Ricardo Pérez Escamilla

viernes, 19 de noviembre de 2010

MÉXICO, D.F., 19 de noviembre (Proceso).- Cariñoso, alegre y también voluntarioso, Ricardo Pérez Escamilla, quien partió de esta vida el lunes 8, deja un enorme hueco en el escenario nacional de las artes visuales. Investigador, bibliófilo, coleccionista y emprendedor cultural. Además de haber sido un apasionado profesional del arte moderno mexicano, Peréz Escamilla fue un ser humano libre y generoso. 

Nacido en el Distrito Federal en 1931, en su formación fueron determinantes las estéticas nacionalistas que caracterizaron la educación posrevolucionaria. Admirador de Diego Rivera desde que aprendió a leer en un libro ilustrado por el famoso pintor –Fermín lee, ejemplar que siempre consideró el inicio de su colección bibliográfica–, Peréz Escamilla se convirtió en un voraz lector de imágenes, quien desde muy joven se dio a la tarea de conocer a profundidad al arte y a los artistas de nuestro país. En los años cuarenta, consciente de que la mejor información sobre la creación mexicana se encontraba en las revistas, inició su extraordinario acervo hemerográfico con un ejemplar de México en el Arte, publicación del recientemente creado Instituto Nacional de Bellas Artes. Interesado tanto en las revistas publicadas en el siglo XIX como en la caricatura política, Pérez Escamilla se convirtió en un importante coleccionista de obras litográficas con autores como Jesús Martínez Carrión. 

Anticuario durante varios años y también especialista en arte popular, a partir de los años noventa se concentró en la investigación, interpretación curatorial y organización de exposiciones relacionadas con el arte moderno de México. Independiente de las convenciones de la historiografía institucional, en 1999 descubrió y sustentó la potencia artística del pintor Manuel González Serrano en el Museo del Palacio de Bellas Artes; en 2003 defendió la estética socialista como sustento de la identidad nacional en el museo Carrillo Gil, y en 2007 demostró su prodigiosa memoria iconográfica con la comparación entre la caricatura política y los personajes del mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central en el Museo Mural Diego Rivera (Proceso 1572). Obsesivo por generar proyectos que incidieran en la difusión masiva de la creación artística, en 1994 cedió en comodato mil 500 litografías al Museo Nacional de Arte, y en 2002 dejó en custodia de la misma institución aproximadamente 10 mil revistas, entre las que se cuentan El Hijo del Ahuizote, El Hijo Pródigo, Los Contemporáneos, Mexican Life, Tiempo Ilustrado y la rareza revolucionaria de La Cucaracha. 

Con un acervo aproximado de 10 mil ejemplares, la Biblioteca de Arte Mexicano Ricardo Pérez Escamilla (Barpe) es una de las principales de todo el país. Anfitrión tan generoso como gozoso, gustaba de compartirla alrededor de una larga mesa que fue testigo de amigables tertulias, sabrosas comidas y acaloradas discusiones. Abierto a todo tipo de clanes sociales, en su mesa se sentaron intelectuales, diputados, coleccionistas, funcionarios, sacerdotes, artistas, periodistas y banqueros, sin importar que fueran de izquierda, derecha, obedientes, institucionales, críticos, perredistas, panistas o priistas. 

Decididos en perpetuar la misión del coleccionista, sus hijos Rafael y Juan Ricardo se han propuesto mantener el acervo unido y al servicio de la sociedad. Conocedor tanto de estas intenciones, como de la próxima publicación de una investigación sobre el turismo en México que realizó con su colaborador Víctor García Mirón, Pérez Escamilla podrá seguir contestando como siempre lo hacía cuando se le preguntaba: –Ricardo, ¿cómo estás? 

–Contento.

 

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