¿Dónde quedó la Bienal de Pintura Rufino Tamayo?

lunes, 13 de diciembre de 2010

MÉXICO, D.F., 13 de diciembre (Proceso).- Las circunstancias artísticas y burocráticas que se han desarrollado en torno a la cancelación de la edición 2010 de la Bienal de Pintura Rufino Tamayo, demuestran no sólo la irresponsabilidad social y la incapacidad profesional de la administración de Teresa Vicencio al frente del Instituto Nacional de Bellas Artes, sino también la necesidad de exigir a la funcionaria y a su equipo involucrado una rendición de cuentas que repercuta en severas sanciones.

Sobreviviente del mecenazgo público que se desarrolló tan exitosamente en la pasada década de los ochenta –y que fue sustituido por las becas que otorga el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes–, la bienal era, hasta su última edición en 2008, el único evento relevante para dar seguimiento y mantener la legitimación de los pintores mayores de 35 años. Debilitada notoriamente en las últimas ediciones, tanto por la obra que participaba como por la identidad y función social del certamen, la bienal no requería ser suspendida o pospuesta, sino inteligentemente reestructurada. 

A 10 meses de haber ocupado Sofía Hernández la dirección del Museo Tamayo, en abril del presente año, la funcionaria anunció la suspensión de la edición 2010 debido a que el museo estaría ocupado en la ampliación de sus espacios. Conocedores del peligro que corría la permanencia del evento, los pintores Teresa Velásquez, Ulises García Ponce de León, Inda Sáenz y Pablo Rulfo se dedicaron a la tarea de establecer canales de diálogo entre los funcionarios del INBA involucrados –Vicencio, Hernández y Magdalena Zavala como coordinadora nacional de Artes Plásticas– y la comunidad mexicana de pintores. Estos últimos, aun cuando al principio se integraron con casi 300 firmas, debilitaron su interés a lo largo del año debido, entre otros aspectos, al temor de ser excluidos del sistema de becas. Los funcionarios, por su parte, asumieron una actitud irresponsable y hasta irrespetuosa ya que, después de recibir la primera carta el pasado 26 de abril, fue hasta el 4 de diciembre que enviaron una respuesta a los creadores: el evento se revisará, se transformará y se reiniciará en 2012. 

Potente y prestigiada desde las últimas décadas del siglo XIX hasta los años ochenta del XX, la pintura mexicana contemporánea se ha debilitado notoriamente. Carente de espacios de confrontación y excluida en su mayoría de las plataformas institucionales, comerciales de legitimación y posicionamiento nacional e internacional, las prácticas pictóricas requieren de políticas gubernamentales que atiendan su competitividad, puesta en valor y difusión. Sin embargo, mientras los funcionarios del INBA continúen optando por las preferencias de los clanes artísticos y comerciales hegemónicos, sin asumir su mandato de servir a toda la sociedad –artistas, público y mercado– en su diversidad, la pintura mexicana no podrá resurgir.

Convencidos de la importancia que tiene la participación ciudadana en la exigencia de servicios públicos de calidad, los pintores mencionados han decidido rebasar la tolerancia, complacencia, temor y dependencia que caracteriza actualmente a la mayoría de sus colegas y, con la pregunta de ¿dónde quedó la Bienal de Pintura Rufino Tamayo?, solicitarle a Vicencio y a la comunidad artística una defensa efectiva para la creación pictórica nacional. 

 

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