Las copas liberales de "Los Cangrejos"

viernes, 22 de octubre de 2010

MÉXICO, D.F., 20 de octubre (apro).- Durante su participación en la Feria Internacional del Libro del Zócalo de la Ciudad de México, la ya legendaria titiritera, Mireya Cueto, puso a cantar al público que asistió a su presentación en el recién inaugurado Teatro Blanquito. Al unísono, todos entonaron las coplas compuestas por Guillermo Prieto:

         Cangrejos al combate,

         cangrejos al compás,

         un paso pa’delante

         doscientos para atrás.

La marcha, llamada justamente Los Cangrejos, fue concebida como una especie de himno liberal en la época juarista, cuyas coplas hacían sátira de los conservadores. Así lo narra el historiador y especialista en cultura popular Ricardo Pérez Montfort, en su libro Cotidianidades, imaginarios y contextos. Ensayos de historia y cultura en México 1850-1950, editado por Publicaciones de la Casa Chata.

En su ensayo “Apuntes sobre la lírica y la música del México juarista”,  Pérez Montfort explica que pocos periodos del siglo XIX “muestran una riqueza en materia lírica y musical como la juarista, particularmente aquellos años que abarcan la derrota del gobierno conservador en 1860 hasta el inicio de la República Restaurada, una vez vencido el imperio en 1867”.

Y llama la atención sobre las formas “a veces sencillas y a veces complejas del intercambio cultural” entre la sociedad, pues muchas de las canciones que se cantaban y bailaban entre las clases populares habían surgido de las “plumas cultas” de escritores como el propio Prieto, Ignacio Ramírez “El Nigromante” o Vicente Riva Palacio, quienes a su vez se inspiraban en el lenguaje y las diversiones populares.

Los Cangrejos fue compuesta antes de la promulgación de la Constitución de 1857, y siguió siendo muy popular hasta “avanzados los años veinte del siglo XX”. Su gran cantidad de coplas hacían mención de distintos sucesos y “mostrando desde luego la falta de respeto que se habían ganado los propios conservadores ante los ojos populares”.

Cita el historiador algunos ejemplos de estas coplas, entre las cuales pueden mencionarse:

         El Obispo Barajas

         y el Obispo Murguía

         se dieron de cuernazos

         por una tapatía

Y otra más dedicada a Concha Lombardo, esposa del presidente conservador Miguel Miramón:

En l’ancha crinolina

         de Concha Miramón

         se esconden los traidores

         al ruido del cañón…

         El mismo Miramón no escapó de que se le compusieran sus coplas:

         ¿Por qué viniste al ferro

         tan tonto y tan simplón,

         patriarca de los mochos

         señor San Miramón?

La canción explica por sí misma lo que considera como un retroceso de los cangrejos, en uno de sus cuartetos que, destaca Pérez Montfort, siguieron sonando muchos años después de la muerte de Benito Juárez:

         Al sable y al bonete

         el pueblo les dirá

         en las revoluciones

         pararse es ir atrás.

Con ese espíritu contestatario, Mireya Cueto recordó la marcha al ser entrevistada por Lorena Crenier en la “La Hora de Proceso en la Cultura” –en la FIL del Zócalo–, en el Teatro Blanquito, donde momentos antes también se presentó el promotor cultural y exdiplomático Héctor Vasconcelos, hijo de José Vasconcelos, fundador de la Secretaría de Educación Pública.

Los dos coincidieron en hablar del legado cultural de Vasconcelos, cuya política se mantuvo durante décadas sin ser superada, así como de la importancia de la lectura y de la hazaña del filósofo que inundó los pueblos del país con ediciones de los autores clásicos.

Cueto reflexionó acerca del momento que actualmente se vive en el país con los gobiernos de derecha. Según él, se ha retrocedido más de 200 pasos, como “los cangrejos”, y la cultura será el asidero del cual hay que prenderse para salir adelante.

Y Pérez Montfort concluye así su ensayo: “… pareciera que la vena lírica y popular nunca ha abandonado las causas justas de este país. Lejos de la ‘historia de bronce’, de la historia patriotera y de clara filiación conservadora, la lírica y las músicas vernáculas han sabido acompañar el afán transformador y reivindicativo de las mayorías. Y actualmente, como en la época de Juárez, ignorarlas no sólo haría que se perdiera una vertiente muy importante de la historia popular de México, sino que al hacerlo se olvidaría el compromiso que intrínsecamente aparece en esa expresión lírica y musical de un pueblo eminentemente creador.”

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