo nacional: en 2010 el gasto total federal para educación será, en términos reales, equivalente al 3.8% del PIB, mientras que a educación superior le corresponderá el 0.6%, y a ciencia y tecnología el  0.3%. Lo demás es demagogia o es pura vergüenza.