¿Cuál de las tres?

lunes, 9 de febrero de 2009 · 01:00
MÉXICO, DF, 4 de febrero (apro) - Apreciada lectora, estimado lector de la presente: tal vez consideren disparatada y hasta de impertinente la siguiente pregunta: ¿creen ustedes que la economía, como lo proclaman y publicitan los que la estudian, la enseñan o la ejercen, la aplican al quehacer humano, es en verdad una ciencia?
No sé cuál es su respuesta, pero este servidor de ustedes no la ve clara Servidor, Juan de las Pitas, no es un entendido de la misma, pero si me contesto que sí, no puedo por menos de pensar que, si en verdad la economía es una ciencia, los economistas no son entonces más que unos lamentables aprendices de brujo
Si, por el contrario, los economistas no son en modo alguno aprendices de brujo, en ese caso la economía no es ninguna ciencia, como proclaman, publicitan y aseguran los académicos estudiosos de la misma, los maestros que la enseñan y los profesionales que la aplican al quehacer de todos nosotros, sino que más bien es una seudo-ciencia, como la astrología, por lo que se puede decir que sus supuestos, leyes y paradigmas son como los horóscopos, tan variados como lo son las personas que los escriben o fabrican y de ellos viven, los denominados astrólogos, con la desventaja de las leyes económicas de que no nos queda más que sufrirlas, en tanto que cuando leamos un horóscopo que no nos satisface, podemos buscar otro correspondiente a nuestro signo en otro periódico, semanario o revista, con la posibilidad de encontrar al fin uno que más se acomode a nuestros deseos o necesidades? aunque esa satisfacción quede en eso y no resuelva ni nuestras necesidades ni contente nuestros deseos
Eso lo estoy pensando, y me atormenta, desde que se iniciaron las noticias sobre el desastre financiero que, generado en Estados Unidos, a todos golpea brutalmente ¿No que en la economía del libre mercado competitivo estaba la salvación de todos y cada uno de nosotros, los humanos, como lo afirmaban hasta ayer los economistas, ideólogos y panegiristas de la misma?
Ante esta realidad lamentable y angustiosa, me sorprenden e indignan las soluciones que están dando a la misma, de cómo las empresas, incluso las más grandes e importantes, las transnacionales, están pidiendo socorro a sus respectivos gobiernos ¿No qué el Estado era el problema, no la solución? Me indigna, sí, que tantos gobiernos que hasta ayer se aplicaban afanosamente al recorte del gasto social, ver que hoy se aplican afanosamente, con cientos, con miles de millones de sus monedas respectivas a rescatar de la quiebra a tales empresas ¿No que apenas ayer no había dinero para aliviar las carencias que sufren los pobres, para el gasto en educación, vivienda y salud de los menos favorecidos?
El silencio, ante estos hechos, de los economistas obstinados, ideólogos y entusiastas panegiristas de la economía del libre mercado competitivo, conformador y gerente de la globalidad en que nos movemos, debo confesar que me aterra, no tanto por que piense que con el mismo están traicionando a sus principios, que eso con su pan se lo coman, sino porque como todos los medios y decisiones que se están tomando no son para transformar la mentada economía, sino más bien para darle un respiro para que se reponga, para que siga funcionando, me aterra, repito, porque con él, con su silencio, convalidan la inquietante, por amenazadora, idea panglosiana de que estamos en el mejor de los mundos, en la mejor de las economías; con su silencio, insisto, apoyan y confirman el que no son necesarios los cambios en la tan mentada economía del libre mercado competitivo y, por lo tanto, que vamos a seguir padeciendo la administración de "más de lo mismo"
Ante estos hechos, mejor dicho, ante esta interpretación personal de los hechos que estamos padeciendo, pienso, como ya señalé al inicio de la presente, que la economía a pesar de sus pretensiones de ser una ciencia, tan sólo llega a seudociencia; o que los economistas, si la economía es una ciencia, ellos, a pesar de lo que presumen, únicamente son unos lamentables aprendices de brujo, en el mejor de los casos y, en el peor, como ya lo señaló T S Kuhn, padre de la moda de los paradigmas, unos sirvientes, por inconsciencia, desidia o conveniencia, de las fuerzas económicas, políticas, sociales que estén en candelero
Apreciada lectora, estimado lector de esta mi carta: como tantos otros muchos, lo admito, poco sé de economía, aparte de tener que sufrirla, por lo que a ustedes me remito para que me aclaren cuál de mis tres opiniones es la menos equivocada ¿O lo son o no lo son todas ellas?
Con las gracias por adelantado y con mis mejores deseos para ustedes
JUAN DE LAS PITAS

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