Bellas Artes, una polémica reapertura

miércoles, 20 de octubre de 2010

Primero fueron los grupos artísticos. Y ahora, a un mes escaso de que se reabra el Palacio de Bellas Artes, son los restauradores de obra artística del INBA quienes denuncian su marginación: el trabajo se encargó a un taller particular, cuyo director, José Sol, aseguran, está inhabilitado por el propio instituto. Pero las autoridades alegan que el centro de restauración está saturado.

MÉXICO, D.F., 20 de octubre (Proceso).- Los mármoles recién pulidos, las butacas nuevecitas, los decorados impecables, nueva iluminación y una maquinaria teatral que sólo tienen los mejores teatros del mundo, casi todo listo para la noche del 19 de noviembre en que reabrirá sus puertas el Teatro del Palacio de Bellas Artes (PBA), con una lista enorme de invitados especiales, políticos, farándula y medio artístico e intelectual, además del jefe del Ejecutivo, Felipe Calderón, encabezando el acto.  

Pero no todo es tan perfecto como presumen las autoridades del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), que en días pasados, junto con Alonso Lujambio, titular de la Secretaría de Educación Pública, anunciaron la programación para la ceremonia de reapertura. Se tiene previsto que durará dos horas con 23 minutos con todo y los discursos de rigor, la interpretación del Himno Nacional Mexicano a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional y el Coro del Teatro de Bellas Artes, y la cancelación de un timbre postal conmemorativo, entre otras actividades para esa noche.

El proyecto de rehabilitación de la Sala Principal estuvo empañado desde su origen en 2008, pues los grupos artísticos del INBA se quejaron de que se cerraba el foro sin que ellos hubieran sido informados por las autoridades de cuáles serían sus sedes alternativas, cuando –por ejemplo– al restaurarse el teatro La Scala, de Milán, Italia, entre enero de 2002 y noviembre de 2004, la compañía artística se había trasladado al teatro degli Arcimboldi. Y el teatro Bolshoi de Moscú incluso había construido una sede alterna mientras se remodelaba. 

Los grupos expresaron desde entonces su incredulidad ante el anuncio de que la intervención integral requeriría de solamente 12 meses de trabajo, y anticiparon que se alargaría hasta 2010 (Proceso 1648).

La reapertura del Palacio de Bellas Artes fue una de las metas que no se cumplieron para la celebración de las fiestas del Bicentenario de la Independencia. En junio pasado, Teresa Vicencio, directora general del INBA, tuvo que aceptar en rueda de prensa que no estaría a tiempo, pero dijo que lo había vislumbrado desde que asumió su cargo en 2009, y esgrimió que en todo caso prefería alargar los tiempos para “entregar algo bien hecho” y que al fin la historia del PBA está más vinculada a la Revolución Mexicana que a la Independencia.

El proyecto no sólo se extendió en plazos, también creció en presupuesto. Se estimaron 400 millones de pesos inicialmente y se han gastado ya 688 millones. Pero según lo anunciado por Lujambio, crecerá todavía más, pues en 2011 se realizará una nueva etapa de restauración con los trabajos finales.

Se incluirá la intervención de los murales del recinto, realizados por José Clemente Orozco, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Jorge González Camarena y Rufino Tamayo, entre otros artistas; de la limpieza de los mármoles y esculturas de las fachadas; la corrección de un hundimiento diferencial en el portal de la avenida Lázaro Cárdenas, y la recuperación de las zonas que hoy son estacionamiento como áreas verdes.

 

Desplazamiento

 

Ahora son los restauradores del Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (Cencropam) del INBA quienes expresan su inconformidad por haber sido desplazados en los trabajos de intervención de los elementos decorativos del Palacio de Bellas Artes, fundamentalmente tres: el vitral del plafón Apolo y las musas, realizado en 1924 por Gezá Maroti en 1924; el telón de cristal con la imagen de los volcanes; y el mosaico del arco del proscenio. 

En entrevista con Proceso un grupo de restauradores indica que la obra se comisionó al taller particular de los restauradores José Sol Rosales y Rosalía Cuevas, lo cual les parece inconcebible dado que la restauración del patrimonio artístico de la nación es tarea del Cencropam: 

“Nos da la idea clara de que el INBA no está cumpliendo ni con sus propias funciones, como es la conservación del patrimonio artístico, y deberíamos de empezar con el patrimonio artístico del propio Palacio de Bellas Artes.”

El 17 de mayo pasado, el grupo de especialistas envió una misiva a la directora general del INBA, para presentarle su inconformidad y recordarle que la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticos e Históricos, establece en su artículo 45 que el INBA “es competente en materia  de monumentos y zonas de monumentos artísticos”. Además, que el Cencropam “tiene encomendada la preservación, conservación y restauración de los bienes muebles catalogados como patrimonio nacional, pertenecientes al acervo del INBA, así como de colecciones privadas de arte moderno y contemporáneo”.

Los restauradores le dicen, asimismo, que hay un acuerdo suscrito el 26 de junio de 2001 y refrendado por la propia Vicencio el 9 de junio de 2009, donde “el INBA asume el compromiso de que en sus actividades sustantivas empleará a sus trabajadores de base”. Añaden en el documento que incluso habían presentado una propuesta de trabajo “en tiempo y forma... llegando a acuerdos con la directora interina Magdalena Zavala”.

Fue Alejandra Peña, subdirectora general del Patrimonio Artístico Inmueble, quien respondió argumentando que la ley “carece de reglamentación específica... en el actuar diario del INBA y sus límites de competencia”. A decir de ella, no impide, en ningún momento, la práctica de profesionales de instituciones públicas y particulares en la restauración del patrimonio artístico. 

El Cencropam, agrega, cuenta “con ocho restauradores” del área de mural, “lo cual es insuficiente”, y debido a la sobrecarga de trabajo se decidió solicitar otras propuestas para el caso del Apolo y las musas, pues el proyecto presentado por su propio centro “no cumplía con las especificaciones necesarias para salir en tiempo y forma”.

En un nuevo oficio, los restauradores insistieron en que la ley no requiere especificar textualmente que se impide la práctica de empresas privadas, pues no se presta a interpretación cuando señala que el INBA “es responsable de la tutela y conservación del patrimonio”.

Niegan tener carga de trabajo, por el contrario, confiesan que sus expectativas para este año del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución Mexicana eran de mucho trabajo y los proyectos que ahora tienen “son casi nulos”.

Y, sobre todo, cuestionan los mecanismos y criterios para entregar los proyectos en manos de particulares. Hasta sospechan “que prive el amiguismo”. Instan a Efraín Salinas Arciniega, subdirector general de Administración del INBA, a investigar y revisar el expediente 810 del Museo Nacional de Arte (Munal), que se encuentra en la Secretaría de la Función Pública, pues aseguran que hay sanciones para los restauradores particulares que trabajan ahora en el PBA.

El restaurador Alejandro Flores explica que en una auditoría al Munal se detectó una irregularidad: se pedía un pago para José Sol, pero se descubrió que el especialista está inhabilitado. En la página web de la Función Pública se indica que el número de expediente es el 17280/93, la sanción impuesta fue destitución, el 26 de agosto de 1993, por “abuso de autoridad”.

“Para nosotros es claro que el INBA debe investigar. Si esa persona está inhabilitada, ¿cómo es posible que le hayan dado el trabajo? Aparte acaba de tener un problema en el Munal, según el expediente que marcamos en el escrito.”

 

Ni lo uno ni lo otro

 

Los restauradores hacen ver que si hubieran sido ellos los encargados de la restauración del vitral, el telón y el arco del proscenio, los costos habrían sido menores porque ellos no están constituidos como una empresa con fines de lucro, su salarió ya está incluido, como trabajadores del INBA reciben un sueldo periódico tengan trabajo o no, y “preferimos estar activos, realizar nuestro trabajo”.

Antes de otorgar el proyecto a Sol, se pidió a los restauradores del Cencropam un dictamen y un diagnóstico de las obras. Ellos recomendaron una intervención de “media a superficial” y calcularon un presupuesto de entre 700 mil y 900 mil pesos por las tres obras. Los trabajos que se hicieron fueron básicamente de limpieza y, en el caso del vitral, reposición de algunos trozos de vidrio faltantes y de recuperación de su forma.

Alejandra Peña explica que Sol hizo la restauración del Apolo..., el mosaico del proscenio y la limpieza de algunos elementos decorativos del teatro, como puertas metálicas y columnas, pero afirma que el telón de cristal lo intervino el Cencropam.

–Los restauradores del Cencropam se sienten desplazados y preguntan por qué se contrató a José Sol pues entienden que está inhabilitado.

–Ah no, no, yo de la inhabilitación la verdad desconozco. Pero bueno... Es un tema que incluso hablamos con ellos: el Cencropam es el Centro Nacional de Conservación... y como tal tiene que dar servicio a prácticamente todo, por ley tiene que llevar a cabo la restauración de artistas que son considerados patrimonio, entonces creo que había una enorme cantidad de trabajo para el Cencropam, sobre todo en el momento en que nosotros determinamos llevar a cabo esos trabajos.

Asegura que si el vitral hubiera sido de Orozco tendría que haber sido intervenido por el Cencropam, pero no fue el caso.

Para el caso del telón de cristal que, ella asegura, sí fue restaurado por especialistas del Cencropam, aunque ellos afirman lo contrario, la arquitecta dice que tampoco tendrían por qué intervenirlo, pues contrario a lo que se ha dado, por cierto durante mucho tiempo, no es un diseño elaborado por Gerardo Murillo, Dr. Atl, cuya obra está también declarada como patrimonio nacional.

Dice la funcionaria que la idea de que estuvieran plasmados ahí los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl en realidad fue del arquitecto Adamo Boari, quien inició la construcción del PBA en 1904, y le fue encomendado a Tiffany Studio. Aunque el propio Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) da por cierta la idea de que el autor es el Dr. Atl en su Sistema de Información Cultural, De la Peña sostiene: 

“Es una mentira, no es Dr. Atl ni nada, tampoco es la casa Tiffany, es Tiffany Studio; parece que era una especie de filial, pero no es la joyería (de Nueva York) la que hizo el diseño y la ejecución de la cortina.”

Mientras tanto, a un mes de su reapertura, el Palacio de Bellas Artes sigue dando mucho de qué hablar.