Disentimiento

viernes, 29 de octubre de 2010

MEXICO, D.F., 27 de octubre (apro).- Respetable Juan Godivo (es un alias, ¿verdad?): siento disentir por completo de su entusiasmo expresado en su carta a este buzón.

No comparto para nada su devoción por Lady Godiva, su inclinación a promocionarla como patrona, como abogada de todos los jodidos en el mundo por el pago de tantos impuestos, ni tampoco me emociona en absoluto su ánimo por fundar el Partido Internacional de las Godivas y los Godivos, que tendría como único objetivo pagar impuestos y ventilar los trámites necesarios con el fisco tal y como sus madres los trajeron al mundo: en cueros.

No dudo que tendrá múltiples seguidores, ya que en esta globalidad en la que nos movemos, de muchedumbres solitarias, ya estudiadas por D. Riesman, abrumadas por la anomia; es decir, por la desintegración de la personalidad a nivel del individuo y de la vida social a nivel colectivo; globalidad donde los sacristanes y monaguillos de los poderes en candelero, sean estos políticos, financieros, de la industria, del mercado, de los medios o de la religión, convocan constantemente a reuniones espirituales, donde se llama fervorosamente a la unidad y la reconciliación y se llenan la boca hablando de la importancia  del capital humano, y nos marcan diciéndonos una vez y otra que no somos iguales, sino más bien únicos e irrepetibles y por lo tanto inapreciables.

 ¿Y cual e la realidad?, pues que esa globalidad en la que respiramos, a la cual los sacristanes y los monaguillos, “líderes de la opinión” de los grupos de poder le voltean la cara para no verla, muestra y demuestra en los hechos que, fundamentalmente, es una noria que gira y gira alrededor de relaciones individuales y colectivas con poco o carentes de significado y de poder de unificación y de cooperación espontánea, sino más bien forzadas por estar basadas en la competencia, misma que va desde patadas en las espinillas bajo la mesa entre los integrantes de un mismo grupo de poder, pasa por la absorción o eliminación del competidor y termina en las brutales  guerras preventivas, hipócritamente encubiertas tantas veces y otras tan desvergonzadamente descubiertas, llevadas a cabo en nombre de la libertad y la democracia, para imponerlas en bien mismo de los agredidos, de los mutilados e incluso de los muertos en las mismas. ¡Hágame el favor! ¿No pensaban así los inquisidores? ¿No torturaban, mutilaban y hasta aniquilaban cuerpos para salvar almas? ¡Qué benefactores tan espirituales! En esa globalidad en que nos movemos, repito, seguro que encontrará partidarios y seguidores.

Estoy seguro de ello porque en la misma, mayormente conformada y regida por la visión empresarial de la historia, que subsidia a la riqueza y olvida cuando no margina a los pobres, ya en diversas partes e incluso en el país tenido como crisol, escudo y camión de la democracia y la libertad, los USA, miles de pertenecientes al teóricamente ponderado capital humano y en práctica tan poco tenido en cuenta, ya van entendiendo, si no quiénes son, cómo los tratan; si no que es lo que quieren, sí a donde los están llevando los grupos de poder. ¿Resultado? Que miles de ellos han salido a las calle reclamando empleos estable con salarios dignos, acceso a una educación de alto nivel y equidad para todos.

Estos hechos, al parecer, señalan que cada vez son más los que están espantados y angustiados por ser tan diferentes, tan únicos y tan excepcionales e irrepetibles, que se sienten solos e imposibles para lo colectivo y, por lo tanto, inadaptados como ceros a la izquierda. Ojalá que así sea; lo deseo de todo corazón. Sé por experiencia propia muy bien lo terriblemente angustioso que es el sentirse desarraigado, en una situación de excentricidad y extrañamiento, así en lo personal como en lo colectivo, y la insoportable sensación de angustia, temor e inseguridad que las mismas generan.

Todo lo anterior, insisto, seguramente que va proporcionarle entusiastas seguidores en esa su idea de fundar el Partido de las Godivas y Los Godivos, de los exhibicionistas en pelota… pero mi pesimismo me obliga a decirle que las protestas y reclamos como nuestras madres nos parieron, en cueros, poco y ningún resultado práctico han obtenido. La globalidad, bien aceitada, los ha absorbido convirtiéndolos en espectáculos, bien sean de pornografía, materia de salud y recreo o dizque en arte, o sea, en una mercancía más.

De todos modos, a pesar de mi pesimismo, de todo corazón le deseo lo mejor en ese su proyecto de un nuevo partido, pues el mismo quizá sea un buen camino para que tantos y tantos no sientan ni les pase lo que a un servidor.

Con sincero afecto para usted. Y todos sus seguidores.

Gregorio Samsa.

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