Los niños prodigio de ahora

lunes, 6 de abril de 2009 · 01:00
MÉXICO, D F, 1 de abril (apro)- El mundo del ajedrez ha cambiado radicalmente a lo que se veía, digamos, unos 30 años antes Hoy en día podemos ver que el juego ciencia es un deporte para jovencitos, aunque la tradición nos haga siempre pensar en hombres maduros, casi ancianos, meditando sus jugadas frente al tablero La competencia ajedrecística no se salva de este signo de los tiempos en donde, prácticamente, cualquier deporte está dominado por quinceañeros Estoy pensando, por ejemplo, en la gimnasia olímpica femenil
La razón de que esto esté pasando, particularmente en el ajedrez, es porque los métodos de entrenamiento, lo que hay que enseñar, lo que hay que saber, viene de una enorme tradición de casi dos siglos Aunque el ajedrez formalmente como lo conocemos, empieza su historia por allá el 1550, el registro casi oficial de los torneos y competencias se convirtió en tradición a mediados, quizás, de 1800, por lo que los jugadores de pronto comenzaron a contar con información valiosa: las partidas jugadas por otros
Es probable que ningún otro juego de mesa tenga este bagaje cultural que permite estudiar científicamente el juego, pues hay millones de experiencias en torneos que pueden ser analizadas y disectadas por los estudiosos del ajedrez
Actualmente las bases de datos que contienen las partidas jugadas en toda la historia del ajedrez pueden conseguirse por menos de 100 dólares, y el acervo informativo de esta naturaleza es inapreciable en todos sentidos Las empresas Convekta y Chessbase ofrecen discos compactos con esta información, o si se quiere, estudios detallados sobre un jugador particular (en general campeones el mundo), en donde el aficionado puede analizar y repetir las grandes partidas que jugaron en el pasado los mejores jugadores del momento Si a esto le sumamos que en internet pueden conseguirse unas 1,500 partidas oficiales nuevas por semana, el acervo crece considerablemente y quien sepa sacar provecho de esto podrá entonces jugar a la larga un mejor ajedrez
Así, los nuevos jugadores de ajedrez, los jovencitos y muchos de ellos que aún no alcanzan la mayoría de edad, son hijos de la tecnología, por decirlo de alguna manera
Los niños prodigio del pasado, que demostraron tener una capacidad innata para jugar bien al ajedrez se dan ahora como consecuencia de entrenadores especializados que ponen a los niños y jóvenes más prometedores en un régimen de estudio por demás exhaustivo A la larga, la mayoría de esos pequeños terminan convirtiéndose en grandes maestros y, por qué no, en los nuevos ajedrecistas de elite, en donde está evidentemente, el campeón mundial
Por ello no es de sorprenderse que los récords mundiales sobre la edad mínima para alcanzar el título de gran maestro se rebase casi cada año Tenemos a Sergei Karjakin, reciente ganador del torneo Wijk aan Zeem, que llegó al título más poderoso del nivel ajedrecístico (después del de campeón mundial), el de gran maestro, con tan solo doce años Habemos jugadores y muchos, que tenemos el doble de años de estudio ajedrecístico que los años de vida de Karjakin y que, sin embargo, no hemos encontrado la manera de llegar a esos niveles de perfeccionamiento en ajedrez
En el caso que nos ocupa, la madre de Sergei alguna vez declaró que lo único que le importa a su hijo es el ajedrez y que quiere ser campeón mundial Él se visualiza como el mejor del mundo
Magnus Carlsen, de Noruega, es otro prodigio En un año subió 1,000 puntos de rating, es decir, de ser un principiante que sólo sabía mover las piezas logró colocarse como un jugador de primera categoría en un año Carlsen es producto de la generación de notables jóvenes ajedrecistas y, con solamente 17 años de edad, se mantiene en el tercer lugar de la lista de escalafón mundial
Más de un lector quizás tenga hijos que juegan al ajedrez ¿Habrá entre ellos alguno que quizás tenga los atributos para ser genio del juego ciencia? ¿Cómo saberlo? Primero de todo, la recomendación es no exagerar las posibilidades del potencial niño prodigio Los padres suelen perder la objetividad, pues el amor por sus hijos les nubla la vista Antes que nada hay que ver si el niño tiene interés en el juego Si es así, valdrá la pena llevarlo a los torneos de su edad, hacer que compita, promover que estudie, comprarle libros, quizás un programa de computadora que juegue a cierto nivel de fuerza, etcétera, pero más importante, dejarlo ser Presionar a un niño para que sea campeón del mundo o campeón de su comunidad, muchas veces no es la mejor idea La presión excesiva puede acabar por el gusto del niño por el ajedrez Hay que motivarlo a continuar y además, hay que reconocer que si al niño le motiva el juego ciencia, será siempre mejor para todos tenerlo ocupado en algo tan fascinante como es el tablero escaqueado Si no llega jamás a campeón del mundo, no importa Lo más probable es que el niño haya logrado hacerse de una afición muy interesante que lo acompañará toda su vida y lo hará más feliz, que al final de cuentas, es lo que todos queremos para los hijos, ¿o no?

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