Reducción presupuestal a la cultura

lunes, 11 de octubre de 2010

MÉXICO, D.F., 11 de octubre (Proceso).- Por cuarto año consecutivo el presidente Felipe Calderón propone una reducción del presupuesto a la cultura de más de 20%, recayendo el recorte en la partida para el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Instituto Nacional de Bellas Artes. Ambas instituciones son ahora las pocas instancias que quedan para apoyar la producción y difusión teatral. Pareciera que hay una iniciativa de desaparecer el teatro y de convertirlo en un fantasma o en un mero recuerdo.

Indudablemente el teatro mexicano es de los mejores del mundo y eso se ha demostrado en los festivales internacionales, tanto por su calidad actoral como por sus propuestas escénicas. Si bien en los ochenta la presencia de México era significativa en estos festivales, ahora que ha aumentado considerablemente el número de festivales en el mundo, para los grupos mexicanos es casi imposible asistir por la falta de apoyo económico, y a pesar de ser invitados, han tenido que renunciar a participar.

Paradójicamente, México no es de los países que sobresalen por su apoyo a la producción y difusión del teatro, por lo que navegamos a contracorriente. Nuestra tradición teatral y las nuevas tendencias siguen vivas, a pesar de todo. Pero el costo está siendo demasiado alto y la molestia de la comunidad teatral frente a los obstáculos que crecen año con año está llegando a su límite. El teatro es un bien cultural, y dentro de ese rubro, una importante fuente de trabajo. El desempleo y las condiciones infrahumanas de trabajo que imperan en nuestro país, dominan el ámbito teatral, y la gente que hace teatro cada vez más se va pauperizando. Las becas son limitadas, el impulso a proyectos colectivos escasos, y las fuentes de financiamiento se cuentan con los dedos de una mano. Las soluciones a las becas han sido parciales pues en vez de propiciar la horizontalidad y mayores posibilidades para los creadores, fomentan la creación de una élite  que puede contar con una beca vitalicia al tener la posibilidad de renovarla cada tres años.

Frente a este panorama tan negro para el teatro surge una pequeña luz que podría ayudar a la producción teatral. La senadora y actriz María Rojo ha lanzado una iniciativa para que lo que los cineastas han logrado en el artículo 226 de la ley, también pueda ser aplicable al teatro. En esta iniciativa los contribuyentes, ya sean personas físicas o morales, pueden destinar 10% de su pago anual del ISR a producir teatro. El 90% lo paga a Hacienda y el 10 a un proyecto teatral y Hacienda se lo reconoce. Se ha fijado un tope anual de 50 millones de pesos y 2 millones por proyecto.

Para esto habrá una comisión que evalúe los proyectos y los seleccione, haga un seguimiento y busque la transparencia. Será fundamental la conformación de esta comisión, pues de ella dependerá la pluralidad de los proyectos que se apoyen y será necesario que en la comisión prevalezca una visión artística y múltiple y haya representantes de la comunidad teatral de cada área y que no dominen los funcionarios administrativos. 

 

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