Pandemia

lunes, 3 de agosto de 2009
MÉXICO, D F, 29 de julio (apro)- "No anden más de llorones, dejen de ser quejicosos Ya está bien de que critiquemos, de que hagamos cera y pabilo de los políticos, de la iniciativa y la propiedad privada, del populismo, de conservadores y progresistas, de las ideologías de todos ellos Reflexionemos y reconozcamos que los problemas socioeconómicos que padecemos no son más que el resultado del amor de la humanidad a la mentira, al engaño"
Estas palabras de Juan Contreras, pronunciadas en medio de una apasionada plática entre amigos, sostenida en el ambiente penumbroso, intimo y relajado de el piano-bar "El túnel del Tiempo",, en principio nos desconcertó a todos y seguidamente desató una serie de protestas y pedidos de aclaración, todo ello sobre el fondo de las notas del tango "Yira, yira", desgranadas por el piano del local Nuestro común amigo no se inmutó por ello Sonriente, nos pidió silencio levantando sus manos con las palmas hacia nosotros, moviéndolas adelante y atrás como defendiéndose, rechazando nuestras voces En el silencio expectante que siguió a sus gestos, nos soltó la siguiente parrafada:
"Tienen que admitir que el ser humano es victima de una pandemia peor que la de cualquier enfermedad contagiosa; la pandemia de la mentira, y es peor y más peligrosa por la sencilla razón de que, a diferencia de otra enfermedad contagiosa, que es temida y combatida con todos los remedios al alcance, la mentira, el engaño es admitida e, incluso, no poca veces cultivada intencionadamente por los humanos, y lo es a tal punto que ha hecho que todo o casi todo sea falso en este hoy en que respiramos; y de todos los caminos que el hombre escoge y sigue para llegar a una meta propuesta, uno sólo le parece el más seguro; el de la mentira, el del engaño
          "De ahí que la política, la economía, el mercado, lo social, anden desalentadamente, sin rumbo, pues a nadie le interesa afrontar con resolución la dolorosa verdad de los problemas que sufrimos, por lo que vemos y comprobamos, con estupor y angustia que, por ejemplo, la política e instituciones como la familia, la propiedad y la iniciativa privada, las iglesias, el libre mercado competitivo y la misma ley y las correspondientes ideologías que las amparan, se debilitan e, incluso, se derrumban por estar cimentadas y levantadas sobre penas de mentiras por lo que se vienen abajo al menor choque con la realidad, pues como dice Andoni de Iribe, así como todo hombre tiene el instinto de engañar al prójimo, también tiene la necesidad de que le engañen, de que le mientan los demás y la de engañarse a sí mismo Esta necesidad e imperio de la mentira, hace del hombre un ser, un animal propenso a la sugestión, lo que le pone a merced de cualquier farsante, de cualquier manipulador
"Como bien señala y muestra la literatura hay hombres, como Don Quijote, que se engañan a sí mismos, con la mejor de las intenciones; otros que mienten por el placer de mentir, para asombrar o divertir a otros, como el barón de Münchhausen; otros hay, como Fausto, que no dudan en vender su alma al diablo para conseguir las metas que se proponen; y hay perversos que utilizan el engaño, la mentira para manipular al prójimo, para sacar provecho de los que le rodean; no faltando los hombres que utilizan la llamada "mentira vital", la mentira piadosa, para animar, para ayudar a vivir al prójimo, tal como lo hace el doctor Relling, personaje de `EL Pato Salvaje`, de Visen"
Aquí, Juan Contreras calló y se nos quedó mirando con su sonrisa burlona Esto hizo que alguno reaccionara diciendo que era un cínico; otro lo tachó de equivocado; éste, de tener una visión muy pesimista del hombre y el de más allá de ser un amargado A estas críticas, nuestro amigo se limitó a contestarlas con un encogimiento de hombros, soltando una carcajada y a terminar diciendo que no nos preocupáramos, pues igual también todo lo que nos había dicho eran mentiras, pues no pasaban de ser las muy particulares opiniones del protagonista de la novela "El día más largo del Adoni de Iribe"
Después de esta aclaración de nuestro amigo, pareció que todos quedaron de acuerdo y satisfechos con la misma y, como ya se estaba haciendo tarde, algunos del grupo comenzaron a retirarse y ahí terminaron la reunión y la plática
Bueno, en lo personal, debo confesar que lo dicho por Juan Contreras me dejó pensativo Es más, todavía pienso en ello
Por eso, estimados lectores, escribo la presente a este buzón
Pregunto: ¿Hay motivo para que siga inquietándome por la plática de Juan Contreras? ¿Merece que les haya informado de la misma? ¿Qué me responden?
Con el cordial saludo del seguro servidor de ustedes, estimados lectores
Pánfilo Candor

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