Se opone Medina Mora a legalización de estupefacientes

lunes, 25 de octubre de 2010

MADRID, 25 de octubre (apro).- El embajador de México en Londres, Eduardo Medina Mora afirmó que sería “ingenuo” pensar que la legalización de las drogas significaría el fin de las organizaciones del crimen organizado que actúan en México, así como pensar que en “automático” se recuperaría la paz y la tranquilidad.

“No puede pensarse que en la legalización resulte en la desaparición de la estructura criminal, ni siquiera en la de su expresión más violenta. Pensar que una hipotética legalización va en automático a recuperar la paz y la tranquilidad es ingenuo, porque la complejidad del fenómeno criminal rebasa la actividad del tráfico de drogas”, dijo Medina Mora en el foro “México, entre el Norte y el Sur”, organizado por la Fundación Botín.

Durante su intervención en la mesa de Seguridad y las Relaciones Internacionales de México, el exprocurador General de la República señaló que “hoy vemos a las organizaciones de la delincuencia organizada en una involución, que las lleva a ocuparse de otras actividades del crimen, como el secuestro, tráfico de armas y de personas, la extorsión y el robo de vehículos”.

Esto, dijo, además de la lucha del Estado mexicano y de otros estados contra esas bandas, también es resultado de un cambio estructural de los mercados del narcotráfico, de las estructuras, rutas y de las propias drogas.

“Debido que no pueden sostener sus grandes ingresos, eso les genera grandes disputas entre ellos, con la inherente violencia”, añadió.

El extitular del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) durante el gobierno de Vicente Fox, aseguró que en México no se enfrenta “una guerra”, sino “una lucha por reconquistar la normalidad, porque pretender acabar con el tráfico de drogas sería una quimera para cualquiera

“Esta no es una guerra ni tampoco es contra las drogas; esta es una simplificación mediática y a veces académica. Lo que enfrenta el país como desafío es una lucha por reconquistar la normalidad, el derecho de los ciudadanos a vivir en paz y tranquilidad con sus familias en todo el territorio nacional”, dijo.

Añadió:

“No es terminar con el tráfico de drogas, no porque no sea un objetivo deseable, sino porque un país democrático y un gobierno eficaz no se pueden dar el lujo de perseguir un objetivo que se convierte en quimera, porque no está a su alcance. No está en el de ningún país actuando individualmente”.

Aseguró que ese planteamiento no puede ser centro de una política de un Estado, porque esta es una batalla que debe tender, como propósito, a “quitarle a los grupos criminales de nuestro país, pero que operan trasnacionalmente, la capacidad de desafiar al Estado en sus potestades básicas”, al secuestrar en algunas comunidades del país la paz y la tranquilidad de las personas.

Medina Mora afirmó que la lucha contra el crimen organizado en México debe tener “vocación de corte nacional”, que requiere hacer frente a estos grupos para frenar su capacidad de generar recursos mediante sus actividades ilícitas de forma “consistente y sostenida”.

Consideró que es la única forma de impedir “la reproducción del modelo criminal en el tiempo y la geografía de México”.

Insistió en la necesidad de terminar con la fragmentación que afecta a las fuerzas de seguridad del país, que actualmente se divide en 1,600 corporaciones policiales “ineficientes ante el poder corruptor de la criminalidad y por la violencia”.

El embajador mexicano fue enfático en rechazar cualquier pretensión de que haya un arreglo con los narcotraficantes y, en ese sentido, nuevamente arremetió contra los medios de comunicación.

“No hay compromiso ni arreglo posible con la criminalidad no sólo obviamente por cuestiones éticas y razones morales y políticas, sino sobre todo por razones operacionales. La tentación que a veces encontramos expresada en los medios, como nostalgia de un estado de cosas que nunca existió, de encontrar un cierto equilibrio y arreglo con la criminalidad organizada, es absurdo”, señaló.

“No hay un criminal que pueda sostener una promesa para garantizar la paz y la seguridad pública de México. No hay manera de acotar la actividad del narcotráfico o de cualquiera otra actividad de estos grupos, como la criminalidad, los secuestros, el robo de vehículos o el tráfico de armas, sin que se afecte a la ciudadanía, en el ejercicio de sus libertades y de sus espacios geográficos fundamentales”, dijo.

Insistió que esa es “una expresión ilusa” y que “carece de todo sentido depositar y ponerse de acuerdo con los criminales, porque su código es no obedecer la ley. No se le puede encargar a los autores de nuestra desgracia que nos protejan de ella”.

Por su parte, Joaquín Villalobos, actual asesor del gobierno de Felipe Calderón en materia de seguridad, señaló que si bien México enfrenta un “grave problema de seguridad pública está preparado para afrontarlo”.

Señaló que cada vez crece más en México la idea de la reprobación social de la criminalidad, por ser los responsables del creciente índice de violencia que afecta a la sociedad, y no de verlos como héroes.

Reconoció que los niveles de actuación de las organizaciones del crimen organizado, han llevado a “la pérdida de la soberanía del Estado mexicano” en zonas específicas del territorio nacional, que calificó como “zonas olvidadas”, que son llenados por “estos poderes fácticos”.

“Es como una especie de sida social que ha dejado a la sociedad sin defensas”, acotó.  

“Todo esto impide cualquier desarrollo de un país que sufre además del progresivo incremento en el número de pandillas que se mueven en poblaciones como Ciudad Juárez”, añadió.

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