Joaquín García-Bárcena en los restos paleontológicos

viernes, 8 de octubre de 2010

MÉXICO, D.F., 8 de octubre (apro).- Al ingeniero y arqueólogo Joaquín García-Bárcena, fallecido el pasado 25 de septiembre, se deben algunos de los avances en la investigación, difusión y protección del patrimonio prehistórico y de los restos paleontológicos en el país, que --solía decir-- abundan tanto como los arqueológicos, pero han sido menos estudiados.

De hecho, confesó en una entrevista con esta reportera hace más de diez años, en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) había menos de una decena de paleontólogos. Y mencionó que para entonces se contaba con unos 230 proyectos de investigación permanente en el área de arqueología, más los trabajos de salvamento y rescate que eran entre 400 y 500 al año, cuando en paleontología había sólo de ocho o 10 trabajos de salvamento, y de rescate uno o dos al mes.

Sin embargo, el investigador que presidió el Consejo de Arqueología de 1981 a 1988 y el de Paleontología desde 1994, y ocupó al término de su vida  el cargo de subdirector de Paleontología, le dedicó varios proyectos de investigación tanto a la paleontología como a la prehistoria misma con resultados publicados, entre los que se pueden mencionar La etapa lítica en el sureste mexicano, El panorama de la prehistoria en Chiapas y Los primeros pobladores.

          Le interesaron también los aspectos jurídicos de la protección del patrimonio e impulsó, junto con otros investigadores, un proyecto de ley para el patrimonio paleontológico que no tuvo eco en las instituciones y se quedó en una reforma a la actual Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, promulgada en 1972.

          Dicha ley define en su artículo 28 como monumentos arqueológicos aquellos bienes “muebles e inmuebles, producto de culturas anteriores al establecimiento de la hispánica en el territorio nacional, así como los restos humanos, de la flora y de la fauna, relacionados con esas culturas”.

Y se añadió un bis que establece:

“Para los efectos de esta ley y de su reglamento, las disposiciones sobre monumentos y zonas arqueológicos serán aplicables a los vestigios o restos fósiles de seres orgánicos que habitaron el territorio nacional en épocas pretéritas y cuya investigación, conservación, restauración, recuperación o utilización revistan interés paleontológico, circunstancia que deberá consignarse en la respectiva declaratoria que expedirá el Presidente de la República.”

¿Por qué este patrimonio que también es rico en México, con grandes yacimientos fósiles, no generaba el mismo interés que el resto del patrimonio cultural? Para García-Bárcena las razones eran ideológicas: La arqueología  siempre se consideró de interés nacional, “desde los ideólogos que empezaron a hablar de la Independencia a finales del siglo XVIII”, quienes “tomaron la postura de que la historia de México no comenzaba con la Conquista sino en la época prehispánica”.

Incluso, comentó entonces, la nacionalidad mexicana se construyó alrededor de esa “línea ideológica”, no a partir de todas las culturas mesoamericanas, sino destacando las culturas del preclásico: Teotihuacana, tolteca y mexica, por encima de las del norte y otras regiones alejadas de lo que fue el centro de Mesoamérica.

“En términos científicos, la paleontología está mucho más relacionada con la explotación de los recursos, y en su investigación nunca se ha desarrollado la idea de que hay una línea que es la buena. Ahí no se da más importancia al fósil de un amonite (molusco), que al de un dinosaurio o viceversa y no tiene que ver con todo ese sistema ideológico que constituye la nacionalidad ni nada de eso.”

Otro de los aspectos que contribuyeron el frustrado intento de García-Bárcena de reglamentar la conservación de los restos paleontológicos, fue que se considerara restos fósiles a recursos naturales como el petróleo, el carbón y calizas, el caso --puso como ejemplo del investigador-- de la península de Yucatán “que está conformada por arrecifes de coral fósiles”.

García-Bárcena realizó estudios de ingeniería química en el Instituto Tecnológico de Massachussets, y años más tarde cursó la licenciatura en Arqueología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Inició sus estudios sobre la prehistoria en 1969 como asistente en el proyecto de Tlapacoya, Estado de México, y desde entonces fue una de sus pasiones.