Habitar la oscuridad, de Marco Antonio Cruz

martes, 19 de octubre de 2010

MÉXICO, D.F., 19 de octubre (apro).- Las imágenes de la exposición Habitar la oscuridad, del fotógrafo mexicano Marco Antonio Cruz, pisan por primera vez Sudamérica. Los ciegos vistos por el fotógrafo llegan a Asunción, la capital de Paraguay, en el festival Ojo Salvaje.

Habitar la oscuridad se alza sobre una base narrativa: la existencia de un trío de músicos ciegos en el centro de Puebla. Ellos están sentados sobre la banqueta. Detrás de sus espaldas les nacen tres seres fantásticos como si se tratara de ángeles. Con la misma sincronía Marco dispara y diez años después detona su carrera documentando la vida cotidiana de los ciegos. 

“Artistas como Marco Antonio Cruz batallan para llevar a los ciegos lejos de sus rincones”, escribe Julio Scherer en el texto introductorio de la exposición. “Su cámara prodigiosa los sigue con amor de padre y hermano. Silencioso, tan sencillo como modesto, es autor de un libro que intituló: Habitar la oscuridad.”

Marco es quien, como los guías de turistas, nos entretiene mostrándonos ciegos a los que quizá nunca hubiéramos conocido. Marco Antonio Cruz no es de esos periodistas que engrandecen su ego a falta de talento, y que abundan en las redacciones de México. Cruz se compromete con lo que fotografía y documenta.

Acerca del título de la exposición, Scherer redacta: “La frase es sencilla y elocuente. La oscuridad se habita, como se habita la luz. Pero del lado de la luz están las ventajas y los privilegios: la claridad para mirar largamente un perfil amado, el milagro de los colores que se combinan y vuelven a combinar, la gloria para elegir: «Me gusta el verde».”

Dos décadas de discusión sobre la fotografía digital se desvanece en el aire con exposiciones como esta. Ahí va Marco con su Leica y sus carretes retratando la ironía de fotografiar ciegos. Sus fotos llevan consigo el germen de una preocupación por el sistema de salud en México y la desigualdad en las comunidades rurales.

Marcado por la influencia de Nacho López y Héctor García, Marco A. Cruz empezó a fotografiar a los ciegos hace 17 años. Ver estas fotografías es experimentar una disposición total hacia la imagen y sus materias primas: la luz, la búsqueda, la imaginación y el azar.

“Me llevarían muchas cuartillas detenerme en las fotos del libro, bello y terrible a la vez. Terrible, por las muecas de los ciegos, dolorosas y grotescas, el sufrimiento marcado en cada curva del gesto. Bello, porque en algunos rostros la mirada de los ciegos no tiene igual, un amanecer sin sombras que sugiere la espera tranquila de un día más”, concluye Scherer, quien por cierto, odia ser retratado.

 

www.marcoacruz.com

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