Carta de apoyo

viernes, 8 de octubre de 2010

MÉXICO, D.F., 8 de octubre (apro).- Lady Godiva, señora de todo mi respeto: de entrada, tres entusiastas ¡vivas! Por su modesta sugerencia, pues la misma pienso que es más que interesante.
¡Que idea! Paréeseme de perlas, muy señora mía, que usted sea intercesora, abogada, patrona de todos los que en el mundo estamos jodidos y padecemos de exasperación por los impuestos que tenemos que pagar a nuestros respectivos gobiernos y que, como usted señala atinadamente, somos los más sobre este planeta Tierra, lo que demuestra que nada vale el número cuando no tiene la fuerza de la organización.
Por principio, estoy de acuerdo con usted en eso de que no hay razón suficiente para motejar de disparatada y menos de vergonzosa a su modesta sugerencia. Pienso que los que intenten combatir y rechazar a la misma en nombre de la religión y la moralidad, calificando de pecaminosa su desnuda protesta contra el pago de impuestos excesivos, están en error. Y lo están porque han olvidado o ignoran el ambiguo significado que puede tener el desnudo humano. Verdad es que, según las enseñanzas y la tradición judeocristiana, a la que pertenecemos usted, su servidor y tantos y tantos más, la desnudez, el desnudo, bien puede ser signo de vergüenza, de conciencia culpable por haber cometido alguna falta contra lo que se nos ha dicho o sentimos debíamos hacer, ¿pero esos mismos sentimientos igualmente no significan y son símbolos del saber? Bueno será al respecto recordar lo que les pasó a Adán y a Eva en el Edén. Aquí, lectores de la presente, invito a que cavilemos sobre tan problemático y ambivalente hecho. Creo que lo exige, ¿o no es así?
Por otro lado, pienso, proclamo y sostengo que su modesta sugerencia es más digna, por generosa, y por lo mismo, de tomarse más en serio que la de ese fotógrafo, ¿estadunidense?, que de cuando en cuando convoca al mayor número posible de empelotados en determinados lugares, dizque para hacer arte… bien, puede que lo haga… de lo que no hay duda es que con ello ha conseguido montar un modus operandi que le ha rendido óptimos frutos, pues le ha llevado a la fama y asegurado un modus vivendi, cosas ambas no tan fácil de lograr.
Mas centrándonos en el tema de la presente, señora de mi respeto, debo informarle que su modesta sugerencia tuvo la virtud de encender mi imaginación; la puso a trabajar a todo vapor y así fue como di con la siguiente idea: la de reunir en un propósito común a esa fuerza dispersa, inmensa, de los afligidos y exasperados por los pagos fiscales, fuerza del número que, como ya señaló, nada vale y nada puede si no cuenta con la fuerza de la organización, así que, piensa que te piensa, fue como llegué a la conclusión de que lo que hay que hacer es crear el Partido Internacional de las Godivas y los Godivos, en el que sus integrantes, siguiendo su luminoso ejemplo, tendrán como única y firme obligación la de pagar sus impuestos y cumplir con todos los otros trámites fiscales que tengan que hacer, hacerlos, digo, en pelotas, tal como sus madres respectivas los trajeron al mundo.
Con ello demostremos que no somos ningunos desestabilizadores sociales; ningunos rebeldes contra las leyes hacendarias en uso, pues cumpliremos con las establecidas, únicamente que pondremos en evidencia que lo hacemos bajo protesta, en cueros, pues así, a no pocos de nosotros, los denominados contribuyentes cautivos, es como nos dejan el pago de los impuestos directos e indirectos.
Puede que no falten los que me vean como un iluso por mi entusiasmo y fe en el futuro del Partido Internacional de las Godivas y los Godivos; pienso que no es así, pues teniendo en cuenta que a la mayoría de los humanos ya poco o nada nos mueven las cuestiones de creencias, sean éstas políticas, sociales, religiosas, filosóficas, científicas, pero, ¡ah!, que no nos hablen de que tanto está de cara o barata la vida, porque ahí todos echamos nuestro cuarto a espadas. ¿Por qué es así? Creo que se debe a que en esta globalidad en que vivimos, como nunca antes, hay tan mala repartición de la riqueza, concentrada cada vez más en menos manos, por eso estoy seguro del exitoso futuro del Partido Internacional de las Godivas y los Godivos. ¡Qué espectáculo!, señora de todo mi respeto, lectores de la presente, ¿se lo imaginan? Pues Dios mediante, como no recuerdo quién decía, tal vez más pronto de lo que se pueda pensar, en el mundo entero, estoy seguro que miles, ¿qué digo?, millones de empelotados estarán acudiendo a sus respectivas oficinas de Hacienda, haciendo cola para pagar impuestos y ventilar trámites fiscales.
Porque así sea.
JUAN GODIVO  

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