Los artistas en su propia tinta

viernes, 12 de noviembre de 2010

MÉXICO, D.F., 10 de noviembre (apro).- Impulsos no siempre egocéntricos, mercantilistas o publicitarios mueven la pluma de artistas y músicos para plasmar en un libro autobiográfico aquellos sucesos que consideran han sido los más destacados a lo largo de su existencia.

Por ejemplo, fue un afán de venganza contra cierto periodista el motivo principal que guió al actor Marlon Brando (1924-2004) a dictarle sus memorias a Robert Lindsey, Brando sobre Brando: las canciones que mi madre me enseñó (Grijalbo, 1994), como se afirma en la introducción de las mismas:

“Deseaba permitir que sus hijos supieran la verdad ante tantos mitos que se han escrito acerca de él... Brando quería que escribiera un libro acerca de una etapa de su vida durante la cual alguien había perjudicado gravemente a una persona muy amada por él, me di cuenta que Brando era un tipo duro, lleno de ira, veneno y rencor.”

George Harrison (1943-2001) decidió hacer lo propio en la lujosa edición de su biografía I Me Mine, (Genesis Publications, 1980; reeditada por su esposa Olivia Arias en 2002), tomando como punto de partida los atesorados papeles originales donde había garabateado y escrito la letra de sus canciones, desde Cobrador de impuestos con los Beatles hasta las de su álbum epónimo de 1979 para Dark Horse Records (Aquí viene la Luna y El más veloz).    

En la sección dedicada al recuento de su vida, Harrison minimizó sus años de gran fama en medio del furor de la Beatlemanía, para destacar los viajes a la India y su búsqueda espiritual; sin embargo, John Lennon se sintió  defraudado porque apenas lo mencionaba, cuando, según él, “yo fui como un padre suyo, pues lo ayudé a escribir sus primeras canciones y no aparezco en su biografía, pero en cambio George recuerda cada detalle de muchos músicos mediocres”.

Lennon sería asesinado pocos meses después de la salida al mercado de I Me Mine en Nueva York, el 8 de diciembre de 1980, por lo que George y él jamás se reconciliaron.

En 1996, Claudia de Icaza publicó la biografía “no autorizada” de Luis Miguel. El gran solitario (Edamex), siendo demandada por abogados del famoso cantante por daño moral y psicológico; sin embargo, en agosto de 1998 la Suprema Corte de Justicia dictaminó que dicho libro “no atenta contra su vida privada ni ataca la moral, los derechos de tercero, ni provoca algún delito o perturba el orden público”.

Desde que aquella demanda fue desechada legalmente, varios medios “allegados a Luis Miguel” han informado en repetidas ocasiones que el artista “prepara su autobiografía” para desmentir “rumores y difamaciones con su puño y letra”, sin que hasta el momento Luis Miguel haya escrito nada.  

Hacia 1960 y gracias a trabajos como el de James Olney, la autobiografía está considerada como un género con igual valía a otros en la literatura, si bien ha sido una forma de expresión favorecida a lo largo de la historia (“desde San Agustín, pasando por Montaigne, Rousseau y Nietzsche”, afirma Elsie McFail Fanger en Argumentos, de 2006, ver sitio: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0187-57952006000200004&lng=es&nrm=iso).

No sorprende, pues, que la autobiografía más sonada del mes corresponda a Yo, de Ricky Martin, volumen de 290 páginas dado a conocer esta semana por Plaza Janés de la editorial Random House Mondadori México. 

Sin duda, el objetivo del exMenudo para redactar estas memorias es justificar las diversas razones que motivaron su homosexualidad. En la página 80, Ricky hace la primera referencia directa del asunto (capítulo dos, Al encuentro con el destino, apartado Los Ángeles), así:

  “Ya llevaba yo cinco años viviendo en México… Fue por esa época que la vida, siempre muy sabia, me puso delante de otro amor… esta vez se trataba de un hombre, por quien casi lo dejo todo… Incluso fue por ese amor que le dije a mi madre lo que me pasaba…”

Finalmente, en Crisis de identidad, el cantante comienza a desnudarse (y no parará de hacerlo hasta el final del libro):

“La experiencia con aquel hombre me enseñó mucho, pero en los años que siguieron aprendí mucho más. Aprendí que es muy fácil perderse en el dolor…”

La autobiografía de Ricky Martin se lee con interés, casi con simpatía. Poco importa que él nos abrume con sus consejas morales del tipo superación personal light tan frecuentes en best-sellers como Paulo Coelho. En realidad, se trata de unas memorias si no demasiado edificantes, al menos bastante divertidas.

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