La Marina relega a un Ejército bajo sospecha

domingo, 20 de diciembre de 2009

El reciente protagonismo de la Secretaría de Marina-Armada de México en el combate al narcotráfico, que culminó con la muerte de Arturo Beltrán Leyva, pone de relieve la creciente desconfianza de la sociedad en el papel desempeñado por la Secretaría de la Defensa. Una de las causas que explican el recelo ante el despliegue de efectivos de la Sedena por todo el territorio nacional son las constantes violaciones a los derechos humanos por parte de esta institución.

En lo que ha sido la acción más espectacular de la “guerra” del gobierno federal contra el narcotráfico, el Ejército quedó relegado. A pesar de que durante tres años el presidente Felipe Calderón lo ha utilizado como su ariete en los principales operativos, esta vez decidió darle el protagonismo a la Armada.

La decisión de dejar en la Secretaría de Marina-Armada de México (Semar) la cacería de Arturo Beltrán Leyva, El jefe de jefes, generó dudas sobre los motivos por los que el Ejército quedó como mero espectador, no obstante que el enfrentamiento registrado la noche del miércoles 16 en Cuernavaca, en el departamento donde se refugiaba el narcotraficante, ocurrió a unas cuantas cuadras de la Zona Militar 24, que está al mando del general de brigada DEM Leopoldo Díaz Pérez.

Pese a la cercanía del Ejército con la guarida de Beltrán Leyva, los efectivos de la Marina llegaron desde el Distrito Federal para capturar al tercer hombre “más buscado” de México y Estados Unidos, que durante años gozó de protección institucional en la capital de Morelos.

El operativo –que se prolongó hasta la madrugada del jueves 17 y costó la vida a seis sicarios y un efectivo de la Marina– consolidó la intervención de la Armada en operaciones en zonas “de tierra” que hasta hace poco eran de control exclusivo del Ejército.

Para el próximo año se esperan más operaciones de la Semar en la línea del frente contra el narcotráfico. De acuerdo con el presupuesto 2010, la Armada tendrá cerca de mil 500 plazas más para personal operativo.

El golpe del gobierno de Calderón a los Beltrán Leyva llegó en mal momento para la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), con el Ejército cuestionado nacional e internacionalmente por las crecientes quejas de violación a los derechos humanos, pero también por las dudas expresadas por la Iglesia católica y el gobierno estadunidense sobre la conveniencia de que siga teniendo un papel preponderante en el combate al narcotráfico.

Más delicado es el cuestionamiento de especialistas sobre la protección oficial que tuvo quien fue la cabeza del cártel de los hermanos Beltrán Leyva y que hizo de Cuernavaca su centro operativo, tal y como lo han hecho otros narcotraficantes desde los años 80, tanto en los gobiernos del PRI como en los del PAN.

Un exjefe de inteligencia militar dice a Proceso: “Beltrán Leyva se pudo asentar en Cuernavaca porque gozó de una bien aceitada protección. Del nivel de impunidad con el que se movía habla la gran fiesta en la que irrumpió la Marina” el pasado viernes 11 de diciembre, en su primer intento de capturar al narcotraficante.

La narcofiesta, una preposada, era amenizada por tres bandas musicales –Los Cadetes de Linares, Torrente Musical y Ramón Ayala y los Bravos del Norte– y mujeres contratadas. “¿Qué nivel de protección debió tener Beltrán Leyva para hacer un desplante como ese, moviendo a más de 50 personas para su diversión?”, se pregunta el militar en retiro.

El capo se sentía tan seguro que decidió acudir a la fiesta a pesar de que la hacienda donde se realizaba es una ratonera, pues está cerrada por todas partes. Incluso el departamento donde se escondía, en el complejo Altitude, estaba muy cercano a la zona militar, señala.

Este es un extracto del reportaje que se publica en la edición 1729 de la revista Proceso que empezó a circular el domingo 20 de diciembre.