Más allá de la ilusión del "talento" (III)

lunes, 25 de enero de 2010

MEXICO, D.F., 20 de enero (apro).- Colvin usa a Tiger Woods y a Mozart como ejemplos de personas que se consideran masivamente “talentosas”, pero habría que voltear a ver los elementos que tuvieron estos ejemplos para darse cuenta que fueron extraordinarios, tanto como los otorgados por la madre naturaleza.

          El padre de Mozart, Leopold, era un compositor y maestro de música renombrado que educó a su hijo en casa y lo entrenó intensivamente en la música desde que tenía tres años. A Tiger Woods se le enseñó el golf a la edad de dos años. Y tuvo entrenadores profesionales a los cuatro. Su padre, Earl Woods, le dio soporte a su carrera intensivamente hasta que Woods ganó el Masters a la edad de 21 años, cuando tenía más de 10 mil horas de práctica deliberada.

         Ciertamente ayuda que los ejemplos como Woods y Mozart hayan tenido además la pasión para dedicarse a sus respectivas artes, pero como la mayoría de los jugadores de ajedrez saben, muchos son apasionados del juego ¡pero no juegan muy bien! Woods y Mozart son buenos sólo por su continua práctica deliberada, la cual fue solamente posible porque tenían niveles enormes de soporte emocional y financiero. Al respecto, atribuir sus éxitos al “talento” es violentar el lenguaje.

          La práctica deliberada es el equivalente a los signos motivacionales del macho que se ven con frecuencia en los gimnasios en la forma de "si no duele, entonces no sirve" o "no pain, no gain" (algo así como "sin dolor no hay ganancia"). En un sentido físico estos dichos podrían no ser correctos, pero en espíritu lo son. En Ajedrez para Cebras sugerí que “el mejoramiento (en el propio ajedrez) empieza al dejar la zona de confort” y pienso que es una buena manera de meditar sobre esto, porque los retos deben se difíciles y, en ocasiones, complicados de resolver. Ésta es la razón.

         Mi experiencia de trabajar con Jussupow fue ciertamente práctica deliberada, donde implicaba en resolver posiciones por horas que estaban un poco más allá de mi capacidad. Fue doloroso darme cuenta que apenas podía calcular más allá de tres jugadas sin equivocarme, pero gracias a esta experiencia gané pronto unos 50 puntos de rating. En todos los casos lo fundamental es que, sin importar en qué fase del juego estemos, nos esforcemos para trabajar y dejemos atrás lo que consideramos o sentimos fácil.

          Las computadoras son la razón de que 10 años no son ya necesarios para adquirir la experiencia ajedrecística y porqué los 100 mejores jugadores del mundo parecen ser muy jóvenes. Ellos hacen que la práctica deliberada sea más fácil en tres sentidos: las computadoras hacen que tener a un oponente con cierto grado de dificultad, sea fácil de tener a la mano, incluso si se trata de partidas blitz en línea. La información está disponible en un solo lugar, en lugar de tener la que buscar, como antes, en cientos de libros y revistas

          Tal vez lo más importante, la retroalimentación inmediata de los módulos de análisis (engines), que aunque imperfectos, son extraordinariamente útiles en mejorar la eficiencia en el trabajo corrigiendo errores que, de otra manera, podrían haber pasado sin ser detectados. Rybka puede no ser algo muy atractivo, pero cuando se trata de analizar en las fangosas aguas del ajedrez, el “pequeño pescado” sabe cómo moverse (Rybka significa pequeño pecesito en ruso).

         El tener a un entrenador humano también hace que la práctica deliberada sea más fácil, porque podrá hallarse el ser retado más allá de su zona de confort, pero en general significa que se tendrá la posibilidad de cometer muchos errores y sentirse confundido comúnmente. Esto no suena como muy divertido.

         Si no lo es, ¿por qué la gente lo hace? Esto es donde el nivel de oportunidad y el efecto multiplicador aparecen de nuevo, porque uno está típicamente motivado por la práctica deliberada cuando uno puede ver sus efectos positivos. Si se trabaja duro realmente en aprender una nueva apertura y se tiene la oportunidad de ganar con ella, la motivación se vuelve más profunda y el conocimiento de la misma se incrementa. Si uno siente que el trabajo aburrido nos llevará a lugares emocionantes, el aburrimiento se somete a la excitación. En un punto relacionado, la evidencia sugiere que quienes consiguen los más altos niveles y éxitos, eventualmente llegan a un punto donde empiezan a sentir que la práctica deliberada es intrínsecamente recompensada; no significa más un medio para llegar a un fin, sino como un fin por sí mismo.

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