Arriaga pide apoyo a la danza independiente

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Hace dos años, Guillermo Arriaga fundó una compañía para el rescate de la danza mexicana de la época de oro. Ahora, ante el proyecto del Instituto Nacional de Bellas Artes de crear una agrupación con objetivos similares, el coreógrafo narra su experiencia independiente basada en el trabajo sin remuneración.

 

El coreógrafo Guillermo Arriaga no oculta su sorpresa al enterarse de que el INBA creará una Compañía Nacional de Danza Contemporánea de México, con el ánimo de recuperar el patrimonio dancístico de los años cuarenta y cincuenta, y dar cabida, asimismo, a propuestas de nuevos coreógrafos.

“Me estoy enterando por ti”, dice a la reportera de Proceso mientras prepara una taza de té en su departamento cercano al Periférico Sur. Y acota:

“Yo no conozco a Teresa Vicencio, directora de Bellas Artes, pero en cuanto la conozca le voy a decir que para qué busca crear una nueva compañía si ya tiene ese mismo proyecto con nosotros.”

Arriaga, de 83 años de edad, es Premio Nacional de Ciencias y Artes 1999, Medalla de Oro de Bellas Artes en noviembre de 2003 por su labor de 54 años en esa institución y por el medio siglo de su ballet Zapata –obra clave de la época nacionalista de la danza mexicana–, y desde 2007 consejero de la Crónica de la Ciudad de México.

Fundó la Compañía Mexicana de Danza Contemporánea hace dos años, cuyo objetivo es “el rescate, la reposición y documentación de las obras más relevantes de la danza mexicana y la creación de nuevas propuestas en la misma estética, donde confluyen los más importantes compositores, artistas plásticos, escritores y coreógrafos destacados”.

 

Época de oro

–¿Qué opina de que el INBA anunció que va a crear un proyecto para la recuperación de obras de de los años cuarenta y cincuenta?

–Si es un proyecto similar al nuestro, ojalá nos apoyaran mejor a nosotros, yo feliz. La compañía ya está creada con ese propósito, nosotros encantados de que nos apapachen. Felices.

–¿Qué hace exactamente su grupo?

–La idea es revivir algunas obras de los años cincuenta.

Menciona que hasta ahora ya se han recuperado El sueño y la presencia, de él mismo, con música de Blas Galindo y diseño escenográfico de José Chávez Morado, así como La balada del venado y la luna, de 1951, de Ana Mérida, también con música de Galindo y escenografía de Chávez Morado.

“Tenemos pendiente La manda, de Rosa Reyna, con libreto de Juan Rulfo y música de Blas Galindo; mi Zapata, con música de Juan Pablo Moncayo y diseños de escenografía y vestuario de Miguel Covarrubias; Soy, que hice el año pasado y algunas otras más, y al mismo tiempo darle lugar a los jóvenes para que hagan nuevas obras.”

–¿De dónde surgió la idea?

–Creo que no es justo que todo ese movimiento tan importante en la cultura en México desaparezca. Todo comenzó en los años cuarenta con Ana Sokolow y Waldeen. Ahí intervino todo mundo, desde Juan Rulfo hasta José Revueltas, Miguel Covarrubias, Blas Galindo, Juan Pablo Moncayo. Culminó con Miguel Covarrubias. Él fue una especie de Diaghilev mexicano porque a través de su impulso se crearon partituras y ballets.

–¿Qué opina de que algunos investigadores consideran que no existió una “época de oro” en la danza?

–Cómo qué opino. Por eso hice un libro. Si eso no fue una época de oro, entonces no sé cuál lo fue, porque la de cine fue industria. Esto de la danza sí lo fue. A raíz de eso fue que me puse de reportero en 1990, tardé 17 años para que me publicaran. Ahí están todas las explicaciones, y que venga alguien y me diga que es un mito. Hay referencias de Alberto Dallal y de Patricia Cardona. Pero no estaban los hechos concretos.

“Y es que aquí no hay memoria, por eso dediqué ese libro a los jóvenes, para que tengan raíces, si no qué, eso de nacer cada seis años no es posible. Si fácil no ha sido. Por un lado me encanta mi trabajo, pero los chicotazos han sido terribles también.

–¿Cómo ha reconstruido las obras?

–En el tiempo en que se hicieron no había nada de registros. Las reposiciones se han hecho a base de memoria. Zapata fue de las primeras de las que se hizo un registro formal, tenemos videograbaciones. Quizá no todo lo que hemos repuesto es exactamente igual, pero el trazo es el mismo. Lo que no creemos justo es que todo ese bagaje quede totalmente olvidado y perdido.

 

Por la libre

Guillermo Arriaga afirma tener el ánimo para seguir conduciendo la compañía que codirige junto con Rodrigo González, aunque no tienen fondos para trabajar.

“No tenemos apoyo de ninguna parte. Las primeras presentaciones las tuvimos exactamente hace dos años. Hicimos una presentación oficial y luego tuvimos una gira a Japón y Uzbekistán. Posteriormente se hizo una pequeña temporada en el Jiménez Rueda. Es una compañía totalmente independiente, los muchachos no tienen sueldo, ni yo tampoco ni Rodrigo González. Es un proyecto como siempre, de pasar la charola, de pura voluntad. Los muchachos son bailarines que trabajan en el Ballet Independiente, en la Compañía Nacional de Danza y en el Taller Coreográfico de la UNAM con los permisos correspondientes y que nos dan su tiempo con muy buena voluntad.

–¿Cómo ha sido recibida la compañía?

–Muy bien. Yo tenía mucho miedo porque no sabíamos cómo iba a reaccionar el público, sobre todo con las obras viejas. Y la respuesta ha sido estupenda, tanto de los jóvenes como de los adultos que acudieron, y hasta a algunos se les salieron las lágrimas. Para nosotros ha sido un acierto y nos hemos dado cuenta de que no estamos equivocados.

–¿Cómo ha recibido el medio de la danza su propuesta?

–Hemos tenido una recepción muy cálida, con muy buena respuesta.

–¿No hay grillas ni celos?

–Nomás faltaba. No le estamos quitando nada a nadie. Al contrario, con los permisos correspondientes y los muchachos que han cooperado con nosotros, los resultados han sido magníficos, pero no podemos seguir así por mucho tiempo, no es justo que los muchachos no tengan ninguna remuneración. Y yo no puedo estar gastando lo poco que tengo repartiendo. Insisto, no tenemos apoyo de nadie, sólo la voluntad de las instituciones que les permiten a los muchachos bailar conmigo.

–¿Cuántos bailarines son?

–Diez o 12, algunos más cuando hacemos El sueño y la presencia. No es muy numerosa por falta de elencos, vamos, de presupuesto. Para las giras hemos aprovechado y hemos llevado un poco de nuestro folclor para mostrar lo que es México en ese sentido también, no estamos cerrados a nada. Hemos bailado en Jalisco, Nayarit. Pedimos prestado vestuario. La Compañía Nacional de Danza nos ha ayudado mucho.

–¿Qué proyectos tiene para el año que viene?

–Tenemos un proyecto para el Bicentenario. En noviembre del año que entra se hará un gran homenaje a mi abuelo Ponciano Arriaga y se representará durante él mi Zapata. Será en el Seminario de Cultura Mexicana. Hay una sala de conferencias y ahí se bailará sin problemas, porque mi obra se ha bailado lo mismo en un estadio que en la sala de una casa. Esto ya fue hablado con Arturo Azuela.

–¿No le importa estar en las filas de los independientes después de 60 años de estar en el medio?

–Tengo un chorro de premios, pero de lo que vivo realmente es del Premio Nacional. Tengo ganas de vivir y salir adelante. Eso sí, nuestra oficina está aquí en mi departamento, en la segunda recamarita. Todo me cuesta a mí, la computadora, la impresora, la tinta, la papelería, todo lo pongo yo.

“La danza es mi vida. No sé de dónde saco la fuerza, tengo 60 años de que entré al INBA y sigo en esto. Es una obligación de la vocación, de cumplir con el país. En ocasiones digo que yo soy muy masoquista porque a pesar de que me han pasado cosas terribles, sigo amando a México y seguiré así hasta que me ‘pele’”.

 

Comentarios