Cambio climático impacta entre 5 y 20% del PIB mundial, alertan especialistas

martes, 9 de noviembre de 2010

MÉXICO, DF, 9 de noviembre (apro).- A tres semanas de celebrarse en Cancún, Quintana Roo, la cumbre mundial sobre cambio climático, especialistas advirtieron que las emisiones de gases de efecto invernadero han aumentado más de 70% en los últimos 40 años.
El impacto de ese fenómeno, destacaron en el Primer Coloquio Internacional sobre Cambio Climático celebrado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), equivale a perder entre 5 y 20% del producto interno bruto (PIB) anual mundial.
Las conclusiones del encuentro, que se realiza en las facultades de Ciencias (FC) y de Ciencias Políticas y Sociales (FCPS) se harán llegar a las autoridades en un intento por hacer propuestas para mitigar las consecuencias de este fenómeno.
El coordinador de la Investigación Científica de la UNAM, Carlos Arámburo de la Hoz, destacó que un objetivo central es debatir una serie de propuestas para enriquecer la visión que México deberá aportar en la Conferencia de las Partes (COP16) de la Organización de las Nacionales Unidas, a celebrarse a partir del próximo 29 de noviembre en Cancún.
    “También se analizarán el marco normativo y el diseño de estrategias gubernamentales para hacer frente a este problema, así como la participación responsable de diversos sectores sociales y del sector productivo para combatir al cambio climático”, acotó.
    El director del coloquio, Carlos Gay García, resaltó que una preocupación de ese nuevo programa universitario es formar a nuevas generaciones de especialistas en el tema.
    Por su parte, Fernando Castañeda Sabido, director de la FCPS, dijo que con el cambio climático “lo que está en juego es un proyecto de humanidad”.
    En los hechos, sostuvo, el calentamiento del pasado medio siglo ha sido el mayor en mil 300 años.
Agregó que la evidencia acumulada a partir de 1970 muestra que han sido influenciados múltiples sistemas físicos y biológicos en el planeta, lo que ha generado impactos y costos que ya son percibidos por las sociedades, como el aumento en la intensidad de los ciclones tropicales, en las ondas de calor y en la frecuencia de sequías y lluvias torrenciales.
    Otros graves daños, abundó, son el derretimiento de glaciares y de masas de hielo polar, la afectación de sistemas hidrológicos, la pérdida de humedales y manglares, que incrementan las inundaciones en zonas costeras, la reducción en la disponibilidad de agua en las regiones montañosas, el aumento en la salinización y desertificación de la tierra agrícola y, con ello, cambios importantes en el potencial para la producción de alimentos y el rendimiento de los cultivos.
    El calentamiento global también produce efectos adversos en los arrecifes coralinos, así como un incremento en el riesgo de extinción para una proporción importante de plantas y animales, lo que genera una pérdida significativa de la biodiversidad y una alteración importante en los principales ecosistemas.
    Además, deriva en una afectación severa a la salud de millones de personas a raíz del incremento de enfermedades infecciosas por la modificación de la distribución espacial de algunos vectores patógenos, así como por las lesiones y muertes provocadas por los desastres naturales, consecuencia de ondas de calor, inundaciones, tormentas, sequías e incendios, entre otros fenómenos.
    En lo económico, el cambio climático tiene gran impacto en el desarrollo regional y global, que podría ser equivalente a perder entre 5 y 20% del PIB global anual, tanto por sus efectos directos como por los esfuerzos requeridos para estabilizar y mitigar las concentraciones atmosféricas para evitar consecuencias más severas, dijo Arámburo.
    Añadió que las emisiones de gases de efecto invernadero se producen fundamentalmente en los sectores industrial, energético y de transporte, y se incrementan por el cambio de uso de suelo y el desarrollo de los asentamientos humanos.
    Los costos, subrayó Arámburo de la Hoz, se dan de forma desigual entre países e impactan, en particular, a naciones más vulnerables, cuyas economías se relacionan con recursos sensibles al clima y están geográficamente ubicadas en zonas de alto riesgo, proclives a la ocurrencia de fenómenos meteorológicos.

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