Dispendios culturales: La adquisición de obras

lunes, 25 de octubre de 2010

MÉXICO, D.F., 25 de octubre (Proceso).- Entre los numerosos e irresponsables despilfarros culturales que han caracterizado a la gestión del presidente Felipe Calderón durante 2010, se encuentra la adquisición de obras de arte con un costo de 100 millones de pesos, las cuales tienen el objetivo de incrementar la colección de algunos museos del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

Definida por la presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Consuelo Sáizar, como una de las iniciativas prioritarias de su administración (Excélsior, 5 de noviembre de 2009), la adquisición mencionada debería suspenderse, ya que, según información del INBA obtenida a través del Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI), las transacciones de compra se encuentran todavía en trámite. Circunstancia que, además, imposibilita que la opinión pública conozca: los criterios que avalan la solicitud de compra por parte de los museos, la evaluación de la Comisión de Adquisiciones, la resolución de la Coordinación Nacional de Artes Plásticas, el precio de las piezas y la identidad del vendedor. 

Realizada en un contexto de evidente desorden institucional en el que se carece de una política cultural de Estado, de una gestión institucional basada en objetivos y metas concretas, y de una normativa que regule la relación entre instituciones culturales y el mercado artístico –galeristas, intermediarios diversos y coleccionistas–, el gasto de 100 millones de pesos resulta irresponsable, arbitrario y discrecional.

Con un antecedente de 9 millones 879 mil 980 pesos gastados en 2008 para adquirir 54 obras destinadas al Museo de Arte Moderno y el Museo Nacional de Arte –las cuales fueron compradas, entre otros, a las galerías Enrique Guerrero, OMR y López Quiroga a través de la razón social Galería de Goya, SA de CV–, el incremento presupuestal de más de 1000% resulta desmedido.

Entre los argumentos que evidencian la impertinencia de la decisión de Sáizar se cuentan la indiferencia e incapacidad que han mostrado la mayoría de los museos de la Ciudad de México –con excepción del Nacional de San Carlos– por la promoción e interpretación de las colecciones permanentes y, muy especialmente, los resultados de la auditoría de desempeño al INBA que aparece en el Informe del resultado de la fiscalización superior de la cuenta pública 2008, en el cual se evidencian algunas fallas en la gestión y protección del patrimonio. Entre ellas, la imposibilidad de evaluar las actividades en materia de registro de bienes muebles y la carencia de un inventario de los bienes artísticos en el país.

Anunciadas como mil 900 obras entre las que se cuentan piezas de artistas que ya se encuentran en los acervos gubernamentales, como Diego Rivera, Gunther Gerzso, Manuel Álvarez Bravo y Gabriel Orozco, las nuevas piezas no sustituyen la necesidad de invertir los recursos en servicios que beneficien y atiendan las necesidades culturales de un mayor número de ciudadanos. Entre ellas, la creación de programas para poner en valor nacional e internacional el arte mexicano, y la implementación de proyectos que permitan tanto impulsar a los artistas jóvenes como apuntalar a los creadores de trayectoria media.

Si la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados estuviera responsablemente comprometida con la ciudadanía, no hubiera permitido este gasto.