La danza como empresa cultural

viernes, 20 de febrero de 2009 · 01:00
MÉXICO D F, 18 de febrero (apro)-Desde la llegada del Tratado de Libre Comercio (TLC) se ha venido imponiendo en México el concepto de que la danza académica debe de ser "productiva", y que los artistas deben de ser "autogestivos"
         Habrá que preguntarse entonces, si en medio de una de las peores crisis económicas por las que ha atravesado el país, es posible insistir en que las compañías de danza, especialmente los de la contemporánea, tendrán posibilidad alguna de responder a la definición establecida por la Real Academia de la Lengua que establece que una empresa se define como:
         "Unidad de organización dedicada a actividades industriales, mercantiles o de prestación de servicios con fines lucrativos"
         Más allá de ciertas excepciones que, por supuesto, hacen a la regla --Ballet Folklórico de México, que goza de una serie de injustificables beneficios por parte del gobierno--, ninguna compañía nacional tiene la oportunidad de ser un negocio boyante y mucho menos una organización solvente ni tiene, en sentido estricto, por qué serlo
         Si bien la Constitución considera el derecho a la educación y cultura como un derecho irrenunciable, a partir de la entrada del TLC el punto a discutir sobre el apoyo a ciertas manifestaciones artísticas ha quedado  siempre en la indefinición
         De hecho, no hay que olvidar que el jefe de los negociadores mexicanos en TLC, Jaime Serra Puche, declaró puntualmente al iniciarse las pláticas en Canadá:
          "Respecto de la cultura, es un asunto que no es tan relevante para México"
         Al paso de los años, poco a poco se han establecido diversas áreas de apoyo a el arte y la cultura danza, se han instrumentando estrategias para su fomento, pero el fantasma de ser "rentable" o "autosuficiente" permanece ahí como una lacra que le quita tiempo y energía a una buena parte de los creadores que intentan mantener una compañía
         Desde los años ochenta se ha dado un creciente aumento de la privatización de servicios culturales, por lo mismo es inconcebible que se crea que la danza y muy en especial la contemporánea --un bien cultural de experimentación formal y que se define por su riesgo-- pueda ser entendida como mercancía
         Basta con asomarse a las carteleras a nivel nacional, particularmente a la programación de eventos dancísticos en Conaculta, la UNAM o la secretaría de cultura del DF para darse cuenta de que las instituciones se han convertido en meras intermediarias artísticas Ceden --a veces con un carácter discrecional vergonzoso-- a presentar ciertos grupos  No producen, no invierten y, mucho menos, subsidian a los grupos Son las propias compañías las que pagan sus producciones y en algunos casos pagan incluso por presentarse
         Dadas las circunstancias económicas actuales, es fácil adivinar que muchas compañías no podrán soportar la presión Se desintegrarán y los bailarines tendrán que optar por el subempleo, por abandonar el país y eventualmente olvidarán lo que realmente querían ser en la vida
         En esta época, en la que se venden millones de libros con la idea de que los pensamientos cambian la realidad que se vive, tal vez valdría la pena no soslayar la retirada que ha hecho el Estado para el subsidio a la cultura y el enorme interés de las empresas privadas por la llamada "cultura del entretenimiento"  que supuestamente sí garantiza rentabilidad
         La danza contemporánea no tiene como objetivo ser comercial, ser un producto o mercancía o adorno de las autoridades en turno para que presenten cifras alegres El ballet no puede restringirse a dos o tres compañías sin nivel internacional y la danza folklórica y su experimentación en el foro deberían de ser algo más que shows para turistas nacionales o del extranjero

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