La risa de los payasos tristes

miércoles, 20 de octubre de 2010
MÉXICO, D.F., 20 de octubre (apro).- En la Plaza de la Madre, alrededor de 500 payasos rompieron un récord de risas. El año pasado la marca fue de cinco minutos. Hoy fueron quince. 1:00 Un arlequín agita una sonaja con la misma forma de su cabeza. Es el báculo de la risa, la batuta del payaso. 2:00 Una payasa decrépita presume una medalla que le acredita 50 años de risas. Su vestido está roído, su cara como recién salida de ultratumba. 3:00 Un zapato gigante se pandea sobre la cabeza de un fotógrafo. 4:00 Un reloj del tamaño de un plato sobrevuela las pelucas fosforescentes. Un payaso lo agita al mismo tiempo que da saltos por la Plaza. 5:00 Un caballo de palo le hace cosquillas a una niña payaso. Ella ríe sobre los hombros de su padre. 6:00 Un payaso agita la suela de su zapato como si fuera el hocico de un cocodrilo. Al mismo tiempo hace sonidos guturales. 7:00 Una guitarra de plástico se hace elástica por el sol. Risas que son un sonsonete y un pujidito. Jijiji… 8:00 Risas que son toses que son risas. 9:00 Un payaso disfrazado de revolucionario agita sus huaraches en el aire. Una risa que se avienta desde un empinado rascacielos. ¡¡¡Jijijajajijijajajijijajamuajaja!!! 10:00 Un par de hombres se revuelcan en el piso. Risas como cosquillas. 11:00 Risas que son aullidos en una plaza asoleada. ¡¡¡¡¡Auuuuuuuuuuuuujajaja!!!!! 12:00 Risas con manchas de chicharrón al fondo de una canasta de tacos. Risas de corazón chicloso, risas en almíbar. Pegajosas como la grasa en los dedos. 12:50 Risas que le pellizcan los parpados a las palabras largas. ¡¡¡Abracadabrájajaja!!! 13:00 Un torero con un paraguas rojo y sobrina de pecas rojas. Risas que son una estampida de potros salvajes en la Plaza México. 14:00 La risa ya es macabra. Risas que salen de una locomotora, de una carreta de madera jalada por vacas jalada por un payaso… Chu chu chuuuuuuuuuuu ¡Traca traca tran!… 15:00 Las botellas de plástico sirven de mazos. Mojan y revuelven las risas. Risas maniáticas que dejan ver las venas en la frente de los payasos. 15:10 Gatos enfurruñados que hacen malabares encima de monociclos. Payasos que son risas que son payasas. Risas que son un remolino. Crecen con el viento. Se van cuando el sol comienza a derretirlas. Como hielos en el agua de mango de una mujer bufona. ***** Durante cuatro días, payasos provenientes de toda Latinoamérica asisten a la decimoquinta Convención Internacional de Payasos. Se celebra en el teatro Julio Jiménez Rueda, cerca del monumento a la Revolución. Están separados en cuatro categorías: augustos, trampas, carácter y caras blancas. Gus Gus y Junior Trapitos Sucios encarnan a los dos primeros. El resto representa a la clase media y alta del payaso. 1. Gus gus Gus gus es un payaso flaco, modesto. Inspira el respeto de un pandillero violento. Su nombre es un homenaje a sus dos vidas: Gustavo antes de ser bufón; Gus-Gus después de ser cholo y payaso al mismo tiempo. Gus gus es dueño de una trama tortuosa: Hace un año su madre murió. Su sueño era ser payaso y lo cumplió. Tiene 17 años y vive solo en Tláhuac. No tiene familia. Creció en la calle cerca de la glorieta de la Diana cazadora. Presume conocer todas las rutas de camiones —donde trabaja—, las cloacas y los acueductos. Gus gus dice que todos los payasos empiezan en la calle y que los cholos representan lo urbano. Dice que el “Bubulubu” le enseñó todo lo que sabe: chistes tan malos como decir ¡Cuidado con el cable! cuando no hay cable, o señalar una pelea y hacer que todos volteen cuando no hay tal. Gus gus está seguro de que sus chistes son buenos porque la gente es muy chismosa, pero antes de hacer esas bromas tuvo que dejar a un lado la vergüenza de maquillarse la cara y armarse de valor para contar boberías a extraños. Al principio sólo se pintaba la nariz de rojo, pero gracias al “Bubulubu” conoció todo lo que tenía que saber sobre narices… lo demás, ya es cosa de que la gente se ría. 2. Junior Trapitos Sucios —Cuando yo empecé, no sabía de narices. Me tope a un payaso de circo. Hay diferentes tipos de narices. La que traigo es hecha con  bolo de boliche. Nada más se barniza, es de las más sencillas. Hay de liga, de goma y de látex. Esa nariz me la regaló un payasito que ya falleció. Se llamaba Berrinches. Me dijo ¡órale, iníciate con la mía! Es con la que trabajo. La vida de Junior Trapitos Sucios es un festín sentimental: su esposa y su padre desearían ver su humor en el bote de la basura. Dicen que su oficio es de lo más bajo que existe. Él gana 150 pesos al día trabajando en un camión y 400 pesos cuando tiene funciones particulares. Lo único que lo mantiene atado a la tierra es un hijo que va a cumplir un año. Se llama José Miguel. —Detrás de cada payaso alegre hay una cara triste detrás. Cada payaso tiene un problema. Es muy difícil que te haga reír un payaso. Todo payaso es de la calle. Todos empiezan desde abajo…  Aunque luego te encuentras con muchos payasitos bonitos que nos discriminan. Junior emplea su propia tragedia para divertir al público. Ese tipo de payaso representa a los banqueros quebrados durante el crack de 1929 en Estados Unidos. El rico tomó sus mejores prendas del armario y salió huyendo. Lleva la ropa roída por cruzar tantos arbustos y la cara llena de hollín ya que viajaba de polizón en los trenes. Sin embargo, Junior Trapitos Sucios no viaja en tren, ni huye del país. Es un payaso que puede estar en la esquina y amanecer en Puebla. Así es su destino. —Lo más difícil es dejar a mi familia, verdad Cachito— le pregunta a su muñeco ventrilocuo. Cachito es un regalo de un payaso a quien se le enfermó su mujer. Lo compró en 600 pesos. Le puso zapatos, un pantalón, un saco rojo. Todo un caballero. Su quijada está descarapelada. Tiene cabello de velcro. Además de compartir la voz, comparte la misma mirada que Junior: amarillenta como de resistol seco. —Cacho es bien inteligente. Llama mucho la atención. Le roba sonrisas a la gente. Muchos no aprecian el arte popular callejero. Lo mejor de la vida es sonreír. Todo va saliendo en el camino. Los payasos blancos no nos aceptan. Son actores que ya trabajan en Televisa. Ellos nos hacen menos. Son payasos que ya tienen dinero. Cachito lleva a cuestas un comal de aluminio; Junior Trapitos Sucios carga bajo el brazo un cartón de cervezas vacío. Es un payaso trampa, un vagabundo. La gente lo mira feo, porque según él, aparte de triste, es conformista. Pero también asegura que la gente le coopera más. El payasito callejero, a diferencia de los payasos caras blancas, puede detener el tránsito. Alborotar a la gente. Hace el mismo sonido que el silbato de un policía de tránsito. En su camino se atraviesa otro bufón más engreido. —Tu me quieres cargar en tus piernas. Se te para… la barba cuando me ves— le dice a un payaso disfrazado de Michael Jackson. Pero no se trata de hacer una defensa de los payasos callejeros: cada quien persigue el futuro que quiere, dice Cachito. Lo único que cuenta, al fin, es conseguir que alguien se carcajee.

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