La inocencia de las bestias

lunes, 25 de enero de 2010
MÉXICO, D.F., 20 de enero (apro).- ¿Cuáles son los límites entre lo animal y lo humano, entre lo masculino y lo femenino? ¿Quién merece mejor trato: un humano o un animal, y quién de los dos tiene mayores capacidades afectivas? Estos son algunos de los planteamientos implícitos en La inocencia de las bestias, obra de Verónica Bujeiro, dirigida por Claudia Romero Herrera. A partir del pasado 15 de enero, formalmente se reiniciaron las actividades en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico, con este montaje, en el que la autora plantea una metáfora del trato que algunas personas dan a sus mascotas como si fueran seres humanos, y el contraste con algunos padres que tratan a sus hijos como animales. Para ello, se vale de dos personajes centrales: los gemelos Díaz, Gelio y Helio, quienes constantemente confunden sus roles entre humanos y animales, entre masculino y femenino --varoncita y mujercita, como se denominan uno al otro--, mientras aguardan, entre náusea y antojos, la supuesta llegada de su nueva mascota. La propuesta tiene un tono fársico que raya en el absurdo. El mayor peso de la obra descansa en el esfuerzo actoral de dos jóvenes y talentosos histriones: Emilio Savinni y Llever Aíza, acompañados por Gerardo Alonso, quienes, entre otras cosas, desarrollan un gran trabajo corporal y gestual con la asesoría de Harif Ovalle. Por momentos, los personajes se convierten en sus propios padres, con un toque de malignidad que deja entrever el maltrato de que fueron objeto estos seres obtusos durante su infancia. Leyendo entre escenas, nos vamos enterando de parte de la historia de vida de estos adultos que nunca dejaron de ser niños y que pueden ser la representación de lo más cruel de la humanidad y, al mismo tiempo, un par de hombres indefensos con un gran déficit de ternura. De esta forma, La inocencia de las bestias es un pequeño reflejo de las contradicciones de una sociedad en la que no se acaba de determinar el valor de una vida humana. Es, además, una crítica al concepto tradicional de familia, cada vez más cuestionado y menos sostenible. El origen de esta obra está en un documental acerca de la relación que sostienen algunas personas con sus mascotas en Tokio, Japón, brindándoles cuidados excesivos y gastando mucho dinero en ellos. “Eso --señala Verónica Bujeiro-- me dio pie para pensar por qué esas personas no quieren tener hijos. Algunos argumentaban que era porque no podían mantenerlos. No obstante, con lo que gastan en sus mascotas se podría alimentar a muchos humanos. “Quise explorar los límites entre lo animal y lo humano de manera metafórica y nuestras relaciones con las mascotas; por qué se convierten en nuestros hijos. La cuestión es ¿por qué nuestra necesidad de afecto no la buscamos en otra persona? ¿Por qué la cubrimos con un perro, un gato.”          La inocencia de las bestias se presenta los viernes a las 20:30 horas, hasta el próximo 26 de febrero. La escenografía y vestuario son de Víctor Padilla; la iluminación de Jorge Ramírez, diseño sonoro y entrenamiento vocal, de Géraldine Célérier.