Kramnik gana en Bilbao la final de maestros del Gran Slam

viernes, 22 de octubre de 2010

MÉXICO, D.F., 20 de octubre (apro).- En la ciudad de Bilbao concluyó la segunda fase del torneo de Gran Slam, en el que participaron el actual campeón del mundo, Viswanathan Anand; el mejor de más alto rating en el mundo, Magnus Carlsen; el excampeón mundial, Vladimir Kramnik, y el siempre combativo Alexei Shirov. Los dos últimos ganaron un lugar en esta final al vencer en la primera etapa del torneo, que se celebró en China.

Kramnik ganó la gran final con una estupenda partida y sin perder un solo encuentro. En la primera ronda venció de manera precisa a Magnus Carlsen, de quien, se dice, ya no se trata de saber si llegará a campeón del mundo, sino cuándo logrará este título.

El joven noruego viene de una mediocre actuación en la Olimpiada de Ajedrez, realizada en Khanty-Mansiysk hace no más de tres semanas, y aparentemente no está en su mejor forma, aunque, desde luego, hay que reconocer que está luchando contra los mejores jugadores del planeta. Como sea, Kramnik demostró que está en muy buena forma, ganando dos partidas, empatando cuatro y sin ver la derrota.

Anand, por su parte, ha demostrado que es un gran campeón del mundo. Venció a Carlsen, lo que --de acuerdo con Ponomariov— “sólo demostró que Carlsen es un ser humano”, empató cinco partidas y tampoco vio la derrota. Es claro que la elite internacional está dominada por unos pocos ajedrecistas y Vishy Anand es, sin duda, uno de ellos.

En tercer sitio, Magnus Carlsen logró una victoria (contra Shirov), perdiendo dos partidas y empatando tres.

Finalmente, Alexei Shirov logró solamente cuatro empates, no pudo ganar ninguna partida y le propinaron dos derrotas.

El sistema de puntuación, a diferencia del tradicional un punto por la victoria, medio punto por el empate y cero por la derrota, se cambió a tres puntos por la victoria, uno por el empate y cero por la derrota. Se pretende que de esta manera los jugadores busquen más la lucha, aunque en realidad este sistema no garantiza nada, pues no se toma en cuenta si la victoria es con blancas o con negras.

Por mucho tiempo se ha discutido esta problemática de los empates de grandes maestros, que significa empates cortos, sin lucha alguna, y para ello se han instrumentado algunas ideas. Por ejemplo, el señor Rentero, español, artífice del torneo de Linares, no toleraba los empates cortos y multaba a los jugadores invitados a la justa. Rentero actuaba igual con todos, sin importar si el infractor era Kasparov o Judit Polgar.

Mientras el empresario español estuvo al mando de este torneo, se consideró como la competencia más fuerte del mundo.

Sin embargo, otras iniciativas han dado resultados. Por ejemplo, en Bulgaria, en un torneo en la ciudad de Sofía, se inventaron precisamente las llamadas “reglas de Sofía”, que impiden ofrecer el empate. Solamente se puede entregar la división de puntos cuando se repite tres veces la posición (a reclamo de alguno de los jugadores), o bien cuando se llega a una final estéril, en la que --a criterio del árbitro-- no se puede ganar de ninguna manera.

Para otros organizadores, los empates quizá no son tan malos, sino que se les considera parte del juego, y hay estupendas partidas que después de una gran batalla terminaron en un justísimo empate. Por ello, no hacen nada para evitar este resultado. No obstante, los empates rápidos, sin lucha, no dan la mejor apariencia al ajedrez internacional y a los profesionales de este fantástico arte.

Actualmente los mejores jugadores del mundo reciben dinero por jugar, algo así como un sueldo. Por ello mismo, los empates rápidos deben ser eliminados de sus costumbres.

Paul Keres, uno de los mejores jugadores de Estonia, justificaba los empates rápidos, sobre todo en torneos largos, donde a veces se busca no tener que luchar hasta el final cada partida. En ocasiones vale la pena empatar una que otra partida rápidamente y así tener más tiempo para descansar. Sin embargo, el comentario de Keres es de otra época.

Hoy, con tiempos más rápidos para la reflexión, con torneos en donde se juegan dos rondas seguidas, los empates rápidos salen sobrando y las medidas de los organizadores logran, en un mayor porcentaje, que el ajedrez sea más vistoso que antes.

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